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Perdamos el miedo

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-Pase-consigo el tono frío que quería.

La puerta se abre y cierra, levanto la vista y me encuentro con una chica hermosa cabello castaño claro bien acomodado para un lado pero suelto, una blusa con escote que resalta sus pechos a la perfección, la falda negra bien acomodada y planchada ocultando las piernas que de seguro son más largas de lo que aparentan, unos tacones altos del color de la falda, mis ojos buscan su cara, sus labios están pintados de rojo y no cualquier rojo uno intenso y llamativo, sus ojos, por Dios, sus ojos son entre azules y morados, trago saliva, pero revienta mi burbuja.

-Soy su nueva secretaria.

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1
Dos vasos de vodka y uno de ron son mis bebidas anti-estrés de casi todos los días, camino por la oficina dando vueltas tras despedir a mi secretaria. Un mal entendido con entre los dos y ya quería casarse y vivir en mi casa. ¡Ja! ¡Cómo si fuera tan fácil casarse conmigo! Además no aguantaba mi ritmo de trabajo. Lenta, con faldas cortas que mostraban más de lo necesario, enfadosa, así no funciona una mujer que trabaja para mí, menos cuando se supone que debe manejar mi agenda. Dejo el vaso en su lugar para echar un vistazo a mi oficina y a sus decoraciones de barcos, que mi padre no me deja quitar porque era suya esta oficina antes de ser mía. Alex entra por la puerta con cara de "¿Ahora que hiciste?" Le sonrío por su expresión antes beberme lo que resta del whisky como si fuera agua y no esa bebida que me sabía a tierra cuando tenía como catorce años. —Otra secretaria más—dice tallándose la cara—. Papá te va a matar cuando lo sepa. Cómo lo ha intentado las otras veces, pero no tengo intención de aceptar eso. Quiero hacer las cosas a mi manera, no ocupo una secretaria, y no lo haré nunca. —No las necesito—digo sentándome en mi silla. —Es que no hay ninguna que te satisfaga—gruñe—. Papá te dijo que a la siguiente que despidierás él te contrataría una. —No le digas nada—sirvo más whisky en el vaso que tengo en la madera del escritorio—, ya me enfade de las secretarías. —Harry que no me vengas con eso—se queja—. Mi padre te mandara una o te la consigo yo. —Dile a papá que me mande la que quiera la despediré de igual forma—se levanta y se va. Sonrío antes de beberme de golpe el whisky, adoro tanto sentirme de esa forma. Puedo hacer cenizas el mundo y jamás me arrepentire de eso. Lo qué sí es que me siento mejor cada que despido a una secretaria, muy bien. Jamás contrataré otra secretaría mejor un secretario aunque tal vez si papá me reta aceptaré el reto con gusto y su secretaria se irá por donde vino. La empresa es mía, ya no lo es de él y más le vale tener sus narices lejos de mis negocios. /// Estoy ocupado con unas cosas que la inútil anterior no supo hacer, cosas tan simples las termino en cuatro minutos, me levanto y me sirvo un poco más de whisky antes de beberlo. Dios. Necesito sexo, uno duro y rudo, de toda la noche. Estoy sentándome en mi silla cuando mi papá entra con una cara que le vi en mi adolescencia y en parte de mi adultez, estoy tan divertido de su rostro, de verdad que quiero darle en la torre con eso. —¡Otra más Harry Jackson!—si está molesto—¿Cuántas van en menos de seis meses?—ni idea, ocho, quizás—. Mañana llega tu nuevo dolor de cabeza, espero que la aguantes. Lo detesto. —Se irá como las otras—digo tomando el vaso y sirviendo más Vodka—. Lenta y puta. Ya estoy cansado de esas. Aunque... por la falta de sexo, si está en mis gustos la cogeré y le daré tres semanas. —Ya lo veremos Harry—sale dando un portazo. Sonrío por eso. En pocos minutos termino esos documentos. Bostezo antes de levantarme de mi lugar para poderme ir a casa. Es extraño que viva con mis padres a pesar de ya ganar mi propio dinero cada quincena, ganó cincuenta mil grandes al mes y por eso necesito un departamento en el cual ya compré y necesito amueblar que no sea solo una cama para coger con alguien más. Manejo de regreso a la casa y al llegar voy directo a la cocina en busca de un plato caliente de sopa o algo recién hecho, veo a Carol una de las trabajadoras de la casa que me vio crecer y que es como una madre para mí, me