CAPÍTULO SIETE Los sentimientos inundaron a Ella, sensaciones que crecieron exponencialmente. Se paseó por su despacho como un animal enjaulado. Byford la ignoró mientras tecleaba en su computadora portátil. En este momento, Mia la habría presionado para que soltara sus teorías. Lo que necesitaba en ese momento era otra mente con la que intercambiar ideas, darles forma y moldearlas en planes factibles. Ansiaba el oído de un experto para filtrar sus confusos pensamientos, pero Byford no parecía nada interesado. Pero, no podía sentirse demasiado frustrada con él. La había salvado de una mujer histérica hacía unas horas. Comenzó a escribir en la pizarra, pero sus pensamientos se desviaron demasiado como para hacer anotaciones coherentes. —Ella, ¿qué pasa? —preguntó Byford, finalmente. Por

