La Bella y la Bestia

970 Words
—Querida hija, hay una persona al que le debo tanto de todos los tratamientos que me ha pagado.—Empieza Lucy a mentir de manera indiscriminada. —Esa persona requiere de una esposa, asi que tú podrías hacerlo. —¿Hacer que madre, casarme? El matrimonio es algo sagrado, ¿cómo podría casarme para pagar una deuda y por agradecimiento?—Bella expone sus pensamientos y su sentír. Pero como loba a la caza, Lucy empieza a hacer su papel, se pone triste y preocupada. —¡Mamá, espero comprendas! Alguna vez quisiera casarme, lo quiero hacer por amor cuando esté enamorada realmente.—Dice Bella—está siendo honesta con su madre, pero ignora que su madre no piensa en ella y hará su mejor actuación para convencerla. —¡Oh, no por Dios, no quiero morir sabiendo que debo mucho a ese hombre rico! —Ella lleva su mano a su frente y hace un gesto de estar tan mal, sea por estrés o lo que fuere que le provoca una preocupación. —¡Madre! —Gime la muchacha, los ojos de Bella se humedecen. —¡Eres una hija no filial, una incomprensiva, me dejarás morir sabiendo que le debo a esta persona!—Persiste en su agresiva actuación. —¡No es así mamá! solo creo que le podré pagar hasta el último centavo que le debes.—Lucy no ve la buena voluntad de la hija, se burla del dinero que su hija le provee, pone cara alargada y dice. —¿Piensas pagar con el sueldo de enfermera? Con cuántas vidas mas además de esta harías eso?—Ella solloza a la vez gruñe poniéndose aún más lastimera. —¡Oohh que hija tan tonta tengo¡ wueee wueee!!!—Llora Lucy. Bella mira a la mujer con desconsuelo, lo que su madre no sabe es que en la universidad hay un joven doctor que a Bella le gusta mucho, así mismo, ella a él no le es indiferente. Si aceptara esta propuesta de matrimonio, quizás deba olvidarse de ese amor en retoño. Aunque por otro lado, no puede soportar ver sufrir a su madre. —¡Mamá, no llores! —Lucy hace un gran puchero y gime tirando unas lagrimillas para terminar de rematar la floja determinación de la Chica. —Esta bien mamá. Haré lo que me pides. —¿Esta bien? ¿Je je je, dijiste que lo harías ? —Lucy no puede ni disfrazar su alegría ante el dolor que su hija siente. Y como las cosas son tan claras, ella al fin desembucha su malestar. —¡Es claro que no piensas ni un poco en como me siento yo, Madre! Al parecer nací para pagar tus deudas—Mofa la Chica de muy mal humor. Era la primera vez que Bella decía palabras algo duras a Lucy y a la vez Lucy comprendía que ella se había exaltado demasiado, exponiendo así su alegría. Pero eso a Lucy poco le importaba, en pocos días, ella se largaría para siempre dejando a su tonta hija. La realidad es que si no fuera por el dinero que Bella le proporcionaba, hace mucho se hubiera deshecho de ella. La odiaba, odiaba que cada galán que se buscara, al conocer a su hija, siempre les dijera que su hija era muy hermosa. Estaba celosa de la belleza de su propia hija. ... Al otro lado de la habitación, la espalda solitaria del hombre se notaba así nostálgico. Pensó así su más fiel servidor, su asistente Draco. Miró con gesto sorpresivo a su Jefe. Este témpano de hielo se había mantenido así solo y sin interesarse por nadie desde hace seis años, no sabía Draco de el por qué su Jefe, el Sr. Holmes se había molestado en venir a buscar esposa en un hospital de quinta categoría. Draco vió que cuando al fin la muchacha aceptó la propuesta de matrimonio, su jefe tragó aire profundo, como si con ello, se liberara de un gran peso sobre su hombro. Se puso de pies y abrochó su chaqueta de tela suave, a simple vista, Lino Holmes era un hombre con una presencia imborrable en la mente de tanto hombres como mujeres, él era estéticamente una persona hermosa, sus ojos almendrados y tiernos daban lugar a pensar equívocamente de que era alguien dulce, pero era engañoso. Su mirada era penetrante y pesaba a quien él viera detenidamente, lo haría sentir nervioso y acorralado. Lo ayudaba tan bien su estatura de uno punto ochenta y ocho, si esa belleza de altura, daba lugar a que las mujeres se derritieran por él. Claro y sin contar sus facciones hermosas y finas, sus labios medio carnosos, su nariz alta y puntiaguda, daba el tope del mejor rostro masculino. Sin incluir que tenía unos hábitos extraños, era un limpiador compulsivo de sus propias cosas en uso, eso incluía, su asiento, escritorio, carro, asistente, y quizás la novia. Pero lejos de tanta belleza exterior que Lino poseía, él era un egocéntrico, era un gruñón a quien le gustara las cosas bien hechas, siendo su lema, "para que hacerlo bien, si puedes hacerlo mejor" Exigente como ninguno, avispado, terco, arrogante y amargado, no se le permitía acercarle alguien a quien él no pidiera su cercanía. Muchas habían sido las mujeres valentonadas que hicieron el intento por acercársele, pero él, atascado en su doloroso pasado, no les permitió, decidió mejor casarse con la hermana menor de la mujer que le robó el corazón y luego lo desechó como algo sin valor alguno. Este episodio de su vida le arrancó la dulzura de su carácter y dejó despojos de un hombre amable, dejando a una Bestia en su lugar. O simplemente, él era una Bestia y ella era su Bella del cuento.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD