Fueron unos días en el hospital, en recuperación, al fin ya me encontraba en la habitación de mi casa, más tranquila, llena de calma y con la sensación en el cuerpo de que todo iría de bien a mejor. Del todo no estaba perfecta, pero ya podía despertar y no en la exaltación. Mamá, como una madre preocupada y dulce siempre estuvo cerca mío, aún no se despegaba, a veces tenía que decirle que se fuera a dormir, ella también debía descansar, le prometía estar bien. Fueron varias noches en el hospital que pedí estuviera conmigo, porque tenía miedo de cerrar los párpados y despertar en aquel cuarto oscuro. Afortunadamente, he ido superando esos miedos terribles que duelen, que te atrapan y de los que crees no escapar jamás. Desde el primer momento en que ese tipo me atrapó pensé que no saldría

