5 Meses después.
Después de la boda organizaron todo y se fueron de luna de miel. Ashley pasó los primeros días descansando, pues su dolor de cabeza había menguado después de pensar que no lo lograría, de noches en desvelos y oscuros días, pero ya era un hecho y estaba casada. Su madre no se iba a salir con la suya tan fácilmente y eso era parte de lo que se había prometido.
No podía negar que le dolía de la manera que su madre la miraba y después de la boda no le hizo una sola llamada. Era realmente triste que ante sus ojos no valiera nada.
—¿Seguirás durmiendo? Afuera te espera un día hermoso para cambiar tu estado de ánimo.
—Ya me siento mejor.
—No es lo que gritan tus ojos tristes.
Ella lo miró y sonrió con falsedad —Nada nuevo, solo pienso en mi madre y su frialdad hacia mí. Me parece hasta mentira. Lo peor es que después de tanto tiempo no me acostumbro.
—¿Es normal que te lleves mal con tu madre o es que están enojadas recientemente? No quiero sonar molesto, pero es muy notorio su desacuerdo.
—Tenemos muchas diferencias desde la muerte de mi padre, por así decirlo.
—¡Qué ironía! Tú tienes la virtud de tener a tu madre contigo y odias pasar palabras con ella, más yo daría mi propia vida por un abrazo de la mía.
—No odio estar cerca de mi madre, te podría decir que es todo lo contrario. Si mantengo una distancia prudente es solo para no caer en su juego y seguir pensando que ella está errada.
—Insisto, tener a mamá es una bendición.
—¿Dónde están tus padres? —le preguntó al descubrir la tristeza en su mirada.
—Mi madre tenía una relación con un hombre que la abusó por años. Sufrió cada día de su vida mientras intentaba ser la mejor esposa y madre del mundo, yo podía ver sus lágrimas y compartir su dolor.
—Sé perfectamente lo que se siente vivir con un abusador en casa, pues es lo que me tocó con el nuevo marido de Iris.
—Yo decidí no vivirlo más e insistí en sacarla de ese círculo vicioso.
—¿Por eso estuviste en prisión? —preguntó por la expresión de rabia que pudo notar en el rostro de Steven.
—No. Cuando estaba convencido de que no podía vivir bajo el mismo techo que un cobarde, me fui de la casa y antes de marcharme le rogué que viniera conmigo, pero ella le tenía mucho miedo y se negó a dejarlo.
—Nos volvemos esclavos de nuestros sentimientos. Eso lo aprendí con mi madre y el amor que siente por su verdugo.
—La misma historia que alguna vez vivió mi madre, y yo entregué lo mejor de mí para sacarla de ese infierno, pero, pero no fue suficiente y ahora no está.
—¿Se quiso quedar con su marido?
Él asintió —Una noche me llamó. Dijo que no podía soportar más y que iba a buscarme a mi trabajo para irse a vivir conmigo. Yo la esperé, esperé su llamada y dos horas después, cuando mi celular sonó, quienes me llamaron fueron los encargados del forense para darme la peor noticia que un ser humano puede recibir. Ella ya no estaba en este mundo.
Ashley se quedó sorprendida con lo que estaba escuchando. Podía sentir el dolor de ese hombre con cada palabra, sus ojos enrojecidos y su voz quebrada tocaron lo más profundo de su ser. No sabía por qué él había desnudado su alma, pero ella estaba dispuesta a escucharlo.
—Salí a toda velocidad y cuando la encontré estaba en una plancha fría en el congelador de la morgue. Lloré como un loco, me inyectaron fuertes medicamentos para poder tranquilizar mi dolor, pero no pasaba. ¡No pasa, señorita, y todavía duele, su ausencia me duele! Me mata.
Ashley no pudo retener sus lágrimas, verlo quebrado la impactó y tocó su corazón. La pérdida más dolorosa que había experimentado había sido la de su padre, así que podía entender lo que estaba sintiendo en ese momento, pues podía verse en su reflejo
—¿Cómo murió? ¿Qué le pasó a tu madre?
—Esa noche, al parecer, salió a toda velocidad para encontrarse conmigo. Todo indica que perdió el control del volante y se fue por el puente. Dicen que su auto rodó por una colina y no se detuvo de dar vueltas, hasta caer al final al lado del río. Esas dos horas, mientras esperaba su llamada, estaban tratando de recuperar su cadáver.
—¡Lo siento mucho! No puedo ni imaginar el gran dolor que sentiste en ese momento.
—5 horas después logré dejar de llorar y me dijeron que tenía que buscar algunos documentos. Yo reaccioné y fui hasta donde ella vivía. No sé cómo llegué hasta allá, pues seguía drogado con los medicamentos. Toqué en varias ocasiones a la puerta, pero él no me respondió, aunque insistía. Ya de espalda para marcharme fue cuando recordé que me habían pedido esos documentos, así que como conocía todo el lugar logré entrar.
No fue muy difícil para mí y cuando entré estaba todo oscuro, intentando encender la luz me resbalé con algo que estaba en el piso. Como pude continúe y cuando encendí la luz, mi ropa estaba toda llena de sangre y el cuerpo sin vida de Robert estaba tendido en el piso. Intenté salir corriendo a buscar ayuda, pero los vecinos me detuvieron y, como conocían de la manera que nos tratábamos y las cosas que le hacía a mi madre, todos me acusaron y me llevaron a prisión.
