—No trabajo aquí —esbocé una sonrisa —. El señor Matthew está en la cocina.
Iba a decirme otra cosa pero una de las dependientas apareció sosteniendo una sonrisa más hipócrita, pero el gesto hacia muchacho un poco dulce.
—Venga joven le voy a mostrar lo mejor que tenemos.
Me quedé en mi sitio prendada a ese desconocido, sentía que algo me tiraba a él. Luego avancé hasta su persona y toqué su camisa.
—Oye.
—¿Qué pasa?
—¿Podrías decirme cómo te llamas?
—Claro, soy Alexander y ¿y tú? —expresó amable.
—Jasmine.
—Es un nombre muy bonito, Jas.
—¿Jas? —me le quedé mirando extraño por como me había llamada.
—Sí, el apelativo de Jasmine, ¿te puedo decir Jas, no?
—Claro. —sonreí.
Después me dio una galleta y tuve que aceptarla para no ser grosera, pero sí me dio pena que apenas conociendolo me comprara algo.
—¿Qué haces sola aquí?
—Nada.
—¿Nada? ¿Estuviste llorando?
—¿Se me nota mucho? —hablé con la boca llena, abriendo los ojos de par en par.
—Un poco.
Y le narré lo sucedido. Atento escuchó toda la historia hasta que llegó la hora de irse.
—Ha sido un placer conocerte, eres una jovencita agradable.
—Igual. —le di la mano, así es como nos conocimos. Y luego volvimos a vernos en el parque.
*Alexander*
Hay tanto trabajo por hacer, tengo la mesa llena de muchos pendientes, resultando más agobiante el día. Mi secretaria entra y deja sobre mi escritorio un café cargado que hace mucho pedí. Es una completa incompetente. Ahora es que lo trae y no tengo ganas de beberlo ya.
—Claudia llévatelo, sí, llévatelo, por favor. —pone una cara de sorpresa.
Toma la taza de café de mi escritorio y se retira algo molesta por su forma de caminar. Yo estoy más furioso, hay muchas cosas por hacer, aún queda la mañana, pero esta pasa de volada. No creo que mi itinerario se cumpla por completo.
El teléfono suena a cada rato, lo tomo exhalando sonoro.
—Diga.
—¡Hermano! Cuánto tiempo sin hablar contigo, ¿saldremos esta noche a por unas copas y algo más?
Lo que faltaba.
—¿Arthur? No, no puedo, pero que bueno hablar contigo, ¿Que ha sido de tu vida? —le sigo la corriente, ni siquiera sé su nombre.
—Soy Tony, ¿quién es ese Arthur? —se echa a reír.
—Ya te recordé, Tony. ¿Cómo estás?
—Acabo de llegar a New York, con ganas de salir por ahí ¿Y tú?
—Tengo mucho trabajo, puede ser otro día.
—¿Estás en la compañía?
—Sí. —expiro.
—Entonces no te quito más tiempo, síguele echando ganas, nos veremos en cuanto tú puedas. Adiós, amigo.
—De acuerdo, estamos en contacto.
La llamada se acabó y yo me eché hacia atrás en mi silla giratoria, también me aflojé un poco la corbata que parecía asfixiarme. Lo único que me aliviaba es que esta noche tenía una salida con Jasmine, esa jovencita hacía de mis días más llevadero, no importa lo mal que podía pasarla todo el día, cuando ella aparecía era como si una estrella se colgara en mi cielo opaco. Me daba un poco de luz, siendo suficiente para poder hacer lo que quisiera, ella me recargaba con una sonrisa, la quería mucho. Y sentí otra cosa esa noche que no estaba bien.
Era inaceptable.
*Jasmine*
Fui a mi última clase del día, no podía dejar de pensar en lo del examen, solo esperaba que todo estuviera bien y tanto por eso y la tarea pudiera obtener un buen puntaje. Crucé los dedos y le pedí al cielo ese enorme milagro. Me había esforzado estudiando estos días, algún fruto ha de rendir el sacrificio, ¿no?
Caminé hasta la salida, donde el revoloteo de personas era exagerado, como solía pasar siempre. Yo me quedé antes me aproximé a la parada, allí tomaría el bus, o algún taxi, ya que tenía mesada de sobra y podría pagarlo. De pronto las nubes se aliaron para juntarse y liberar la lluvia, no un simple chubasco. Es que no podía ir peor el día, quizá ahí estaba mi señal de que todo saldria mal, sí, que pesimista estaba siendo ahora.
Bufé por enésima vez y me resistí a la idea de correr bajo la lluvia, puesto que no podía ser una buena idea. Me llené de paciencia absoluta para poder soportar el tiempo, esa tortuosa espera en la banca. Ojalá tuviese un auto, así me ahorraría el fastidio. Saqué mi teléfono y empecé a jugar, pero me aburrí muy rápido y terminé revisando el i********:, nada de feed interesantes, o publicaciones relevantes. Luego ya había dejado de llover y como aún no pasaba un medio de transporte que pudiera abordar, entonces me decidí ir a pie, así llegaría más rápido.
Antes del mediodía ya había llegado a casa. Mamá estaba mirando su telenovela favorita, cuando podía, casi siempre tenía que trabajar duro en el hospital.
—Hija, ¿no te has mojado con la lluvia?
—No te preocupes, esperé en la parada, mamá. ¿Qué hay de comer? —inquirí tirándome en el sofá libre. Ella pausó con el control remoto lo que estaba mirando.
—Hay algo de comida en el horno, ve y descúbrelo por ti misma.
Cómo bala me levanté del asiento y fui hacia donde me había indicado.