Capítulo 17: Mía

1654 Words
XVII *** Capítulo con alto contenido erótico *** De la mano iba ellos dos, esa tarde caliente de viernes. En muchos aspectos ambos estaban en pánico, esperando la reacción del otro con todo lo que iba a suceder. Pasaron por un costado de la cafetería, el olor a comida les llegó, algo muy delicioso se estaba sirviendo. Aluna se detuvo un momento sin soltar la mano de Matt. —¿Y si comemos algo primero? Gino y yo íbamos… —¡No, no! —respondió el muchacho en medio de una risita—. No vamos a alargar más esto. Iremos directo a tu habitación… o si prefieres, vamos a mi departamento… —Creo que mi cuarto está más cerca. Aluna apretó la mano de Matt y luego le robó un corto beso. Aquello le pareció a él más una despedida que otra cosa. ¿Qué cosa tan terrible tenía por decirle? ¿Estaba casada, tenía hijos? ¿Era una prófuga de la justicia, que se hacía pasar por estudiante? ¿Una demente que escapó de un sanatorio? Algo así de terrible tenía que pasar, de otro modo no se explicaba Matt el miedo a decirle la verdad. Por fin llegaron a la puerta de la habitación de Aluna. Ella abrió despacio y al hacerlo, Matt notó con satisfacción que el rastro de sus feromonas aún permanecía, así se aseguraba de que a ningún Alpha se le ocurriera entrar. Aluna, por supuesto, no se dio cuenta, por el hecho de estar marcada ya y solo responder al aroma de su «compañero». Todo estaba en perfecto orden, pequeño y hermoso como ella misma. La luz que entraba por el único ventanal junto a la cama, los iluminaba por completo. La joven se sentó en la cabecera, nerviosa, juntando sus manos. Matt tomó asiento a los pies de la cama, quería darle espacio para que pudiera hablar tranquila, sin presiones. —Aluna, la verdad que más le alegraría, sería saber que la persona que te marcó, el Alpha que lo hizo… está muerto. —No, no lo está. Matt hizo una mueca que ella no pudo ver. El maldito estaba vivo. —Lo amas entonces… es por eso que no vas a poder corresponderme… —dijo con voz apenas audible, subiendo a la cama por completo, para sentarse casi en loto. —No, yo te amo a ti. El muchacho quedó de una sola pieza con eso que acababa de escuchar. Quiso hacer tantas cosas en ese momento, pero no pudo más que sonreír mucho ante esa confesión que le hizo arder el pecho. Iba a decirle que también estaba enamorado, no obstante, ella lo interrumpió. Debía hablar primero, —Matt… No es fácil para mí, decirte esto, tú eres un Alpha dominante, de seguro estás destinado a alguien muy importante… —Aluna empezaba casi a temblar, llevó la mano a su propia nunca, aun así, él no intervino para nada, pero veía venir un rechazo—. Matt, yo lo amé, con todas la fuerzas de mi alma. Él es un Alpha y sí, esta marca es suya… —Termina, por favor… —replicó el hombre, a punto de estallar. Apretaba los puños, la ansiedad lo estaba carcomiendo. —Esta marca… es falsa. No puedo ser marcada, Matt, por ningún Alpha, porque yo… soy una chica beta. Por fin la bomba había caído sobre los amantes y estalló justo en el interior de Matthew Siberan, que se quedó sin palabras. Fijó su vista en la ventana, con la boca entre abierta, sabiendo solo Dios lo que estaba pensando. Aluna empezó a llorar muy bajo, él tenía que decir algo, aquello de por sí era complicado de entender, y no era para nada común que un Alpha de su altura estuviera con un beta, que no representaba mucho en aquella sociedad. Lentamente, Matt se levantó de la cama y a pasos cortos, con la misma sorprendida actitud inicial, abrió la puerta y salió ante la mirada de Aluna, que moría a cada paso que él daba afuera. La niña entonces llevó las manos a su rostro y así, ponía fin a su corta historia de amor con el mejor patinador artístico del mundo. Pese a todo el drama que quedó dentro de aquel cuarto, Matt no se fue. Se quedó junto a la puerta de Aluna, se recostó en la pared y con euforia, apretó los puños… para celebrar que por fin la buena fortuna llegara a su vida. Estaba sobrecargado de felicidad, no podía creer lo que escuchó; que Aluna fuera beta, significaba que no pertenecía a nadie más, que podía ser suya sin ningún problema, y aunque no entendió eso de la marca falsa, ya no iba a perder más tiempo. Tomó aire y se compuso un poco. Abrió la puerta y entró de nuevo, asustando un poco a la chica. —Matt… —Ya no hay excusas para que seas solo mía. A mí no me importa el género que tengas, yo te quiero para mí, completa. —¿Es que no escuchaste lo que te dije? —preguntó la niña, viendo como él