NARRADOR
—¿Qué te parece esta? —Preguntó Cornelia presentando a la esclava delante de su esposo. Marius sonrió, Cornelia coloco las manos en las torneadas cinturas de la mujer haciendo que su esposo le mirara de manera lasciva.
La esclava miro un tanto asustada la mirada salvaje de Marius sobre ella, sin embargo, no pudo evitar bajar la mirada mientras se mordía el labio esperando lo que posiblemente se dejaría venir pronto.
—Es bonita—Dijo a su esposa quien le miro con los ojos entrecerrados, la esclava era linda, pero tenía un rostro inocente que no le gustaba, no iba al gusto de Marius sin duda así que con ojos de negativa le indico que saliera e hiciera pasar a la siguiente. Cornelia subió al regazo de su marido para después tomarle del rostro y estampar sus labios contra los suyos, su ávida lengua no dudo en hacer el beso profundo mientras se restregaba en contra de la erección que comenzaba a nacer en la entrepierna del militar romano.
—No tienes que hacer esto Cornelia—Murmuró entre el besó mientras acercaba sus manos al escote de su vestido, sin contenerse cuando abandono los labios de su esposa besó sus pechos dejando besos húmedos en la abertura entre ambos—No necesito esclavas.
Cornelia sonrió.
—No quiero parecer egoísta. Así que acepta mi regalo—Marius sonrió no logrando entender si el regalo era suyo o de ambos, besó su cuello siendo rudo y dejando una leve mordida allí. Cuando su esposa lo sintió ahogó un jadeo.
—Que tal si jugamos con el ambos—Le ofreció el romano intentando bajarle las mangas para poder tener acceso a los erectos pezones de su excitada esposa—Disfrutemos ambos Cornelia.
Su oferta activo los pensamientos lujuriosos de la mujer quien no dudaba en frotar su ya húmeda entrepierna contra de la de Marius, Cornelia siempre había sido inquieta así que deseosa se levanto levemente buscando el m*****o de su marido entre las prendas, lo necesitaba…Justo cuando estaba por tomarlo entre sus manos un carraspeo les hizo detenerse, Marius la sujeto por la espalda apegándola a su cuerpo debido a que su escote estaba desubicado, los ojos enfadados del hombre aniquilaron al esclavo que le devolvía la mirada.
—Espero que se importante—Masculló.
—Ha llegado una orden imperial desde Roma—Rápidamente el hombre asintió con la cabeza al escucharlo, se puso de pie sujetando a su esposa contra su cuerpo mientras ella sonreía, cuando el esclavo se marcho la dejo en el suelo y le besó de nuevo.
—Me voy—Comunicó—Seguiremos mas tarde, con o sin compañía.
Ella le ayudo a recomponer sus prendas que se habían desaliñado, antes de salir Marius la tomo por la cintura y le deposito un casto beso en su cuello para después guillarle un ojo. Marius tenia un profundo cariño hacia Cornelia, esa mujer le sacaba de sus cabales, si le pedía la luna solo tenía un problema ¿Cómo demonios iban a subir hasta allá arriba para bajarla?
—Fabius Marius—Lo llamó el hombre que había irrumpido en su casa, iba custodiado por cuatro soldados que le protegían, por como venia supo que era uno de los mensajeros de elite del César y que había viajado desde Roma pues Pompeya a pesar de ser una ciudad pequeña no podía ocultar a gente desconocida por mucho tiempo, no había ningún oficial o político al que él no conociera—He sido enviado desde Roma directamente por parte de César.
Maldijo entre diente al recordar que no le había ido a visitar ni una sola vez, tal vez debió dejar de asistir a cada lugar al que su esposa deseaba y atender los asuntos políticos que le convenian, después de saludar y de decir que esperaba que Augusto estuviera mejor y que los dioses siempre le acompañaran el hombre prosiguió.
—César desea que tome un lugar importante dentro del imperio—Comunicó el hombre tendiéndole el pergamino que Marius no dudo en abrir cuando observo el sello imperial que lo adornaba y que además le otorgaba veracidad, quitó el pequeño hilo rojo que lo mantenía cerrado y al abrirlo sus ojos recorrieron aquella línea hasta llegar la parte que le interesaba:
Fabius Marius Druso
Rector Provinciae ex Britannia
¡Rector!
¡Provinciae!
—Debe estar bromeando—Soltó Marius sin poder creerlo—Debe haberse equivocado.
—¿Ese es su nombre?
—Lo es.
—¿Estuvo bajo el mando de Julius Septimus Magnus en Germania, durante el tiempo de la reconquista? —Inmediatamente el general romano asintió.
—No hay ninguna equivocación entonces—Ratificó el mensajero—César espera que pueda tomar el lugar que le ha otorgado lo mas pronto posible y espera que pueda acoplarse, se espera la reconstrucción de Londinium en cuento la situación política de la ciudad se restablezca.
Releyó el papel una y otra vez, pero siempre entendía lo mismo y las palabras del hombre se lo aseguraron, el hombre se marchó dejándole la fecha en la que regresaría esperando que estuviera listo pues del otro lado del golfo le esperarían para escoltarle rumbo a su nuevo hogar. La noticia le emociono, esto le colocaba en un escalón más alto que nunca creyó escalar, aun no terminaba de recuperarse cuando entro su suegro como un torbellino.
—¡Lo sabes! —Exclamo de inmediato al mirarle un poco sorprendido.
—¿Qué pasa?
El anciano camino en su dirección mostrándole una carta enviada desde Roma, al leerla sus ojos se abrieron y al igual que había hecho con su nombramiento lo releyó, era de un m*****o de la gens de su esposa que le comunicaba los acontecimientos que estaban ocurriendo bajo del agua de la política romana.
La gens Julia esta unida con la Claudia por el matrimonio del hijo de César, la gens Licinia se unirá con la Claudia por le matrimonio de la hija menor del cónsul con uno de sus más renombrados senadores y la gens Fabia se unió a la Julia a través del nombramiento de uno de sus miembros como gobernador de Britania.
—¿Quién será el afortunado Marius? —Cuestionó su suegro—Gobernador, parece que César esta cansado del dominio de los Flavius. Siempre han sido una piedra en sus zapatos, después de esto su voz y voto en el senado bajara de la manera que nadie imagina.