Capítulo: 4

2280 Words
Ava. Luego de comprobar mi inocencia creí que me sacarían de este horrible lugar pero para mí horror no fue así. Paden y su amigo se fueron. Al verme sola en ese feo y frío sitio no pude evitar llorar de frustración y miedo. Tenía tiempo que no lloraba, yo me había vuelto inmune a eso cuando quedé huérfana y me tocó ser fuerte para no caer en la desesperación. Me acurruco en el camastro abrazando mis piernas y muerdo mis labios porque me está gruñendo el estómago. No como nada desde hace un par de días y me estoy comenzando a sentir mareada. Tengo que soportar, soy una mujer fuerte. Debo enfocar todas mis energías en sobrevivir. Miro los barrotes y la pared mohosa y húmeda que me hace dar más frío. No hay una manta para cubrirme, y creo que mi estadía aquí será para largo. Tengo miedo. Aunque una parte de mi está eufórica porque conoció a su ídolo la otra está aterrorizada porque este es un psicópata que no duda en matar para lograr lo que desea. Paden Armstrong es un guerrero por excelencia. No mostrará piedad por mí, y al dejarme aquí luego de que comprobó que le dije la verdad me lo ha dejado claro. He sido una tonta y él se me ha caído del pedestal. Bah, mentiras si ese hombre vuelve y me mira con sus impresiones ojos azules seguro caigo a sus brazos sin dar un segundo pensamiento. Así que de embrujada me trae. Seguro se asquearia si supiera todo lo que pienso de él. Me llamaría loca obsesiva y ahora sí que jamás me soltaría. Aparte de pensar lo que patética por enamorarme de un hombre que murió siglos atrás. Si Ava eres una tonta. No sé en qué momento me dormí, pero me desperté de un brinco cuando los barrotes fueron sacudidos de un golpe. Un guardia me sonríe burlón y yo tengo ganas de darle una bofetada, lo cual me abstengo porque el tipo es el doble de mi tamaño y si me la devuelve seguro me noquea. Bufo irritada colocándome las bragas de niña grande para enfrentarme a lo que sea que se me venga encima. —Fuera Forastera...Te llevaremos ante el Ceannard—Enuncia el Guardia serio, el cual se irrita cuando yo lo miro confundida. —¿Para que me quiere?...Ya sé que soy su prisionera—Digo con desconfianza, veo que él rueda sus ojos y en dos zancadas me toma del brazo con fuerza y me saca arrastrandome por el pasillo. Intento caminar, pero me es difícil así que solo me dejo llevar como una muñeca de trapo. Maldita sea. Entramos en un salón donde en el centro hay una mesa larga llena de comida, en especial carne y verdura. Hay hombres enormes que están comiendo con las manos y ríen a carcajadas. En la cabeza de la mesa está Paden tan imponente como la última vez que lo ví y mi corazón traicionero se acelera al verle. Joder Ava, que te tiene como su prisionera. No puedes sufrir síndrome de Estocolmo. Inmediatamente todos se callan y dejan de comer para mirarme. Y sé que es porque estoy sucia, el pelo revuelto y debo oler espantoso por los días en ese calabozo. —Gente, ella es Ava Clark, y es mi prisionera...No es una espía pero tampoco la voy a dejar ir. Me servirá hasta que decida lo contrario¡Mérida! Ven aquí y dale una ropa de cambio para que empiece con sus labores de sirvienta—Ordena Paden sereno. Logrando que los presentes asientan. Veo venir a la tal Mérida que corre hacia mi mirándome de arriba abajo y yo me obligo a no rodar mis ojos porque no soy un extraterrestre. Solo una viejera del tiempo. Creo que un extraterrestre sería más creíble. Mientras la señora mayor llamada Mérida me lleva por unos pasillos no puedo evitar ver con anhelo la comida pensando en lo mucho que tengo hambre. Me resigno a pensar que quizás comeré más tarde o sino quien sabe. La señora Mérida abre un cuartito pequeño y saca un vestido simple color verde y un delantal. —Póntelo rápido...Al Ceannard no le gusta la lentitud—Incita la mujer y yo nerviosa miro a los lados para ver si alguien viene. Me quito la ropa sucia y rota miro que hay un cuenco con agua de dónde me lavo la cara y el cuello. Me gustaría un baño a más profundidad pero supongo que como soy una