Los rumores de la pelea, se regaron como pólvora, alertando a la población, Chariose se vio obligado a dar un comunicado a su gente, para intentar apañar el miedo que les generaba la situación, sin embargo, las personas confiaban ciegamente en su soberano, le temían, sí, pero, sabían que su rey era un campeón, siempre lo había sido y había traído incontables victorias y triunfos luego de sus guerras y conquistas, por lo que había un dejo de esperanza que no hacía que el pánico se extendiera por cada callejón de Radu.
Por lo que la “victoria” de la batalla que se había desatado aquella mañana, fue como una bocanada de aire fresco para los acongojados ciudadanos que vivían con la amenaza constante de encontrarse ante los ojos de aquellas criaturas que querían hacerse de su hogar, un hogar que les brindaba mucho más que cualquier otra, la gente, en su afán por creer que saldrían victoriosos al fin y al cabo de aquel derroche de muerte, celebró en las calles, por el día se permitió que las personas salieran a festejar su aparente victoria, lo que hizo, que el rumor se esparciera hasta los rincones más alejados del reino, el rey había logrado asesinar a las criaturas que parecían invencibles, por lo que, cuando la noticia llegó a los oídos de Joanna a voces de sus carceleros, no pudo evitar tener un dejo de emoción revuelta con el sentimiento de que aquella felicidad, duraría muy poco, Griffin acostumbraba jugar, no era desconocido para ella que él siempre generara distracciones, unas que podían desembocar en peligros más allá de la imaginación, conocía muy bien a su ex compañero, Griffin había tenido milenios para saber cómo actuar, y el método que más le gustaba era el de la sorpresa.
Joanna se remolinó en su celda, abrasándose a sí misma, ¿Cómo poder llegar hasta Chariose para contarle las mañas de Griffin?, pensó, pero luego, apartó el miedo, Chariose no era nada idiota, sabía que tarde o temprano, terminaría descubriendo el actuar de Griffin, por lo que se recostó sobre la fría piedra desigual de su celda, abrasándose las piernas y soportando lo más que podía a su propia mente, que no la dejaba en paz ni de día ni de noche.
Cerró los ojos soltando el aire contenido en sus pulmones, solo le quedaba un día de su vida como Gul, jugó con los hilos sueltos de la falda de sus harapos, una vida que relativamente no había sido nada a comparación con la eternidad de vida de un Gul, se encogió de hombros rendida, tampoco era que deseara vivir hasta que el tiempo dejara de ser tiempo, por lo que aquello no le dio más molestia, ansiaba morir desde que Griffin le dio su “regalo”, y ahora que lo pensaba con mayor detenimiento, no podía dejar de sentir que siempre había querido hacerlo, tomar su desafortunada vida desde mucho antes incluso de conocer a Chariose, tampoco era que hubiera tenido una espléndida vida siempre, no había tenido la suerte de Enith, quien ahora era un m*****o importante de la corte, modelo y, amiga cercana del rey, bufó con el picor del llanto quemando su nariz.
¡Que injusto!
Se dijo para sus adentros, al fin y al cabo, su miseria, estaba pronta por terminar, indirectamente Chariose estaba siendo piadoso con ella, le estaba dando la oportunidad que Griffin le había quitado, lo único que lamentaba era, que la vida no le hubiera dado el tiempo suficiente para amar a Chariose, intentó convencer a su cerebro que él la estaba liberando, pero, en el fondo, dolía saber que en verdad él deseaba su muerte, y que, había sido quien la había condenado, cuando solo había querido una última oportunidad para tener lo que le había sido arrebatado deliberadamente.
¡Que injusto!
Se repitió, se abrazó a sí misma enterrando la cara entre las piernas.
¡Que injusto!
Comenzó a llorar en silencio, dejó que las lágrimas regresaran y surcaran ya el conocido camino de sus mejillas sucias, aunque el llanto no liberara el dolor, se vio libre de hacerlo, era lo único que ni siquiera Griffin le había quitado, el poder llorar como una niña, por lo que no se reprimió, de todos modos, si la escucharan o no ya no le importaba, en realidad, ni siquiera su propia vida.
Levantó la cabeza de un golpe, sintiendo de pronto sus sentidos activarse, ¡No! Se dijo a sí misma mientras sentía una vibra conocida, se puso de pie mirando con ojos bien abiertos los barrotes oxidados frente suyo, agudizó el oído mientras las lágrimas terminaban de derramarse de sus ojos, el silencio sepulcral invadió el espacio, luego de unos cortos segundos, Joanna pudo escuchar unos tranquilos pasos que se acercaron a su celda, el corazón de la Gul brincó en su pecho, alterando todo en ella.
Más pronto que tarde, la hermosa y angelical figura de Griffin apareció ante ella, tan pulcro y perfecto como siempre, el aliento de la pelirroja se entrecorto al mirar la heterocronía de Griffin, los ojos de colores del Gul la escrutaron completa mientras tenía un brazo en jarras y el otro sobre su barbilla, en una expresión cínica de sorpresa.
-Sabía que aparecerías-. Escupió Joanna quieta en medio de su celda.
Griffin esbozó una macabra sonrisa.
-Mira nada más, luces peor de cómo te encontré la primera vez que nos conocimos-. Griffin la hirió con sus palabras, pero tenía razón, ahora lamentaba mucho más la situación.
-Vienes por mi ¿No es así? -Joanna tenso los músculos de sus brazos, lista para impedir que Griffin lograra su cometido.
Sin embargo, el rubio soltó unas sonoras carcajadas burlonas.
