La noche de ese domingo, ya estaba en casa en mi habitación, sin saber cómo actuar cuando mamá llegara de trabajar. No sé si le había olvidado la conversa pendiente, pero me pediría explicaciones al respecto sobre nuestra salida. Esa que lo cambió todo. Tenía miedo de que se me notara esa diferencia, al fin y al cabo no solo era mi madre con un poderoso instinto, también enfermera y del tema sabía mucho. Me quedé en la cama, aorillada a los recuerdos que venían en hilo, suspendida me quedaba pensando mucho en lo acaecido. En ese momento algo golpeó el vidrio de mi ventana y di un brinquito, asustada por el suceso espontáneo. Algo confundida y nerviosa me acerqué a la ventana y abrí las persianas, resulta que hacía un viento terrible y una rana golpeó el vidrio, como ahora que seguía en e

