Mas abrazador que el sol

3928 Words
El camino de regreso a la seguridad de su castillo fue difícil, no dejaba de pensar en ella, de recorrer en su memoria lo hermosa que se veía, a pesar de estar cubierta de mugre y sangre, ni que decir de su semblante miserable, su pelo rojo se colaba en su mente como brazas incandescentes que lo herían, pero, portando el rostro severo no se permitió que notaran que ella siempre lo desconcentraba como nadie lo había hecho en todos sus años de vida, no podía olvidarla, no, se remolinó en su asiento dándose cuenta que eso nunca pasaría, Joanna siempre sería parte de él para siempre. Cerró los ojos apretando fuerte los puños mientras miraba por la ventana cerrada del auto donde lo llevaban, visualizando los ojos de fuego de ella, sintió como lo quemaba, se consumía y no podía apagarse con nada, Joanna lo había vuelto completamente loco, desquiciado totalmente, además que, le había roto el corazón. Sin embargo, no había pagado el fuego que sentía por ella, la explosión entre ellos aún seguía ardiendo sin control, tembló ligeramente cuando aparcó en la entrada de su castillo, con la imagen de Joanna proyectándose por todos lados, bajó del auto junto a sus generales que lo seguían en una larga y ostentosa caravana lujosa, Chariose resopló agotado comenzando a caminar, Zigor lo siguió de cerca y en silencio mientras el rey andaba por el castillo con un semblante terrible, y, en cierto punto en medio de los pasillos junto a sus generales, el rey giró la cabeza hacía ellos, quienes frenaron en seco, parpadearon con un sudor frio perlando sus frentes. -Tendremos una reunión de guerra más tarde por la noche-, masculló el soberano con ojos asesinos, sus comandantes y generales asintieron con la cabeza, para luego marcharse de la vista del rey lo más rápido que pudieron -tú no-. Le ordenó a Zigor quien se preparaba para seguir a sus compañeros, el general de las fuerzas especiales asintió con la cabeza en silencio. El fiel general siguió a su alteza por el pasillo hasta que entraron dentro del estudio real, donde Chariose pasaba la mayor parte del tiempo, y fue cuando dejó sus fuerzas soltarse, resopló tomándose la frente con una mano, mientras continuaba proyectando a Joanna en su mente, la miró entre parpadeos con su roído harapo mojado, recordó como la desgastada tela se le pegaba al cuerpo como si estuviera pintado sobre la piel, visualizó sus pechos despiertos y el contorno de sus caderas, tuvo que tragar saliva con dificultad, su creciente lujuria se revolvía con el permanente odio que sentía por ella, pues por más que la miraba no hacía más que calentarse, perder el control de su imaginación lo desarmaba cuando la tenía frente a él, sin embargo, también le desagradaba mirarla, el rencor le calaba los huesos como veneno corrompiendo cada pedazo suyo, una ponzoña espantosa que le quitaba el sueño y la tranquilidad de la mente, pero, hasta ese punto él sabía que se había vuelto loco, por lo que sintió que ya nada tenía sentido en su vida, Joanna se había llevado todo y él se lo había permitido tan estúpidamente, como quien se pone entre las fauces de una bestia por mera voluntad, apretó los ojos tomando aire sin ganas de continuar respirando. Zigor se remolinó mirando a su rey tambalear ligeramente. - ¿Se encuentra bien alteza? -Le preguntó con el brazo bueno en la espalda y un dejó de perturbación asomándose en una ceja negra. Pero Chariose se reincorporó tomando las pocas fuerzas que le quedaban para llegar hasta el asiento tras su escritorio, donde se sentó como si cargara el peso del mundo sobre los hombros. -Tráeme a Bowie-. Pidió Chariose llevándose una mano a las cienes con los ojos cerrados. Zigor sintió un ligero malestar en su hueso herido debido a que entendía como era que se sentía su rey, todo el tiempo que llevaba frecuentando