—Maadii. Entorno la puerta de su baño. Un baño amplio con tina principesca y azulejos rosados. —No quiero irme a dormir —dice, arrugando la frente y sin dejar de cepillarse los dientes. —No quieres —me apoyo en el marco—, pero tienes qué. —¡Quería quedarme con Jean y los demás! —refunfuña con su boca llena de espuma y pasta dental. —Mañana apenas te levantes los vas a ver a todos —le alcanzo una toalla de mano suave, afelpada y que va a tono con el resto del baño. —¡Eso no es justo! ¡No es justo mamá! ¡Yo quiero estar despierta hasta más tarde! Pongo mi mejor cara de seriedad y cuelgo la toalla en el exhibidor. —Anda, ve a saludar. —¡Pero mamá! —Sin peros, Danielle. Le das un beso al abuelo, a tu padre y a los tíos, y venimos al cuarto. —¡Es muy injusto! A pesar de

