CAPÍTULO TRES Mia Ripley se encontraba en el interior de un apartamento del último piso de Manhattan. El cuerpo de un hombre joven yacía en un sofá gris de felpa, con dos agujeros abiertos a ambos lados del cráneo. Algunos técnicos forenses revisaban la zona mientras Mia observaba su entorno. Era un edificio encantador, hogar de banqueros jubilados y jóvenes profesionales en su mayoría. Pero en lugares como ese, o en cualquier complejo de apartamentos lujosos de cualquier gran ciudad, siempre había una constante: el s******o. Mia recorrió la casa de una sola planta, admirando la decoración, examinando el contenido abandonado. En una mesa de centro, frente al hombre, había un mando a distancia. Junto a él había un vaso de agua y al lado una revista de pesca. En la mano derecha del hombre

