Capítulo 4: La cita con el magnate
Cuando me acercaba él alzó la vista de su teléfono hacia mí, deslizando sus ojos azules por todo mi cuerpo con lentitud, sentí que dejé de respirar cuando me detuve frente a él con el corazón acelerado.
Es que cada vez que me veía así, provocaba miles de cosas en mí.
Joder, nunca había estado tan nerviosa.
—Hola señorita Margareth —dijo George, su voz profunda hipnotizándome—, estás preciosa.
«Ay Dios míos».
Tragué saliva.
—Tu igual —dije con una ligera sonrisa.
Él sonrió como única respuesta y tuve que recordarme que no era sano quedarme mirando a las personas como una completa estúpida.
Mucho menos a él.
George me abrió la puerta de su auto tocándome ligeramente la espalda baja para ayudarme, el leve roce mandó algo parecido a un estremecimiento a toda mi espalda, calentándome todo el cuerpo en cuestión de segundos.
Me monté en el asiento y me cerró la puerta para caminar al asiento de copiloto, tragué pesadamente saliva.
«Joder, respira, Margareth».
Se acomodó y arrancó el auto, verlo manejar era sexy, la manera en que su ceno se fruncia levemente en concentración, en que sus brazos se contraían, definitivamente, me encantaba.
—¿A dónde vamos? —pregunté intentando enfocar mi mirada al frente.
—¿Te gusta la comida asiática? —preguntó.
—No desde el Covid. —bromee, aunque no era del todo mentira.
George soltó una ligera carcajada, casi me erizó la piel, incluso su risa era sexy.
—Es broma —dije—, me gusta el sushi de vez en cuando.
—Tranquila —dijo—, te llevaré a un lugar nuevo que me dijeron que venden comida de todo tipo.
Uhm, ¿un lugar nuevo? Eso sonaba bien para mí.
—Me gusta la comida de todo tipo. —me limité a decir.
El lugar era un sitio cercano a costa, estacionó el auto y se bajó para abrirme la puerta ayudándome a bajar y yendo conmigo aun aferrando mi brazo hacia dentro del restaurante.
Nunca había tenido tanta atención.
Me encantaba su atención.
No dejaba de preguntarme si esto era alguna clase de sueño loco.
Tomamos asiento y nos atendieron, pedimos nuestras comidas y por fin estuvimos frente a frente, sus ojos azules examinándome yo solo me enfocaba en no parecer nerviosa.
—Cuéntame de ti —dijo haciendo conversación inclinándose hacia adelante—, ¿divorciada, hijos…?
—Eh no —me reí un poco— de hecho, no estuve novio desde que entre a la universidad, solo quería graduarme.
Él alzó una ceja incrédulo, temí que pensara que era toda una perdedora puritana.
—Te casaste con tu arte. —dijo.
—Algo así —dije—, no quería distraerme.
Mi meta era mi carrera, graduarme rápido y luego trabajar en lo que amaba. Trajeron la comida y comimos mientras me preguntaba de lo que mas amaba yo del arte, yo comencé a hablar de lo hermoso que era pintar, de los colores de la historia, hasta que me di cuenta de que estaba hablando demasiado.
—Perdón —dije—, es que… es mi tema favorito y no sé cuándo callarme.
—Tranquila, me gusta escuchar a alguien hablar de algo que ama —se limitó a decir.
Compartimos una sonrisa y terminamos de comer, lo malo de los restaurantes caros, eran que servían muy poquita comida asi que terminamos rápido. Al terminar, George se levantó ofreciéndome una mano, no comprendí a donde quería que lo acompañara, pero, aun así, tomé su mano y lo seguí sin preguntar.
Salimos al patio del restaurante que daba a la playa, había mucha brisa fría alrededor.
—No ves el amor como una prioridad. —dijo de repente, lo miré.
—Si creo en el amor —dije—, solo que simplemente no lo he encontrado ¿y tú?
—¿Yo qué? —dijo sin comprender.
—¿Crees en el amor? —pregunté.
—Creo que el amor no existe. —dijo.
Fruncí los labios.
—¿Entonces no has salido con nadie? —Pregunté.
—Sí, solo que... —me miró tal vez para evaluar mi reacción— Sin compromisos.
Oh.
Sentí que me había explotado mi burbuja de fantasía de historia de amor.
—Ah entonces eres de esos. —murmuré.
—¿De esos? —dijo con algo de burla.
—De esos hombres que solo tienen un objetivo. —explicó.
—¿Cuál es el objetivo? —dijo.
Me detuve para hacerle frente, ante la media oscuridad lucía bastante hipnótica su belleza.
«No le gusta los compromisos».
—Tú lo sabes, yo lo sé, todos lo sabemos —dije—, follar sin sentimientos.
Sus ojos azules examinaron mi rostro.
—No diría que sin sentimientos —dijo—, tal vez, follar con atracción.
Dio un paso hacia mi ocasionando que dejara de respirar, su mirada fija en la mía acelerándome el pulso, alzó la mano y pasó un dedo por el contorno de mis labios estremeciéndome.
Maldición, estaba rendida a él, pero… sabía que esto no iría a algo más allá, no habría relación.
—Entonces esto fue una cita de una noche. —dije.
Él relamió sus labios y tomó mi mano.
—Ven.
Fruncí los labios, pero aun así lo seguí hacia las motos de agua que estaban en la playa, observando cómo se quitaba los zapatos.
—¿Estas loco? —pregunté incrédula.
—Disfruta —dijo.
A la mierda, esta noche no quería pensar en nada.
Me quité los zapatos y fui con él a la moto de agua abrazándome a su cintura cuando arrancó fingiendo por un momento que era una rebelde.
Si tenia que pasar una noche loca, entonces, sería con él… me arrepentiría por la mañana.
Solo que no sabía que esa noche todo cambiaria y nuestros destinos se unirían por siempre.