CAPITULO 1 (PARTE 2)

1234 Words
—¿Gia, te encuentras bien? —Preguntó Cesar cuando regresamos a hacerle compañía ya no a la mesa si no a la sala, asentí con la cabeza intentando parecer fresca, aunque acaba de tener un orgasmo y mis piernas aun parecían tener esa sensación poco descriptible—Maximilian ha dicho que esta mañana no te sentías bien, es un esposo preocupado. Muy preocupado—Quise decir al saber que le había dicho una mentira para seguirme. —Lo estoy César, agradezco mucho la preocupación. Antes de que lograra responderme un sirviente llegó a su lado. —César su esposa desea verle. —¿Esta sola? —No, su hijo le acompaña. El senador Adrianus. Maximilian bufó. —Ahora cualquier bastardo puede ser vestido con la toga senatorial y ser llamado senador—Espeto haciendo una mueca de desagrado, César no muy convencido acepto que ella entrara, Maximilian no logró hacer una mueca pacifica con su rostro, parecía en constante lucha con esa mujer y eso no había cambiado a pesar del pasar los meses. —Augusto, estoy agradecida de que hayas aceptado ver a Adrianus—Dijo ella casi de inmediato—El desea arreglar las… —Deja que sea el quien me lo diga—La cortó de inmediato César haciendo inevitable que lograra controlar la sonrisa burlona que apareció en mis labios, ella me aniquilo con la mirada, pero al igual que ella no presentó sus saludos yo tampoco pensaba hacerlo. —Parece que has olvidado tus modales Gia Julia. —Usted parece haberlos olvidado primero, si se me ignora no tengo ninguna consideración al tomar la decisión de hacer lo mismo, Flavia—Ella apretó la mandíbula, entonces fue Adrianus quien tomo la palabra por su madre. —Salve César—Inmediatamente después de dedicarle una reverencia al emperador giro en nuestra dirección e hizo lo mismo—Salve a la familia imperial. —Me encanta saber que ahora conoces tu lugar—Le dijo Maximilian. —Lamento lo que ha pasado, ahora se perfectamente cual es—Sus ojos se conectaron directamente con los de mi marido, no tenía ningún rastro de hablar en tono de broma o de tener algún sentimiento oculto, era una mirada fría pero centrada. —Tu hijo parece haber madura Flavia—Comentó Augusto—Pero eso no borra lo que ha hecho. —Lo sé—Centró su mirada nuevamente en César—Es por ello que ahora trabajo por y para Roma. —Sigo sin creer que tu gens te haya colocado en un lugar tan importante como el de tu abuelo siendo tan joven—Yo pensaba lo mismo, para mí había sido una sorpresa enterarme y para mi marido pareció haberse convertido en un cuenco de agua fría que le caía encima, sin embargo tenia dos meses que había ocupado ese puesto y todos parecían alabar su habilidad para persuadir y hablar delante de mucha gente, era un fantástico orador o de eso era lo que se hablaba. —Mi familia me tiene confianza, lo cual agradezco. —Haber cuánto dura— Golpee levemente a Maximilian con mi pie indicándole que no debía ser tan grosero si el no se estaba comportando de esa manera con él, sin embargo, Adrianus desecho el comentario. —¿Qué es lo que te trae aquí? —Quisiera conseguir el perdón de César y compensar mis fallos devolviendo a Roma la III Legión que se ha perdido por mi inmadurez y que Caius Maximilian ha recuperado demostrando que posee mayor destreza que yo en cuanto a cuestiones militares, he encontrando mi verdadero fuerte hablando delante del senado y atendiendo asuntos de estados en representación de mi familia—Sus intensiones no eran malas, pero César le miro con desconfianza. —Aceptó tu proposición porque no hay nadie mas culpable que tu en lo que ha pasado—Comenzó diciendo—Sin embargo, que sea el cónsul quien se encargue del reclutamiento, la fortaleza de mi imperio es el ejercito y no tolerare errores. —Padre, esto me lleva a comentar que deseaba financiar el reclutamiento de nuevas legiones, no tengo problemas en que la tutela le quede al imperio y no a mi persona, nadie sabe que nuevas conquistas nos esperen y será mejor estar preparados. —¿Qué opinas sobre eso? Adrianus se sorprendió un poco por la pregunta, Maximilian miro a su padre con enfado. —Sera una buena oportunidad para fortalecer el imperio—Justo cuando Caius estaba por comentar algo César le hizo otra pregunta que dejo claras sus intenciones. —¿Tu familia no tendrá problema en que queden bajo la custodia de su patrocinador? Maximilian espero pacientemente la respuesta. —No, mi familia no se opondrá, mi deber es establecer nuevos lazos con César. Sus palabras parecieron agradar a César pero puede identificar de inmediato que esos fueron sus objetivos desde un principio: Hacer mirar subordinación donde no existía nada de eso, mi padre había visitado las casas muchas veces, solía tardarse horas hablando con Maximilian haciéndole saber que no le agradaba en lo absoluto como estaban haciendo las cosas en la gens Flavia, a pesar de que se mantenían pasivos el pensaba que estaban esperando bajo el agua para dar el golpe fatal en el momento menos esperado. —Maldito bastardo. Piensa que me voy a creer eso sobre perdón y pagar por sus faltas—Espetó cuando regresamos a casa—Por mi que se joda, siempre será el mismo niño con aspiraciones cimentadas por su madre, parece que no puede vivir sin estar bajo sus faldas, es aborrecible ese comportamiento y más para un hombre. —Tranquilo, no parece ser un problema. —Justo eso es lo que me temo, que se convierta en un problema incontenible en el momento menos esperado, las dobles caras son siempre las más difíciles de enfrentar cuando muestran su verdadero ser. Me acerque para acariciar su espalda. —Ya, no te preocupes por ellos ahora. No vale la pena. —¿Cuándo me vaya podrás lidiar con ellos? —Se giró para acariciar mi mejilla—Son gente que pueden jugar sucio, no estaré tranquilo. —Llévame contigo entonces—Inquirí haciéndolo negar casi de inmediato, no le había gustado, nada. —Ya lo he dicho muchas veces Gia, esos lugares no son buenos sitios para una mujer, no para mi esposa—No para mi esposa, lo que el no comprendía era que no me importaba el sitio siempre que fuera a su lado. —No puedo quedarme aquí—Repliqué—Además allí hay esclavas y prostitutas, son muchos meses—Pensarlo me ponía mal, esclavas, prostitutas, si bien ese era su trabajo no quería sus manos sobre el cuerpo de su marido. —Si Marius pudo porque yo no. —No digo que no puedas. —Si me acuesto con una, pero miro tu rostro en ella ¿Cuenta? —Sonreí. —Si cuenta. Cuenta mucho para mí, mi esposo debe estar libre de cualquier sospecha—El mordió su mejilla interna, mis palabras le habían causado gracia, pues había utilizado las mismas que la historia había inmortalizado por boca de Julio César cuando su esposa era sospechosa de infidelidad. —Lo mismo digo de mi esposa—Me besó—Todo hombre que ose colocar la punta de su dedo sobre su piel terminara crucificado.
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