-Soy su nueva secretaria-digo y él se queda estático en su silla.
Dios.
¿Este es mi jefe?
Maldita sea.
Esta guapísimo.
Cabello n***o como la oscuridad, ojos azules como el mar, puedo ver que tiene un cuerpo que envidian muchos pero que nunca consiguen.
-Siéntese-indica y mis piernas seden a esa orden-¿Por qué cuando llegue no la vi en su lugar?-trago saliva.
-Fui por unas copias que necesitaba para poder empezar con lo que la otra secretaria hizo mal-arquea una de sus cejas.
Guapo es poco.
-Señorita, este es su primer día, así que le pido que esto no se repita, cuando yo llegue usted tiene que estar sentada y ya trabajando-No creo hablar con una persona-. Primera advertencia no abra segunda retírese.
Salgo de ese lugar sintiéndome mal, pues no esperaba que fuera así, cuando me llamaron para el empleo pensé que por la descripción que me dieron era un hombre mayor y algo gruñón, no un hombre de unos años mayor que yo o que tuviera ese cuerpo. Trabajo mis horas como deben ser, acomodo los papeles mal ordenados y reviso los documentos que están mal.
-¿Está mi hermano?-pregunta una voz, levanto lo vista y es un joven castaño con ojos marrones y piel del color del hombre que me dio mi primer regaño.
-Sí-me estoy a punto de levantarme cuando él mismo abre y cierra la puerta.
Genial.
Me van a despedir.
Pero no, ya he aguantado a muchos hombres y Harry Jackson no será la excepción.
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Entro con los documentos en las manos y los dejo en el escritorio sin decirle y sin que me diga nada, he aprendido en este mes ha no dejarme manipular por él y saber cuando sabotea mi trabajo. Salgo de la oficina y me siento en mi lugar.
Las nueve y media de la noche es la hora que me tocó salir hoy, avanzo hasta el ascensor entro sin demora y mi amado jefe también entra en el ascensor, me arrincono en un lugar para perderme en mis pensamientos, las puertas se abren y salimos sin pronunciar palabra, llegamos hasta la salida y me abre la puerta para cederme el paso lo cual acepto, salgo y me dirijo a tomar un taxi el cual se para y lo tomo, doy la dirección de mi departamento y en menos de veinte minutos ya estoy ahí, pago y subo por las escaleras al llegar veo el que mi luz está encendida cuando yo la apague, entro para toparme con Fernanda.
-¿Qué haces aquí?-pregunto y me siento frente a Elsa.
-Bueno parece que no te fue bien hoy-dice viendo mis gestos-vámonos de antro-niego-hay vamos será divertido.
-Tengo trabajo mañana-digo-y mi jefe es algo especial no me perdonará que llegue con resaca.
-No seas aburrida-me encojo de hombros.
-De acuerdo-casi brinca en la silla.
En el antro hay demasiadas personas que bailan al ritmo de la música, otras solamente beben, y algunas parecen que se follaran en el lugar, nos sentamos en una mesa con los demás, en ella están Perla, Paty, Diego y Miguel todos amigos de la universidad o grados anteriores, me saludan con una sonrisa enorme.
-Hola guapa-dice Diego.
-Mi novia se enojara si salgo contigo-dice Miguel-lastima que ella está aquí al lado-Perla le da un codazo en las costillas y todos reímos.
-Voy por algo de beber-avisó y me dirijo a la barra donde el chico que atiende me da una cerveza.
La bebo por tragos, y me sirve otra porque la pido, no deja de lanzarme miradas coquetas, hasta que deja de hacerlo, de la nada siento una respiración en mi cuello, miro al chico y solo baja la mirada.
-Sabes que mañana tienes que ir a trabajar-casi se me detiene el corazón por su culpa-. Así que cuida tus tragos.
-Solo llevo dos cervezas-consigo hablar después de un momento. Me giro y lleva el mismo traje de la tarde-además no afectará mi trabajo.
-No quiero que sigas bebiendo-semblante frío.
-¿Perdón?-Esto no es el trabajo-usted solo me manda en la oficina aquí no, fuera del edificio soy libre de su autoridad.
Arquea una ceja y solo hace que se vea guapísimo, nos estamos matando con las miradas una tos me interrumpe y giro mi vista a Diego quien está a unos metros de mí.
-Roki, ¿estás bien?-asiento despacio y regreso mi vista a mi jefe.
-Con permiso pero tengo cosas que hacer-me levanto de la silla y camino a donde está Diego.
-Te veo mañana Raquel-dice y sigo mi camino.
En la mañana ha me pongo la falda negra y los tacones que me encantan junto con una blusa tinta pegada al cuerpo, salgo del departamento para ir a trabajar. Llego a muy buena hora y empiezo con mi ritmo de trabajo normal, agendo un par de citas para el martes y otras cuatro para el miércoles tecleo un horario en la computadora cuando el elevador se abre y mi jefe entra con a seriedad de siempre.
-Mañana, arreglo eso Thalía-su esposa lo más seguro-No lo haré y dile que se vaya al diablo... no Thalía no quiero ir a tu boda-falsa alarma-de acuerdo.
Tomo un trago de mi café y entra sin decir nada más.
Dos horas de trabajo, tecleo algo en la computadora y las puertas del elevador se abren para dejar pasar a una chica rubia de una figura envidiable cosa que yo no hago porque tengo buen cuerpo ni gorda ni delgada estoy normal y la silueta bien marcada al igual que la rubia, saluda amablemente y no pide permiso para entrar solo entra y cierra la puerta, me pongo mis audífonos porque sé que ruidos saldrán de esas paredes y la verdad no quiero escuchar.
Te comportas como uno de diez o seis.
¿Como escaparé?
Mírate por Dios escúchate.
Subo la música para mi mayor seguridad y tranquilidad, recuerdo a la rubia que entro hace un momento, unos tacones negros acompañados de un vestido rojo que le llagaba a las rodillas y resaltaba su figura a la perfección, no le envidio nada pero... mejor sigo trabajando.