prisionera ahora sirvienta esos son privilegios no son para mí. Deslizo el vestido que se ajusta a mi cintura al amarrarle el delantal. Recojo mi cabello castaño con una liga que milagrosamente se mantuvo en mi muñeca y listo. —¿Que tengo que hacer? No más decir eso la pequeña mujer mayor se volvió peor que un militar dando órdenes. Me tuvo de aquí para halla cosa que agradezco porque así me distraigo del hambre que azota mi estómago. Barro, trapeo, paso coleto en el piso de rodillas hasta dejarlos casi brillantes. Las manos me palpitan y mi espalda se resiente. Cuando me levanto ahogo un jadeo de dolor. Tengo que acostumbrarme porque sino logro salir de aquí esta será mi vida hasta que me muera. Ese pensamiento me causa tristeza, la cual me sacudo porque tengo que ser fuerte. De la nada un fornido hombre sale a mi derecha y me mira con el ceño fruncido. Yo tensa sigo con mi trabajo pero esta vez dirigiéndome a otro pasillo. Aunque debí saber que él no lo dejaría estar. Porque me toma del brazo que ya me dolía por culpa del guardia que me sacó del calabozo está mañana. Jadeo dolorida. —¿Quien eres? No te había visto. ¿Eres una esclava? Y una muy bonita—Dice el sujeto con lasciva logrando que me tense y busque liberarme. —Noo por favor déjeme, soy una simple sirvienta—Suplico desesperada, siendo en vano cuando me empotra contra la pared y el impacto me saca el aire. Mierda, a este paso tendré más hematomas que piel. —Seas quien seas, si no un coño al cual follar—Verborrea el enorme tipo subiendo mi vestido ahí ya lloraba desesperada tratando sin éxito de apartarlo. —¡Noo, aahh auxilio! Es lo único que logro articular cuando recibo una gran bofetada del Guerrero que me hace ver estrellas. Justo cuando creí que me violaria y perdería mi inocencia de la peor manera jadeo de alivio al sentir que su peso se me es quitado de encima para oír gruñidos de dolor y huesos romperse. Miro borroso pero lo que veo me deja impactada porque Paden le está sacado la mierda a punta de golpes. El tipo está casi inerte en el piso, y por mi bienestar mental me digo que solo está desmayado y no muerto. Con la vista más clara pero aún sintiéndome como la mierda veo como un agitado y lleno de sangre Paden se gira a mi. Su cercanía me hace encogerme sobre mi misma. Por favor no más daño. No me siento bien. Paden no le importa invadir mi espacio personal y su olor me cautiva. Lo malo es que mi cuerpo está tan debilitado que al sentirme a salvo ya no hay razón para seguir luchando. Así que dejándome ir mi mundo se oscurece avistando antes de perder el conocimiento fue la expresión de sorpresa en el guerrero. Paden. Me pasé el día creando estrategias con mis consejeros y mi sargento primero Greer quien se encarga de entrenar a mis guerreros. Algunas veces lo hago yo cuando deseo quitarme el estrés. Aunque mayormente se me quita cuando me cojo algún coño. Recordar a la Viajera, a la pequeña Ava mi polla se sacudió. Eso me tensó y causó revuelo dentro de mí, y no importaba verla sucia y maloliente. Eso no le resta belleza en lo absoluto. Debo tener cuidado, ella es solo un medio para un fin. La usaré para ganar mis próximas batallas. Ella debe saber que sucederá así que lo usaré a mi favor. Que me sea útil no significa que la trataré como a una lady. No, ella es mi prisionera. Será mi sirvienta personal, haré que me sirva solo a mí. Mía y de nadie más. Ese pensamiento tan posesivo me inquieta pero no le doy tanta importancia porque quizás cuando me la folle se me quite el entusiasmo. Además que es un coño virgen, y al probarla se acabará todo. Termino de hacer mis cosas y salgo de la sala de reuniones para ir a los aposentos a darme un baño relajante. Cuando un jadeo de terror femenino me detiene. ¿Que rayos? Iba a pasar de largo porque no me interesa si uno de mis guardias se está cogiendo a una de mis sirvientas cuando una conocida melena castaña me llama la atención. Y ahí veo rojo. Corro hacia ellos y le quito de encima al maldito que se atrevió a tocar lo que es mío. Solo yo tengo derecho