—¡Buenos días, papi! —Serena exclamó eufórica muy temprano en la mañana. Aquiles se removió en su cama y ella se aproximó entusiasmada hasta posicionarse a un lado, con un presente sobre sus piernas. —Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti... —empezó a cantarle sonriente. Aquiles se terminó de incorporar, maravillado por la alegría contagiosa de Serena. —Buenos días princesa... es temprano. Ella extendió el presente. —Quería ser la primera en felicitarte. ¡Espero que te guste! Aquiles aceptó con una queda sonrisa aquel objeto cuadrado envuelto en un brillante papel negr0 con un moño azul. Serena expresaba una electrizante impaciencia esperando que lo abriera. —Gracias... ¿Qué será? ¿Qué será? —preguntó sacudiendo ligeramente el obsequio cerca de su oído. Finalmente, él