—¿Qué le sucedió a ese hombre? ¿Qué pasó con el cuerpo de tu madre? ¡Oh no! Esto suena como una película de terror.
—Esto fue lo más doloroso, no pude despedirme de ella, no pude hacerlo. Me dejaron en prisión por 3 largos años, cada día de mi vida lloré su muerte y me dolía como el primer momento en que la vi en esa camilla fría e inerte.
Ashley sintió un inmenso deseo de abrazarlo, pues sentía su dolor, ella recordó el dolor que sintió con la pérdida de su padre, pero se detuvo de hacer el acercamiento para no ser irrespetuosa. —¿Por qué duró tanto la investigación?
—Los vecinos afirmaban que salí corriendo de la casa lleno de sangre y afirmaron que siempre lo amenazaba con matarlo cuando me enteraba de que golpeaba a mi madre. Me salvó que el remordimiento llegara a la vida de la doctora Díaz y ella fue en mi defensa. En juicio, dejó claro que, en el momento en que ese señor fue asesinado, yo estaba inconsciente por los medicamentos. También agregó que mi cuerpo estaba muy débil para lograr heridas tan agresivas.
—¿Esperó tres años para declarar que eras inocente? ¡Dios, qué horror! ¿Qué le sucede al corazón de las personas?
—Ella se presentó con temor y lástima. La investigación duró un año y, después de corroborar las pruebas que mostró, obtuve mi libertad.
—Esa doctora fue tu ángel. Llegó tarde, pero hizo lo que debía hacer desde el principio —expresó Ashley mientras acariciaba su mano intentando darle consuelo de alguna manera.
—No me importaba que me dejaran allá adentro, mi vida estaba destruida y carecía de importancia, no pude despedirme de ella y ya nunca estará en mi vida. Regrese a mi apartamento y en ocasiones compre pastillas para acabar con mi vida, pero soy un cobarde y no lo pude hacer. Días después encontré a Stefania y ella me devolvió el deseo de vivir y seguir adelante.
—¡Wow! Es terrible por todo lo que tuviste que pasar.
—Los restos de mi madre están en una lápida del gobierno. Quiero pasarla a una privada y tener un lugar para poder visitarla. Es lo que más he deseado desde que obtuve mi libertad.
Ashley se acercó a él y le brindó un cálido abrazo. Él sintió ese aroma suave que destilaba de su piel y cerró sus ojos tratando de no llevarse por ese exquisito aroma, pero como siempre, él controló sus instintos e interrumpió en abrazo para colocar distancia entre los dos.
—Juntos le daremos un lugar privado a tu madre. Puedes contar conmigo.
—¡Muchas gracias, señorita Ashley!
—Debes decirme solo Ashley, ahora estamos casados y no se escucha bien tantas formalidades.
—Esto tomará un poco de tiempo, pero prometo aprender y dejar las formalidades. —terminó rascando su cabeza.
Él se dio un baño mientras ella leía un libro, solo que cuando él salió y se paseó por la habitación medio desnudo, llamó la atención de Ashley, y la desconcentró al instante.
Él estaba acomodando las cosas para dormir en el sofá como lo había hecho las dos noches anteriores, pero ella estaba algo tentada con el apuesto caballero y esa noche no se quedó en silencio.
—Duerme conmigo en la cama. — Él se sorprendió bastante con la invitación, ya que le había dicho donde tenía que dormir.
—No quiero incomodarla, gracias por la invitación. Buenas noches.
—¿No deseas acompañarme? —insistió.
Él no pudo negarse y se acomodó en el lado izquierdo de la cama. Ambos se durmieron, pero el calor de la piel de Steven la había despertado de su sueño. Ella lo contempló durmiendo. No podía creer que su cuerpo estuviera pidiendo un acercamiento. Ella, con mirar sus labios, se sintió tentada a probarlos y sintió cómo su v****a se había humedecido. Esa noche, por primera vez, Ashley deseó ser tocada. Ella había peleado con la tentación y se preguntaba cómo era posible que después de casada aún continuará virgen.
Peleando con los deseos de su cuerpo, cerró los ojos y se quedó dormida. Solo que no duró mucho rato para volver a despertar, pero esa vez él sintió que lo miraban y abrió los ojos encontrándose con los de ella.
—¿Te sientes incómoda? —le preguntó. Desconociendo la humedad en su pijama.
Ella no respondió, se acercó a sus labios y lo besó. Al principio él correspondió al beso, pero luego retrocedió. —Esto no es lo que está estipulado en el contrato, señorita. No hagas cosas de las cuales estoy seguro de que más adelante te puedes arrepentir.
Él tomó la almohada y se fue hacia el sofá. Ella se sintió despreciada, pero él tenía una erección que al levantarse ella pudo notar.
—¿Qué te pasa Ashley? —peleaba en su interior. —Trata de dormir y sacar de su cabeza todo el deseo que le provocaba estar a solas con ese hombre.
Era la primera vez que ella sentía esos instintos y, como no conocía nada al respecto, no sabía cómo manejarlos. Ella pasó la noche peleándose con su cuerpo hasta quedar dormida con su mano sobre su sexo húmedo y todo el deseo de ser devorada por el apuesto caballero.
—No caigas en tentación, Steven —se repetía tentado por esa silueta perfecta y ese sabor dulce y adictivo de sus labios.
Él lo último que deseaba era despreciarla, pero conocía las fronteras y altas montañas que había entré ellos, así que estaba firme en no jugar con fuego.