a tocar su cuerpo, solo yo tengo derecho a provocar su miedo. Ella es mía para poseer. Mi guerrero no es rival para mis golpes, ya que lo tengo reducido en el suelo machando su cara. Siento el crujir del hueso de su mandíbula y eso me causa tanta satisfacción. Ya muerto porque así me encargué de tenerlo me giro a ella que aterrada está acurrucada contra la pared. No me importa estar lleno de sangre, nunca me ha molestado ni lo hará ahora. La noto aturdida y asustada como también el momento exacto en que sus ojos se cierran. Y en un acto de lastima la agarrro antes de que caiga al suelo. Vaya, esto ya se está haciendo costumbre. Ya es la segunda vez que se desmaya en mis brazos. Enseguida otros de mis guardias entran en el pasillo y miran a su compañero en el piso muerto. —Deshagan el cadáver...Y miren se en él si se les ocurre tocar lo que me pertenece—Señalo serio. —¡Si Ceannard!—Dicen los Guardias solemnes. Sin más que agregar me giro en mis talones cargando el peso ligero de la Viajera que no se digna a despertar. Quiero privacidad. Ya es hora de que me diga todo lo que necesito saber. Y en mis aposentos nadie lo hará. Nadie tiene permitido ir allí, nada más una empleada de confianza. La cual es Mérida, y ahora Ava, que aunque no confío en ella la necesito para mis planes. Es ganar, ganar. Abro con un empuje de mis caderas y cierro la puerta con una ligera patada. Decido donde la acuesto y me digo que ella no será la primera mujer que duerma en mi cama. Ni siquiera me la he follado todavía para darle ese privilegio. Así que la acuesto en el sofá lleno de piel de animal donde a veces afilo mis cuchillos y lanzas. Ella jadea y eso causa que tense la mandíbula porque eso fue un sonido sexy pero me obligo a calmarme. Ava se remueve próxima a despertarse y yo la observo cruzando mis brazos. Cuando sus ojos cafés se abren por fin y me miran se sobresalta. —Yoo...El...¿Que pasó?—Balbucea Ava confundida. —Lo maté, se atrevió a tocar lo que no es suyo—Contesto sereno avistando sorpresa y horror en sus facciones. —Jesuscristo....Oye yo no soy tuya. No soy un objeto—Alega la Ojicafé inquieta ante la mirada fría que le lanzo. Y no puedo evitar sentirme divertido por lo ingenua que es. —Lo eres, me perteneces. Y nadie más que yo puede causarte dolor. O placer—Declaro directo yendo hacia ella que se encoge en el sillón tratando inútilmente de huir de mí. Pobre corderito iluso. Nadie escapa de mí. A menos que muera por mi mano. Noto la ira y la impotencia que brotan de ella cuando un sonido nos asalta y sus mejillas se colorean. —Ooh lo siento, tengo hambre...No como nada desde...No recuerdo desde cuándo no como—Musita Ava avergonzada. —¿Que tú qué?...Yo dí la orden de que te alimentaran, alguien más morirá hoy—Mascullo enojado e iba a salir a buscar a los guardias encargados de entregar la comida de mi prisionera. Pero una mano pequeña y suave me toma del bíceps jalando con nervios. —Noo por favor no más muertes por hoy...Yo puedo ir a la cocina y comer cualquier cosa—Ruega Ava desesperada sin soltar mi antebrazo. Ella jodidamente me está tocando. Porque rayos no la aparto de un manotazo como hago cuando alguien lo hace sin mi permiso. Ni a mis amantes con quienes me acuesto tienen tal privilegio. Me encabrona esto. Me aparto de su tacto fingiendo que nada pasó y ella se sonroja aún más. ¿Será que en otras partes de su cuerpo se pondrán tan rojas como su cara y cuello? Basta Paden Armstrong. —Ve a la cocina y sírvete lo que desees...Te necesito fuerte para las tareas que tendrás que hacer—Ordeno serio. —Eeh sí, sí gracias—Articula Ava emocionada saliendo inmediatamente de la recámara. Damn. No debería importarme si come o se muere de hambre. Ella es un medio para un fin, no más. Soy Paden Armstrong el guerrero más hijo de puta de la historia y no caeré por una chiquilla dulce y tímida. Me niego a eso. Mini glosario Gaélico Maighdeann: Doncella. Ceannard: Líder. bean-uasal: La señora Fuck: Mierda. Damn: Maldita sea.
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