Los primeros días, la impotencia me carcomía las malditas entrañas hasta el punto de darme una migraña constante. La primera semana, fue más tortuosa aún, me negaba a aceptar que Cárter me había convertido ena prisionera así, tan fácil. Las ojeras se convirtieron en una tonalidad violácea natural bajo mis ojos, el insomnio me tenía desganada y paranoica, no había un solo segundo del día en el no me desgastara la cabeza de tanto sobrepensar. Todas las mañanas preparaba desayuno para uno mientras miraba la despensa bien abastecida con los dientes apretados, lo mismo hacía antes de cocinar el almuerzo y la cena, una y otra vez, todos los días. La monotonía me estaba matando. Joder, Lauder sabía cómo jugar. Podía acostumbrarme a la vida campestre en aquella cabaña dentro de los muros que li
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


