Novak había hecho lo imposible por evitar aquella fiesta de cumpleaños, llevaba un par de semanas mucho más desganado de lo habitual. Los recambios en su trabajo lo habían dejado con un par de empleados ineficientes que lo llevaban a trabajar el doble y como no solía tener la iniciativa de acusar a las personas, simplemente bajaba la cabeza y continuaba trabajando. Ese sábado necesitaba descansar, no quería conversar con ningún matrimonio de revista acerca del último modelo de celular o las próximas vacaciones. No quería beber champagne costoso mientras fingía una sonrisa. No quería, pero tampoco sabía cómo decirle que no al único motivo de felicidad de su rutinaria vida: su hija. Mila había insistido tanto que no había encontrado excusa válida para generarle decepción. Por eso allí es