-Bueno querida mía, ahora no-, Griffin se cruzó de brazos sin dejar de inspeccionarla como un león a su presa -sinceramente no deseo contaminarme con la mugre de tu celdita-. Musitó haciendo una mueca de asco, Joanna apretó los puños de las manos mirándolo con un dejo de diversión.
Joanna ladeó la cabeza como un ave, mirándolo con curiosidad, además de que Griffin era un altivo, también era un hijo de puta, por lo que aquel comentario podía ser cierto, sino es que conociera muy a fondo al Gul, como si además de tener habilidades sobrehumanas, pudiera leerle el pensamiento, Griffin no iría por ella sino es que ya tuviera algo mucho peor en mente.
-Si bueno, tampoco es diferente de donde me sacaste-. Joanna apretó los dientes, recordando sus orígenes de huerfanidad y pobreza -Estoy acostumbrada a convivir-, lo miró con ojos asesino -con la mierda-. Gaznó, Griffin se cruzó de brazos estirando mucho más su sonrisa.
-Nunca pude entender-, alargó un brazo apuntando la celda -como es que esto-, movió su dedo en círculos señalándolo todo – está bien para ti-, sus ojos brillaron con maldad -si tanto te molesta, porque no simplemente abres los barrotes, sales y te matas tu sola-, Griffin la hizo estremecerse -digo, sabes cómo hacerlo de la forma correcta-. Sentenció con su maldad escapando de cada poro de su cuerpo.
Se hizo un silencio incómodo, uno que se prolongó hasta que la pelirroja lo rompió, a duras penas.
-Lo merezco-.
Griffin soltó unas nuevas carcajadas como respuesta.
-Qué respuesta tan estúpida, ¿En verdad estás haciendo todo esto solo para castigarte? –
Joanna sintió como un nudo se le formó en la garganta, pero, era así lo que estaba sintiendo.
-No soy un monstruo-, escupió con veneno -como tú-.
Griffin se acercó a los barrotes de la celda, hizo una mueca mirándolos con repudio y evitó tocarlos, pero no así, evitó continuar hiriéndola.
-Chariose es quien va a matarte Joanna-, siseo como el diablo, ella sintió como las espinas en su corazón se clavaron más profundo – ese idiota, no hace más que demostrarte que nunca fuiste nada para él, no hace más que estar sacándote de su vida y-, la voz de Griffin sonó con un eco desagradable -te ha condenado a muerte, porque eres una amenaza para su reino, para todos-. Joanna tuvo que ocultar su rostro para que él no mirara como rompía en llanto, se rodeó con sus brazos, consolándose a sí misma.
-Basta Griffin-. Masculló con debilidad en la voz quebrada.
-No me extraña que te haya estado usando, además también, como rata de laboratorio-. Puntualizó él con veneno en la lengua, la garganta de Joanna formó un enorme y doloroso nudo que no pudo tragar -Deberías matarlo tú, escúrrete por la noche en su habitación y asesínalo mientras duerme, antes que él lo haga contigo-. Finalizó entre susurros, sus ojos de colores brillaban como si fueran dos luces fantasmales, Joanna se estremeció volviendo a mirarlo con la expresión herida y la voluntad más que rota.
-Yo, no…- Arrugó la frente de pronto, contrariada, levantó los ojos hacia él - ¿Cómo sabes que me usan como experimento? -Pero él no le dio una respuesta, en cambio, la interrumpió.
- ¡Hazlo Joanna! -Levantó la voz Griffin sabiendo que los guardias desmayados por él, no vendrían a buscarlo, y que ni siquiera al despertar, se darían cuenta de lo que les había pasado.
- ¡NO! - Gritó la pelirroja sollozando, envuelta completamente en el demonio de rostro de ángel frente a ella – yo no soy tú Griffin-, los ojos de rencor de ella calaron en lo más profundo del rubio – yo no soy tan miserable como para ponerle una almohada en la cara y matarlo en su cama-, masculló Joanna sabiendo lo que eso representaba, lo que eso calaba a un Gul de ojos de colores -eso no hará más que maquillar el odio y el rencor, ocultar por sobre la mesa lo herida que estoy-. Remató, Griffin la miró en silencio, su ojo verde y el amarillo se sacudieron, vibraron ante las palabras de ella, Joanna pudo ver como caló muy dentro en la coraza de Griffin, lo había logrado herir, los ojos hermosos del Gul parecieron como si se humedecieran, pero, el sentimiento solo había permanecido unos cortos segundos, para después desaparecer en un poder de odio impresionante.
Y, de un violento golpe, Griffin golpeo los barrotes que pudieron ceder si él lo hubiera querido, en cambio, estos se sacudieron en una demostración de rabia que provocó que Joanna respingara ante el derroche de ira, pero ella se mantuvo firme como una estatua, no la vería titubear ante él, e ignorando el óxido y la mugre, Griffin tomó los barrotes con ambas manos para mirarla con fuego en los ojos.
-Disfruta las horas que tienes Joanna, pronto verás como arde todo a tu alrededor-. Escupió él apartando las manos de los barrotes, para después, desaparecer en el pasillo oscuro que era el hoyo donde estaba, no aflojó su voluntad hasta que ya no lo sintió, fue cuando se desplomó en un dolor imparable que la recorrió completa, se abrazó a sí misma, dejando que el escozor se sintiera, lloró, mucho más sonoramente que apenas hacia una hora, dejó que el grito le llenara la garganta y el corazón en su pecho temblara, desmoronándose y pinchando su cuerpo en los pedazos rotos de ella, visualizó el rostro de Griffin, tan hermoso y peligroso.
Él realmente era el culpable de todo.