a la prisionera Joanna lo hizo entender como ella se metía en la mente, perturbándolo todo, un ligero estremecimiento recorrió al general, la pelirroja era tremendamente atrayente, él incluso se veía debilitado ante sus encantos naturales, sin embargo, también, a esas alturas se daba cuenta que aquella seducción de diosa era una condición que le otorgaba su mutación, era un Gul, esas criaturas eran encantadoras por naturaleza, así su comida llegaba voluntaria a entregarse a la muerte. Zigor miró a Chariose con seriedad, sin embargo, también notaba que la atracción del rey por aquella mística criatura parecía mucho más complicada que solo el hechizo de un ser de infierno, lo que lo hacía titubear de vez en cuando, cuando meditaba la situación, “Su majestad no podía estar enamorado, oh, ¿sí?” -Por supuesto su majestad, yo lo…- - ¡No será necesario Zigor! – Irrumpió Bowie abriendo las puertas de un rápido movimiento, trayendo la atención de Chariose al mirarlo consternado, ansioso y tremendamente alterado, el general Bowie se plantó frente al rey con un gesto solemne, pero el sudor en su rostro evidenciaba su nerviosismo. - ¿Qué pasó? – Chariose sonó poderoso, sentado imponente sobre su asiento. Bowie soltó el aire contenido en sus pulmones. -En la frontera sur del reino, mis capitanes me notificaron que 6 criaturas estaban en las orillas-. Sentenció alterando los nervios del rey, quien hirvió en ira, Chariose se levantó de un salto de su silla, estremeciendo a sus generales que lo miraron con el corazón en la garganta. - ¿Desde cuándo? -Tronó Chariose con las manos sobre el escritorio. -Apenas hace unas pocas horas, tuve que ir yo mismo hasta el campamento de la frontera, y confirmé que es verdad, solo que estas criaturas solo se mantienen allí, inmóviles, vine de inmediato antes de tomar decisiones estúpidas, alteza-. Finalizó Bowie poniendo la espalda recta. Chariose miró a Zigor con una mirada colmada de ira. -Has que preparen mi transporte, quiero a tus soldados allá, ¡ahora! -Rugió el rey poniéndose en marcha. Bowie palideció. - ¡Su majestad! -, lo llamó trayendo la atención del soberano -no se arriesgue por favor-. Bowie sonó suplicante, pero la expresión de Chariose lo silenció de un solo gesto. -Tú vendrás conmigo, notifica a Sócrates-. Ordenó el rey saliendo de su oficina con la sed de sangre escurriendo por cada parte de su cuerpo. Chariose estaba hambriento, deseoso de batalla, por lo que puso en movimiento a sus soldados y generales, gritando órdenes y gruñendo entre dientes, no permitiría que Griffin se hiciera de un ejército, los aplastaría como moscas a todos, estaba completamente fiero, la adrenalina le corría por el largo de sus venas, pulsando por explotar en batalla, no tendría piedad por ningún monstruo, les arrancaría la cabeza con las manos de ser necesario, pondría a todos de rodillas, esas criaturas le debían mucho más de lo que alguien podía imaginar, además de que, pondría a salvo a su ciudad de demonios despiadados que solo venían a devorar todo a su paso; Chariose pelearía, hasta la muerte, por su gente, por el mismo y sobre todo, por Joanna, la principal causa de su locura. Las fronteras, eran un bordeado de muros densos, y pesadas paredes de sólida piedra oscura que rodeaban la ciudad entera, además que dividían con fuerza el reino y el bosque donde tenía apostados a miles de escuadrones que vigilaban que nadie entrara y mucho menos saliera de su reino, hombres que vivían y trabajaban en un enorme campamento militar acoplado junto a los muros internos de la muralla, un barracón perfectamente abastecido y dotado de todo lo necesario para apostar al menos un millar de hombres, que simple y llanamente trabajaban para evitar entradas o salidas indeseadas, todo reforzado y acoplado desde que Griffin se postuló como la mayor amenaza para