Hace mucho que no veía a mi mejor amiga y esta como la recuerdo con un cuerpo bien formado que me provocan ganas de llevarla a la cama pero eso no se puede por la razón que me cuesta todavía creerlo pero es costumbre de ella hacer babear a quien la vea, se sienta en el sillón, cruza las piernas y sonríe.
-Pensé que te alegraría verme Harry-me levanto de la silla y me pongo frente a ella-¿Quién es la hermosa chica que está afuera?
-Mi secretaria-digo irritado-¿por?
-Está buenísima-dice mordiéndose el labio-Dime que no te la haz tirado.
-No, no lo he hecho-sonríe con malicia-Puedes dejar de hacer eso.
-Hay vamos Harry, solo quiero un poco de diversión-nunca cambia.
-Lorena, bájale a tu calentura-tomo un trago del vodka-si fueras hombre serías un mujeriego.
-Tu lo haz dicho-toma el vaso de whisky y se lo toma de un trago-tendría récord o por lo menos les iría ganando a ti y a Enrique.
-No cabe duda-doy un trago de nuevo.
-Pero volviendo al tema-dice acomodándose-la chica esta como quiere y si tú no te la tiras o... Enrique ya la vio.
-No la ha visto porque al igual que tú no ha venido-sonríe con malicia, saca su teléfono y envía un mensaje-. No volveré a apostar con ustedes-digo levantándome para servirme más vodka.
Después de veinte minutos Enrique llega sonriendo seguido de mi secretaria que deja un documento en el escritorio y se retira, tomo el documento lo leo tres veces y lo firmo dejándolo en su lugar.
-¿Para que me llamaron?-pregunta Enrique.
-¿No viste al bombón que entro?-le dice Lorena.
-¡Claro! Como no verlo si esta buenísimo-suspira frustrado.
-Pues ese es el motivo-sacudo la cabeza y me siento en el sillón junto a Enrique-haremos la apuesta de quien se la lleva a su cama primero.
-Le entro-No espera para nada-. Pero que quede claro que no juego con sentimientos.
-No los abra-digo frío-y yo no entro.
-Entras cariño-odio cuando se pone en ese plan-ella esta como quiere y podemos empezar a jugar otra vez.
-La última vez que hicimos un juego así Enrique terminó siendo padre de una niña-digo al recordarlo.
-¡Fue culpa de él no a ver usado un maldito condón!-ruge ella y recuerdo el maldito talento de cambiar las cosas que tiene.
-No metan a Elena en esto-es su hija y la defiende-las cosas no salieron como lo esperaba y ahora soy padre soltero de una niña de dos años-la madre de la pequeña murió al dar a luz y Enrique se quedo con la niña.
-Pues si logras llevártela usa el condón-Está enojada y no es bueno.
-No voy a éntrale al juego-no había notado que mi hermano está adentro de la oficina.
-¿Ahora quien es la pobre chica?-Enrique y Lorena sonríen.
-La secretaria de afuera-mi hermano niega rápido.
-No, ella no-se pone de pie y da vueltas-Harry, mi padre te va a matar si sabe que ella es tu siguiente juego.
-¿Por qué?-inquiero.
-Solo no lo hagan-ruega.
-Lo siento pero yo si le entro-dice Lorena.
-También yo-dice Enrique.
Me miran y por unos momentos lo pienso pero con tal de ya no tener secretaria soy capaz de cualquier cosa.
-Acepto-digo y ellos sonríen menos Alex.
-Espero que se arrepientan-dice tomando un trago de whisky.
Cambiamos de tema pero al final ponemos las reglas del juego y son muy bien aprendidas por mí parte mi hermano solo niega, algo me oculta pero no me interesa mi objetivo está afuera sentada trabajando y aguantando todo el peso de los documentos que le di.
Son casi las once de la noche y seguimos en la oficina, solo nosotros dos, no intentaré nada hasta que el momento sea oportuno mientras no. Solo observaré su comportamiento por unos días antes de empezar a jugar mientras que Lorena y Enrique empiezan a jugar. Salgo de mi oficina y ella está transcribiendo algo la computadora, da un bostezo pero sigue escribiendo.
-¿Se puede saber que hace aquí tan tarde?-pregunto de manera fría.
-Estoy transcribiendo los papeles de importación-dice sin voltear a verme.
-Su turno termino a las nueve-digo.
-Lo sé pero debo terminarlo solo me queda este y otro más y ya me voy-Veo los documentos que transcribe y son más de veinte.
En un lugar hay cuatro y en otro hay más. Esta bien que sea un hijo de puta mandón pero no puedo dejarla a esta hora en la oficina. Me regreso ya que ya había llegado al ascensor, la hago a un lado guardo el documento y apago la computadora.
-Señor, ¿que está haciendo?-pregunta molesta.
-Se retira-Es todo lo que digo y salió frío como quería.
Se levanta renegando y maldiciendo, pero por algún motivo me da risa sin embargo me la aguanto. Llegamos al ascensor y bajamos como cada noche y los actos de caballerosidad salen sin poder evitarlo, le abro la puerta y ella lo acepta sale primero y da un bostezo de nuevo, después como cada noche nos alejamos cada quien por su lado, un claxon se escucha pero no le tomo importancia hasta que escucho el grito que ella da.
Maldigo por lo que voy a hacer.
Me doy la vuelta y ella está discutiendo con un joven de unos veintitantos, de cabello oscuro y sabe de qué color los ojos.
Guardo distancia por si acaso.
-Te dije que me importaba una mierda tus explicaciones-lo que le haya hecho le dolió y se nota en su voz.
-Amor, perdóname-¿amor?
-¡Veté a la mierda!-ya la conozco enojada y lo fría que puede ser. Lo ha usado conmigo un par de veces.
-Cariño tú eres mía-suelta una carcajada llena de intención negativa.
-Tuya la puta por la que me dejaste-se suelta de su agarre y camina a otro lado.
Me ve y se detiene en seco, pero al parecer el sujeto no me ha visto y la gira de nuevo hacia él.
-¡Suéltame!-no lo hagas.
No lo hagas Harry.
No lo hagas Harry.
Y lo hago.
-Creo que la señorita te pidió que la soltaras-mi voz es firme.
El chico levanta la vista y me ve pero no la suelta.
-Perdón pero mi prometida es algo exagerada-dice el chico.
-No soy tu prometida-se queja Raquel-y ya suéltame, Logan me lastimas.
-¿Puede soltarla?-respiró frustrado.
Él le susurra algo y ella suelta una lágrima, la suelta, se sube al auto y se va.
-¡En tu maldita vida me vuelvas a buscar!-grita ella cuando el auto se pone en movimiento.
Soy un hijo de puta bien echo.
Me acerco a ella y la ayudo a levantarse ya que se dejó caer para romperse una pierna lo más seguro, toma mi mano para levantarse y parece triste pero no dice nada.
-Gracias-dice después de un momento.
-De nada, pero ¿por qué agradeces?-se encoge de hombros.
-Por ayudarme a pararme y a quitarme a ese idiota-sonríe débilmente y avanza hasta llegar a la calle donde toma un taxi.
Llego a mi casa, me encierro en mi cuarto y la imagen de ella llorando me desarma.
¿Qué me estás haciendo Raquel? ¿Por qué no te saco de mi cabeza?
Maldigo en voz alta.
No puedo dejar de pensar en ella y solo lleva trabajando para mí un mes, vaya que lo soporta. Al principio quería que se fuera porque no la necesito como secretaria, ahora no sé qué quiero.