CAPITULO 1 (PARTE 3)

1194 Words
—¡Una boda! —Increpé mirando a Galia quien apresuradamente había llegado a casa aquella tarde, ella caminaba de un lado a otro pasando las manos por su cabello—No puede ser. Mi padre no podía casarla. Aun. —¡SI! Si puede ser, yo lo he escuchado, pero te sorprenderá mucho más saber con quién. —¿Quién? —¡Licinius! —Exclamó haciendo que mis ojos se abrieran de sorpresa, era posiblemente unos veinte años mas grande que ella, no estaba mal si se miraba con atención pues estaba muy bien conservado, un hombre que llevaba su nivel de vida no podía envejecer tan fácil—Es un hombre mayor, nada mal, pero sigue teniendo casi la edad de papá. —¿Pensé que te gustaban los hombres mayores? —Pero no tan…Mayores, Maximilian te lleva a lo mínimo diez años—Posiblemente más, no me había tomado la libertad de sacar las cuentas ni mucho menos preguntarle su edad exacta pero posiblemente fueran mas de diez—Galia Licinia, si es un matrimonio c*m Manu, que posiblemente eso sea lo que quiera papá, unión, unión, solo piensa en eso. —Vele el lado bueno, tendrás mucho dinero y nadie podrá ser mas o igual a mamá, así se pondrá menos histérica—Bromee, nuestra relación había mejorado radicalmente, aunque en ocasiones solía ser la misma niña odiosa y superficial de siempre, cuando esto pasaba recordaba que era mi hermana. Se sentó en el diván justo a mi lado como si deseara acortar espacio, se inclinó cerca de mi oído. —No soy virgen, eso ya lo sabes. —¿Y que se supone que deba hacer yo con eso? —¡Me descubrirá! Y papá me asesinara si se arma un escandalo con eso, posiblemente el ande divulgando cosas como la vestal Galia por toda Roma cuando en realidad soy como Venus, saltando de cama en cama a veces con Marte a veces con Vulcano—Pasé las manos por mi rostro al notar como bromeaba respecto al tema, era mi hermana y tenia que buscar la manera de ayudarla, debía de aceptar que de no ser por su fogosidad sin duda estuviéramos muertas. Deseando un punto de vista más conocedor aparte del mío, Seia guardaría el secreto, aunque aun se mantuviera un poco displicente cuando se trataba de mi hermana, no la culpaba, había hecho muchas cosas mal durante la mayor parte de su vida, no podía pedirle que no le guardara rencor cuando se lo había ganado a pulso. —No debe tener miedo—Dijo al saber la situación—La sangre no ocurre siempre así que no lo sabrá, si finge dolor podrá engañarlo con facilidad. —¿Cómo sabes eso? —Las esclavas vírgenes son cosa común, aunque casi siempre cuando se entregan no lo son—Comentó—Les aseguro que de ser así hubieran deshonrado poniendo en duda la pureza de sus regalos. La mayoría aprende como hacerlo. —Ah, ese dolor infernal—Susurró para después soltar un suspiro. —¿Quién fue Galia? Ella sonrió. —Quién no fue seria la pregunta correcta—Confesó—Fueron como seis durante un bacanal en una casa que no puedo mencionar, fue una experiencia alucinante, hombres, hombres por todos lados, había un germano de cabello rubio sensual como Júpiter, un galo de cabello oscuro, pero ojos grises como la luna y que decir de un Britano con un enorme m*****o, fue el cielo… Ahora comprendía lo poco que conocía a mi libertina hermana. —Papá ya te ha confirmado ese matrimonio—Asegure, pero ella negó. —El hombre en cuestión visitara la casa—Informó—Te imaginas esto, Julia-Caudia, Licinia-Claudia, ¿Qué quiere papá? ¿Ser el hombre más poderoso de Roma? Cualquiera lo que lo mire pensaría que está preparándose para dar un golpe de estado. —Estas loca. Solo desea mantenerse con buenos aliados, posiblemente busca relegirse el próximo año para presidir al senado—Comenté poniéndome de pie—¿Lo aceptaras tan fácilmente? —Tu lo hiciste aun sin saberlo. —¿Pero no es lo mismo? Madre me presiono. —Ella no puede hacer nada ahora, la voluntad de papá no se puede contradecir además…Adrianus ya no es una opción, papá lo odia y sabes todo lo que se ha hablado de él, no podríamos compartir mesa como una familia unida nunca, tu esposo lo odia—En eso tenía razón—Además dicen que es malo en la cama. —¿Cómo demonios sabes eso? —En Roma se sabe todo, incluso se habla de tu marido—Murmuró—Antes de que se casara contigo fue muy activo ¿sabes?, las esclavas se peleaban por repetir noche, mi hermana es la envidia de Roma en fortuna, familia y también hombre, es seguro que las diosas tienen favoritas no tengo pruebas, pero tampoco dudas. —¡No sabes lo que dices! —Le reñí—Mama sabrá que estas aquí y posiblemente te cuestione sobre los motivos de nuestro acercamiento, no me hagas decirle lo que paso en la casa de Licinius aquel día. —No lo harías—Se puso de pie—Es un secreto, me voy, me voy—Sonreí mirándole acomodar su palla para dirigirse a la puerta principal. Cuando la mire alejarse pensé en mamá tal vez si ella no hubiera puesto esa barrera siempre entre Galia y yo pude haber encontrado en ella algo mas que una persona mas viviendo en casa, una hermana, ella con sus malos tratos y con esos comentarios sobre lo que le quite o lo que yo si tuve y ella no provocó que entre ambas naciera una brecha, una brecha que tenia pensado cerrar para siempre construyendo un puente. Cuando se fue pensé en Aelius al mirar a un pretoriano custodiando la puerta, se había recuperado muy bien de sus heridas, le había ido a visitar varias veces y gracias a su valentía y lealtad César le había colocado en un buen puesto para cuando regresara, solo había alguien sobre el en la Cohortes Pretorianae y ese era Aurelius, estaba feliz por el al igual que por cierta pareja que vivía en Pompeya, ahora Marius había escalado un peldaño mas en la gran pirámide de poder que era la política Romana. Cuando me dirigía a la habitación observe la puerta del estudio entre abierta, Maximilian leía una carta con mucha concentración. —¿Problemas? El negó al escuchar mi voz. —Una carta de Germania—Dijo con extrañeza—Una carta de Magnus, hacia muchos años que no tenía correspondencia suya. Es un hombre que tiene un gran valor para mí, es amigo y familiar de mi padre, un excelente gobernador. —Entiendo—Me acerque para mirarla con más soltura—¿Te ha dicho que quiere? —Me invita a Germania, nos invita a ambos. —¿Y eso es bueno o malo? —Conociendo que no es un hombre muy sociable, supongo que no debe ser para comunicar algo bueno y mucho menos en una tierra de barbaros.        
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