el reino, estos soldados estaban bien entrenados para la batalla, pero podrían resultar nada para las fuerzas infernales de Griffin, quien sabía, se estaba abasteciendo de demonios como él, esto hacía que a Chariose se le retorcieran las vísceras, quería la cabeza de Griffin adornando la cabecera de su cama, quería a su “gente” de rodillas lamiéndole las botas, no podía dejar que tomaran lo poco que quedaba de él, por lo que, bajando del auto, cargado de un pequeño ejército, llegó listo para atacar. Su general encargado de la frontera sur, Brais, un hombre de aproximadamente 50 años (y antiguo entrenador de Chariose cuando era pequeño), apareció con el uniforme de batalla bien puesto sobre su cuerpo, sudaba cuando miró a Chariose aparecer en el campamento puesto justo en la fortaleza del muro que dividía el reino, luego de descender ansioso rodeado de toda su comitiva, este saludó a su majestad, mirando que, tras él, las fuerzas especiales de Zigor y un grupo de 50 hombres aguardaban el momento oportuno para atacar. -Mi rey-, Brais se agachó hincando la rodilla en la tierra, en reverencia a su majestad, el que tenía los ojos como dos llamas incandescentes de guerra -las criaturas han estado inmóviles desde que las vimos aparecer desde el bosque-, comenzó a hablar el general irguiéndose para caminar junto a Chariose, le mostraría, por lo que el soberano siguió a Brais en silencio, escuchando cada palabra de este -parece que están esperando “algo”-, decía mientras el soberano miraba los rostros nerviosos de sus hombres y de los soldados en el campamento, los cuales apartaban su temor cuchicheando entre ellos y reverenciando al rey a su paso, un estremecimiento se apodero del cuerpo de Chariose, sabía que algunos de ellos morirían, que quizás vería sus rostros por última vez, por lo que intentó memorizarlos a cada uno, no desconocía que estaban dispuestos a morir por él, suspiro después de atravesar todo el largo del campamento hasta que la piedra saliente de sus murallas le dio la bienvenida, enfocó su mente a seguir escuchando a Brais, así ya no se torturaría con la inminente lluvia de sangre que se soltaría en cualquier momento, apretó la quijada mientras entraban en el interior de la fortaleza, una colosal estructura que formaba parte del grueso muro divisor, la que parecía más un cúmulo de torrecillas de vigilancia que un edificio en sí, edificación que estaba perfectamente acoplada para vigilar desde lo alto las posibles amenazas del exterior, además que servía también, como entrada a la ciudad, en una ruta comercial que se usaba frecuentemente también, para la llegada de emisarios y demás extranjeros a Radu, por lo que, entornando los ojos y con Zigor y Bowie a sus espaldas, Chariose entrecerró los ojos mientras los soldados dentro de la enorme estructura de vigilancia le reverenciaban, con los rostros ansiosos y nerviosos, hasta ellos sabían que la batalla se desataría en cualquier momento -nos hemos mantenido precavidos, hasta esperar sus órdenes-. Finalizó Brais llevándolo hasta el mirador del puesto de vigilancia, el que consistía en una enorme ventana de vidrio y diamante que era aprueba de todo. La mirada de Chariose se ensombreció cuando entre la penumbra oscura del bosque nocturno, seis formas humanas se mantenían inmóviles como estatuas a unos metros largos de la torre de vigilancia, el pecho del rey se remolinó en un sentimiento de asco, seis pares de ojos lo miraron cuando los vieron aparecer, Chariose hizo una mueca de desagrado contemplando a aquellos que compartían la misma condición que Joanna, pudiendo ver así sus rostros hermosos y marmolados, y, sobre todo, sus ojos fríos como témpanos de hielo brillando en medio de la noche como los de un gato, sedientos de sangre y caos, criaturas de la oscuridad que aguardaban como seres de infierno hasta ¿Qué? ¿Alguna señal? ¿Un mínimo mal movimiento? Chariose se cruzó de brazos en silencio, sopesaba sus posibilidades, Zigor se acomodó junto a su rey con un gesto frívolo. - Están esperando órdenes-. Dijo el general Brais con los brazos tras su espalda, sin quitarle la mirada a una Gul de brillante pelo n***o que lo miraba con increíbles ojos azabache. - Oh es una trampa-. Sopesó Chariose moviéndose un poco hacia su derecha, donde pudo ver a los que estaban un poco más alejados. Se hizo el silencio en los presentes, ellos esperaban que Chariose dijera algo para accionar, el rey pudo escuchar las respiraciones apresuradas y los estremecimientos de nervios mientras aguardaban, él, tenía mucho que no sentía temor a la guerra, mucho había hecho librando las guerras de su padre, he incluso había tenido que liderar su conquista a los reinos vecinos, mucho menos le temía a esta nueva guerra en puerta, no sentía ni el más mínimo atisbo de duda o miedo, era un rey, debía ser siempre frío e inteligente en situaciones como esas. ¡Pero no lo fuiste con Joanna! Reprochó una voz en su interior, haciéndolo temblar levemente, apretó los puños con fuerza, arrepentido de haber bajado tan idiotamente la guardia ante ella, Chariose tragó un desagradable nudo que se le había formado en la garganta, tan amargo como el sorbo de cerveza quemada, desvió los ojos de las inmóviles figuras y la dirigió a Brais, quien hecho los hombros hacia atrás en un gesto de seguridad. - ¿Cuáles son sus órdenes su majestad? – Musitó, ignorando que en el horizonte la luz del sol comenzaba a darle la bienvenida a la mañana de un nuevo día. El rey entreabrió los labios, daría ordenes, aguardaría hasta que en realidad esas criaturas movieran un centímetro de su cuerpo, no se arriesgaría a mover a sus soldados hacia una evidente trampa, sin embargo, nada ante los ojos de Chariose se escapaba, los ojos de oro miraron un rápido movimiento entre los árboles, haciendo que se paralizara, una gota de sudor cruzó la frente de sus generales, su majestad entrecerró los ojos volviendo a repasar la situación en su mente, ¿Por qué sería una trampa? Todo era demasiado fácil de adivinar, contempló las miradas de los demonios, encontrando sonrisas perversas en sus labios, Chariose agachó la mirada estirando sus labios con ganas, luego de unas desastrosas semanas al fin tendría algo de diversión, debía reconocer que Griffin era bastante entretenido, no era un animal impulsivo, levantó los ojos con fuego, mirando como nuevas criaturas comenzaban a emerger de las penumbras de la noche, el general Brais abrió los labios mirando un número considerable de demonios, los soldados se inquietaron, Zigor se estremeció mirando a su rey, quien se mantenía silencioso meditando como Griffin lo había hecho venir a las garras de sus subordinados, que no paraban de llegar. Las sombras en el rostro del rey se hicieron mucho más oscuras cuando aquellas criaturas corrieron como balas hacia los muros de piedra de la fortaleza entre risas y aullidos. - ¡Alteza! -. Le gritó Brais sacando sus armas del cinto de su pantalón. -Vayan-. Respondió Chariose en una estremecedora voz sin alma, Brais se puso en marcha, gritando órdenes y dando indicaciones mientras Zigor y Bowie se plantaban junto al rey con el nerviosismo picando sus rostros desencajados. -Venga conmigo alteza, lo pondremos a salvo de regreso al castillo-. Rugió Bowie poniendo su mano sobre su arma, mirando como dentro de la fortaleza se despertaba el caos, Bowie intentó controlar su ansiedad, la guerra ya lo había alcanzado. Pero Chariose se giró para mirarlo con intensidad, y para el pánico de Bowie el rey sonreía sediento de sangre, dejándolo helado. -Moviliza a tus hombres Zigor, no podemos permitir que entren-. Chariose se movilizó, Zigor asintió con la cabeza siguiéndolo con el rostro