—¡No me has dicho como te fue hoy! —exclamó, alcancé a oírla desde la cocina. Ya estaba mirando qué me había dejado dentro del horno. Descubrí una estupenda y deliciosa lasagna una de mis comidas favoritas y cuánto amaba aquel mi madre me hacía. Ya con esto podía estar satisfecha. Bien se decía que barriguita llena corazón contento, pero ya yo me sentía feliz de solo verla. Empecé a engullir allí mismo, perdida en el deleite de mi paladar. Todo era realmente bueno, siempre me había gustado y mucho. —¿Cómo te ha ido con ese exámen? —sus ojos de color me evaluaron. —Bien, eso creo, aún no me dan los resultados, mamá. —Bueno —acarició mis hombros —. Ojalá sea una buena nota, perdona lo de esta mañana. —No importa —le sonreí —. Tienes toda la razón del mundo, mami. Debo poner más de

