—¡Pero que dices! Son cosas muy malas—Lo peor de escuchar aquello era que tenía razón, desde que tenia memoria nunca nevaba en los saturnales y de hacerlo no podrían ser buenas señales. ¿Podría ser acaso que esos acontecimientos poco comunes alteraran el alma creyente de Maximilian? Muchos malos augurios anunciados se había hecho realidad, algunos mas tarde que otros, pero habían ocurrido. —Esos rumores recorren la ciudad como el mismísimo viento—Me dijo pues tenía entendido que había salido temprano al mercado para surtir la bodega de provisiones de la villa—Los pregones lo gritan en las calles y la gente tiene miedo. Me sentí extrañada de que Aelius no me hubiera comentado nada de aquello. Ella se acerco con la taza y la coloco en mis manos al mirarla me sentí un poco extraña, recordé

