—Igual te llevo a casa. —No te molestes, me iré a pie, en serio, quiero caminar. Aprecio que quieras hacerlo, gracias de todo modos y por todo, la pasé... bien —no era la palabra que realmente quería soltar, pero fue la que escapó de mis labios sin remedio a volverla nula. —Bueno, llámame cuando estés en casa, así sabré que llegaste a salvo y me quedaré tranquilo, ¿está bien? —emitió y asentí con la cabeza. Posterior a eso, Alex me rodeó con sus fuertes brazos. Todo su perfume hacia una mella en mí, bien y mal al mismo tiempo, prohibido y delicioso a la vez. Por fin me despedí, y salí de su casa sin mirar atrás. Mejor así, que estuviera con alguien que fuera su tipo y no yo, que claramente no era lo que buscaba. —¡Dios mío! ¿Por qué no puedo dejar de pensar en eso? —solté en medio