iba sobre ella—. Un omega podría hacerte más… No pudo terminar la frase, porque la bestia se había despertado. Fue hasta ella y de un solo movimiento la levantó por la cintura para sentarla sobre él. Aluna no podía creerse lo fácil que la había cargado, pero sí lo excitado que ya estaba. La deseaba, quería entrar muy profundo en su cuerpo y destrozarlo, así la marcaría como suya. De esa manera, entonces, todos sabrían que esa mujer era su hembra, en el más básico de los instintos que dominaban a Alphas y a omegas. De un tirón desgarró la blusa de la joven, dejando al descubierto sus preciosos y grandes senos, rompiendo también su sostén. Él no quería ser el amante gentil, a esas alturas ya no podía, además, a ella le gustaba esa pasión y seguramente ese salvaje que estaba por tomarla. Llegó ese beso tan lleno de lujuria que los enredó a los dos en el sudor del cuerpo del otro. Se perdió en esa redondez de sus pechos, metiéndolos a su boca con hambre, con desespero, queriendo más, cada vez más, como si se alimentara de estos. Aluna gemía poseída por esas sensaciones que Matt le estaba despertando, sintiendo cómo él rasgaba su espalda con la yema de sus dedos, hechos fuego. Lo sostenía por la cabeza, enredando su precioso cabello castaño, sintiendo todo el deseo que emanaba de su cuerpo tan grande, tan atlético, tan de Alpha. Por todo el pasillo se empezó a desplegarse ese aroma, una advertencia para que no se acercaran. Algunos lo entendían, ellos no serían molestados esa tarde, ni esa noche. Matt de nuevo la cargó como a una pluma y la lanzó a la cama, observándola, tan hermosa mujer que deseaba a morir. Con mucha prisa y casi gimiendo se quitó su ropa, dejándose al fin al descubierto para Aluna, que tragó un poco de saliva al ver el potente y enorme m*****o de su amante, que estaba deseoso por dejar su semilla muy dentro de ese útero. —Oh, dios… —susurró ella al verlo, luego cuando la desnudó por completo. Matt ya estaba perdido en sus feromonas. Había esperado tanto por estar con ella, quería tanto poseerla, que no le importaba nada. Si Aluna iba a arrepentirse en algún momento, él ya no la escucharía. Le abrió las piernas a la chica y con su lengua húmeda empezó a invadir por completo su abertura, pero no como cualquier hombre, el iba muy profundo, succionando, haciendo camino para su pene. Aluna casi gritaba, no entendía eso que sentía que le quemaba todo el cuerpo, así que tuvo su primer orgasmo, terminando en la boca de Matt, al que no le importó. Ella intentaba alejarlo tomándolo por el cabello, inútil por completo. Se apartó, solo para relamerse y hacerle saber que iba a entrar ya en su cuerpo. Aluna apena si respiraba, quería más, y claro que Matt iba a dárselo. —¡No! ¡No! —jadeó ella, al creer que se partía en dos con esa penetración que él estaba ejerciendo. Aluna enterró con desespero las uñas en los hombros de ese hombre que empezaba a moverse haciéndola pedazos. Cuando al fin su cuerpo se adaptó a semejante invasión, pudo disfrutar de esa brutal embestida. Sin embargo, algo empezaba a ser diferente. —Ma-Matt… qué estás… Aluna estaba ejerciendo resistencia, porque no entendía lo que estaba pasando. Él se apoyó en sus manos, incorporándose del cuerpo de su chica, para verla a los ojos. Ella no vio más que un hombre que no escuchaba y que estaba viendo a una presa. Pero eso no era lo que la tenía aterrada, era el hecho que el pene de Matt estaba haciéndose más grande en su interior. Ella quiso apartarlo, ya no era posible. Ella se contorsionó, gimiendo muy alto, arañándole el pecho, para eso no estaba preparada. Matt levantaba su cabeza, él sabía lo que estaba pasando, él la estaba anudando. La base de su m*****o se hinchaba en su interior, haciendo que de esa glándula especial se segregara un fluido que marcaba a los omegas, casi como la mordedura, porque quedaban blindados ante los efectos de las feromonas de otro Alpha. En Aluna no funcionaría igual, no sería permanente, ella no percibiría nada de ninguna forma, no obstante, si se crearía un escudo en su cuerpo, advirtiendo a otros de no acercársele, que ella ya era compañera de un Alpha, uno dominante. Cuando al fin terminó de anudarla, Matt siguió embistiendo. Aluna apenas si podía razonar, aun así, sintió el alivio en su interior y en sus caderas. Entendió que su amante iba muy en serio, que aquello no era más que la marca, de que le pertenecía para siempre. *** Fin capítulo 17
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