Dos días habían pasado y mamá y yo nos mudamos al departamento en el centro de la ciudad. El primer día nos quedamos admirando la ciudad toda la tarde. Cenamos viendo las luces nocturnas y no encendimos las luces dentro solo para que estas se colaran al interior. Ese fin de semana fuimos a la casa a buscar nuestras pertenencias. Me llevé la bicicleta que me habían obsequiado el día de mi cumpleaños, muchos libros y el resto de mi ropa y calzado. Papá nos pidió perdón de rodillas, le rogó a mi madre que regresara a casa y le suplicó que volviera a la empresa, pues se había retirado y había dejado a un representante legal a cargo. Yo no lo perdoné. Los recuerdos eran frescos y dolorosos. Y mamá tampoco lo perdonó. Khaled, —alguien totalmente ajeno al asunto— decidió apoyarnos —y ayudarn

