CAPÍTULO CUATRO Ella y Byford se sentaron juntos en la parte trasera del taxi de camino a la nueva escena del crimen. Habían estado sentados en la clase turista en el vuelo de ida y ni siquiera habían estado sentados juntos. Debía de ser una ventaja de la notoriedad de Mia lo que les había permitido ir en clase ejecutiva en sus vuelos anteriores. Parecía un hombre bastante correcto, pero a ella le parecía un poco cerrado. Siempre estaba con la cabeza gacha, escondido en su computadora portátil o en el expediente del caso. Dijo que tendrían mucho de qué hablar, pero no se había esforzado hasta ahora. —Nigel, he oído que eres de la lucha antiterrorista, ¿es así? —preguntó Ella. Byford no levantó la vista. Siguió tecleando en su computadora. —Lo soy. Pasé más de diez años allí. ¿De dónde