desfigurado por la expectativa de la batalla, mientras Chariose entraba en aquella faceta de guerrero, pues antes de ser un rey, Chariose había entrenado para ser un soldado, habían puesto un arma en sus manos desde que apenas había dejado los pañales, por lo que Bowie no podía reprimir la batalla de las venas de su mejor amigo, y podía entender las ganas de muerte y sangre que Chariose sentía, sin embargo, no él, el general apretó el mango de su arma con fuerza, por más que había entrenado a su mente sobre que ese día llegaría, no pudo reprimir las ganas de esconderse, sabía que esta no era una guerra como en las que había peleado muchas otras veces en el pasado, ahora pelearían con criaturas que ni siquiera podían morir de un balazo en la frente. Sin embargo, el deber era mucho más fuerte que el miedo, por lo que se puso en marcha junto con su rey y los demás generales, gritaría órdenes a su legión, por lo que, corriendo escapó de la fortaleza, donde Chariose rápidamente reagrupó a sus tropas y a los soldados aterrados del campamento, armando una colosal muralla humana en las puertas abiertas de metal n***o de la entrada para impedir que aquellas criaturas se colaran por allí, como un tapón humano que bloquearía los planes de Griffin, Bowie entre jadeos logró llegar hasta el rey, para el pánico del general, Chariose encabezaba la Ilíada, y mientras su corazón golpeaba fuertemente en su pecho en un impulso desesperado de adrenalina miró como los soldados apostados en el frente, fueron los que se arreciaron hacia las criaturas sin esperar a que otra cosa más pasara, con los ojos abiertos vio como su rey se arrojaba sobre sus enemigos como un poderoso tifón hambriento de guerra. La pelea empezó tan poderosa como una tormenta eléctrica, los sonidos de los disparos no tardaron en escucharse en el estrecho espacio que poco a poco comenzó a teñirse de sangre, el rey era fiero, poderoso y certero pese a que era un simple humano contra seres antinaturales, Chariose era tan diciplinado, fuerte y frio, que podía contra sus enemigos con el puro poder de sus puños, Zigor y Brais peleaban al mismo tiempo que intentaban alivianarle la carga a Chariose, a quien, sus enemigos, rodeaban para atacarlo, pues parecía que su único objetivo era el propio rey, y tampoco era difícil adivinar que, la señal para que al fin los demonios actuaran, hubiera sido la presencia del soberano, como un intento sangriento para matarlo, por lo que, claro estaba que todo hombre que respondiera a Radu, intentara con todas sus fuerzas, defender su país y, sobre todo, a su rey, a quien rodeaban para evitar que lo atacaran por la espalda. Pero Chariose podía apañárselas solo, se abalanzaba como una avalancha contra quien tenía enfrente, él se apartó de la espalda a un enemigo que lo tomó por detrás para morderle el cuello, le arrancaría la piel para desangrarlo de no ser porque Chariose logró sacárselo de encima tomándolo por la nuca para tirarlo con fuerza al suelo seco del bosque, sin embargo, un poderoso puño lo atacó por el estómago cuando pisó el rostro de quien se había subido a su espalda dejándolo sin aliento, los golpes no eran como los esperó, estos eran mucho más poderosos, hacían más daño, Chariose jadeó y se alejó un par de pasos esquivando a otro nuevo enemigo que alargaba los brazos de uñas filosas, el que logró apenas arañarle la lechosa piel de la mejilla derecha, el dolor le escoció pero no lo hizo chillar, en cambio, Chariose soltó el aire conteniendo el dolor de sus vísceras resentidas, e impidiendo que eso lo detuviera movió su brazo para alcanzar su arma del cintillo de su cintura, pero una mordida en la palma lo hizo gritar con furia, se apartó al tercer enemigo de una patada en la cara, y mientras volvía a alcanzar su arma, un zarpazo en el vientre lo echo hacia atrás, donde se