ve para sonreír me sirve lo que busco. —Otra que se fue—afirma—. Mi niño ya deja de correrlas. —No las corro, solas se van—meto un poco de la sopa a mi boca—, además quien las necesita. —Cariño, tú la necesitas para que despeje tus tardes o te haga algún documento importante—punto a su favor pero no quiero otra maldita secretaria. No la quiero y no la necesito. Todas son iguales, para algo sirven y es para calentarme una vez luego se van. —Todas se van por no aguantar mi ritmo de trabajo y que no aprenden que el que manda soy yo—reniego como un niño mimado. —Sólo promete que por lo menos está dure un mes—asiento. —No te prometo nada Carol. Al terminar mi comida subo a mi recámara para encontrarme a Anne jugando con mi ropa y mis corbatas, esta niña es mi adoración la mayor de todas, a sus cinco años me enamoro a pesar de ser adoptada cosa que ella sabe, la quiero mucho porque es mi hermana menor. —¡Hola Harry!—grita al verme—¿Ya borró a Celina de tu lista?—asiento y corre fuera de mi cuarto para traer la lista de las secretarias que he tenido regresa con la lista y tacha con rojo a la que se fue—, mi abrazo. Se lo doy y la hago reír, esta es mi medicina y la mejor de todas. Anne era una bebé que llegó con siete meses, y tanto mi hermano como yo le dimos la bienvenida y la hicimos nuestra hermana, ahora ella vive con nosotros. La tratamos como es debido y a su corta edad ya sabe muchas cosas que mi hermano y yo le emos enseñado para que aprenda a qué debe hacerlas. En la noche después de una larga cena familiar con mi padre y madre, y con Alex estoy más que convencido de que mi secretaria llegará mañana, el tema del matrimonio de hace presente en la mesa, Alex ya se casó y mi madre quiere nietos de mi parte ya que la esposa de Alex espera a su primer hijo. —Ya te dije que no pienso casar y mucho menos tener hijos—gruño y mi padre me mata por contestarle a mamá de esa manera. —Más respeto Harry—expresa él, siempre defendiendo a mi madre de mí o de lo que mi boca le arroje—, y tu madre tiene razón ya es tiempo de que sientes cabeza. —Soy feliz con mi soltería—digo—. Ninguna mujer... —Va a aguantar ese carácter de perro que tienes—se burla Alex—. Lo bueno es que ya pronto regresa Bella de Italia. —No me recuerdes a esa rubia—digo con una mueca de asco—. Prefiero meterme con una de mis secretarias que compartir una vida con ella. Lo dije en voz alta. Mierda. Pero deben saber que Bella es igual que yo, Me despido de mis padres para irme a la cama, me acuesto boca arriba y miro el techo con una gran sonrisa pues mañana llega mi próxima víctima de despido y eso me pone de buen humor. Otra chica, señora, o anciana que lamentara haberse  metido en mi empresa. Me pongo un traje n***o con una camisa negra y corbata de igual color, cepillo mi cabello acomodándolo como me gusta y el costoso reloj que adorna mi muñeca izquierda se ve perfecto. Manejo hasta la oficina en el Ferrari n***o estaciono y me dirijo al ascensor presiono el botón que sube hasta mi piso y al llegar me percato de qué hay un café humeante en el escritorio de donde se supone que debe de estar mi secretaria pero no hay nadie solo el café y un celular. Entro en mi oficina cerrando la puerta, al parecer mi nueva asistente ya llego pero no está en su sitio. Perfecto. Error número uno. Una hora pasa y mi presa no aparece ya que he salido un par de veces y ella no está en su lugar, tamborileo mis dedos en la mesa en la espera de escuchar pasos pero nada. Mejor me pongo a revisar mis documentos de exportación e importación con Italia y Brasil, tocan la puerta dos veces, son toques suaves. —Pase—consigo el tono frío que quería. La puerta se abre y cierra, levanto la vista y me encuentro con una chica hermosa, cabello castaño claro bien acomodado para un lado pero suelto, una blusa con escote que resalta sus pechos a la perfección, la falda negra bien acomodada y planchada ocultando las piernas que de seguro son más largas de lo que aparentan, unos tacones altos del color de la falda, mis ojos buscan su cara, sus labios están pintados de rojo y no cualquier rojo uno intenso y llamativo, sus ojos, por Dios sus ojos son entre azules y morados, trago saliva, pero revienta mi burbuja. —Soy su nueva secretaria.

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