Camila A las 9:10, el timbre. Abrí y ahí estaba Gael, con el mismo combo de siempre: dos cafés, panecillos y su manía de entrar sin pedir permiso. —Hoy traigo desayuno… y noticia —dijo, dejando la bolsa en la encimera. —¿Noticia buena o de “siéntate primero”? —pregunté, cerrando la puerta. —De “siéntate primero”. Obedecí por curiosidad. Sacó el portátil, lo encendió y giró la pantalla hacia mí. Apareció un vídeo corto: nuestras manos, la lista abierta, la esquina de mi libreta y su voz riéndose por lo bajo. El logo de t****k en la esquina. —¿Esto qué es? —pregunté. —Un clip que subí hace tres días. —¿Subiste… tú? —me incliné—. ¿Sin avisarme? —Plano cerrado, sin caras, sin nombres. Y se ha hecho viral. —¿Cuánto es “viral” para ti? —Un millón y medio. Tragué saliva. —¿Perdón? —