estrelló contra la espalda de Zigor, quien sonreía luego de reponerse del suelo duro, el rey soltó aire, no dejarían que sacara su pistola, pero Chariose se estaba divirtiendo, en el juego debía ser más rápido, por lo que esperó hasta que una criatura brincó sobre él, empujó a Zigor y se arrojó a un lado donde logró tomar su arma, estiró los brazos hacia el frente apuntando entre los ojos, disparó, frenando a la criatura, esta cayó en el suelo retorciéndose del dolor, fue cuando aprovechó para tomar el largo cuchillo del cinto de un soldado a su lado para cortarle la cabeza de un tajo, la criatura se retorció un poco más cuando Chariose desprendió las dos partes, el rey resopló con el sudor perlándole la frente, pero, no dejó que su cuerpo sobrecalentado tirara de él. … -20 de 70-. Masculló para sí mismo Chariose luego de un largo rato de batalla, los había contado todos, o al menos a los que había podido numerar, pues, sabía que había muchísimos más, quizás poco más de 100 criaturas para 50 hombres de los suyos, y un millar más de la fortaleza, y esos monstruos estaban siendo complicados de matar, pero sus hombres se las estaban apañando bien, pese a lo difícil que estaba resultando, las bajas del lado de los hombres de Chariose, eran alarmantemente considerables. La pelea se consumió hasta apenas y el sol refulgía con la mañana, había sido arduo y difícil, las bajas eran considerables, el olor a metal, humo y sangre se colaba por los pulmones resentidos de todos, sin embargo, los enemigos al fin habían cedido, o al menos dejado que así fuera, pensaba el rey. Algunos pocos, como Bowie, terminaban de rematar a los moribundos cortándolos en pedazos para después prender en llamas las piezas que no dejaban de retorcerse hasta que el fuego los hacia cenizas, mientras que, a los suyos, les daban la paz con una limpia daga en el cuello, habían ganado a medias, pues, contando las bajas, un grupo de 20 enemigos habían podido colarse en la ciudad, Chariose de inmediato envió patrullas en su búsqueda. -No deben estar lejos-. Dijo el soberano mientras se limpiaba la sangre de la nariz con la manga de su uniforme, de pie frente a la entrada bañada en sangre de su muralla sur, Zigor apareció dando indicaciones mientras Bowie se rendía con los cuerpos para sentarse en el suelo con fatiga, aliviado de que todo hubiera terminado, por ahora. -Tenemos bastantes bajas, todavía falta un poco más de tiempo para saber el número exacto, pero, por cómo se ve-, Zigor recorrió con ojos cansados el baño de muerte a su alrededor -calculo que son un poco más de cien muertos de los nuestros-. Masculló Zigor sintiendo como su brazo lastimado escocía, había tenido que usarlo, pero, al menos no había sido grave. -Regresemos, tengo que cerciorarme que esos intrusos no lleguen más lejos-. Chariose escupió sangre al suelo mientras un herido Brais se acercaba aún con el arma hambrienta de más pelea. -Mi equipo y yo, vigilaremos perfectamente la fortaleza, reconstruiremos los daños en la entrada, y yo me encargo de los nuevos intrusos su excelencia. -. Musitó en tono triunfante. Chariose miró a su general de frontera con intensidad, dándole una mirada afirmativa. - Estaré pendiente de eso-. Masculló el rey impidiendo que uno de los médicos del campamento lo atendiera. -Debe atender sus heridas alteza-. Le reprendió Bowie dejando que una enfermera se acercara al rey pera que le revisara una mordida prominente en el hombro derecho. Chariose llamó a sus guardias, apartando a la mujer con una mirada de fuego, si debía sangrar, lo haría, como un recordatorio de lo que había pasado allí, y con Zigor tras él se encamino de regreso al castillo. -No, aún tengo que preparar una ejecución-. Finalizó, haciendo que el corazón de Bowie se detuviera por la conmoción.
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