La fiesta que me hizo conocerlo

2642 Words
Mónica insiste en que me coloque un vestido rojo entallado, no estoy muy de acuerdo pero termino cediendo cuando me muestra uno n***o mas suelto y con un lazo en el hombro izquierdo. Insiste en maquillarme también y lucha por peinarme, me quita las trenzas y en su lugar me quedan unas ondas que hacen que al menos pueda lucir un poco mejor, mis lentes no me los puede quitar, sabe que no veo casi nada sin ellos por lo que con eso bastará. Mis zapatos son unas balerinas que hacen a mis pies más relajados, un bolso de mano y estamos listas. Salgo de la casa irreconocible, según el tío Raimundo, quién nos lleva a la fiesta en la Hummer de papá. En cuanto llegamos, Mónica nos lleva a la entrada, ingresamos por un portón grande que da a un sendero rodeado de árboles hasta llegar a unos jardines espectaculares con una fuente en el medio, por los costados está rodeado de flores, la casa es grande y hermosa, en tonos marfil que la hacen lucir elegante y sofisticada. Me encanta. Al bajar del auto, Mónica le dice a Rai que nos venga a buscar a eso de las 2 am. Yo quiero irme antes pero Mónica no me deja hablar así que Raimundo se va mientras Mónica nos guía a través de la casa, es la primera vez que ambas estamos acá por lo que no sabemos bien a dónde tenemos que ir, de pronto escuchamos gritos, voces y mucho ruido, así que Mónica tira de mi mano rodeando la casa y entrando al sector del patio donde hay una gran alberca rodeada de chicas y chicos de la escuela. Sin ceremonias Mónica se une a los grupos y mucha gente la rodea para saludarla, ella lleva puesto un vestido rosa pastel adherido a su cuerpo y con tirantes en los hombros, una ligera chaqueta blanca y unos tacones altos color nude, una bolsa blanca Guess y su maquillaje es perfecto mientras su largo cabello n***o cae en pequeños rulos de su moño alto, ella es hermosa en cambio yo soy sólo una normalita, o más bien, una gordita, pero nunca me he sentido fea, sólo creo que la vida bella no se hizo para todos así que soy feliz con lo que tengo. Al quedar sola, comienzo a caminar por los alrededores mientras observo lo majestuosa que es esta mansión, sus esculturas en los comienzos de las escaleras de mármol, la piedra con la que está creada la casa y los detalles de la misma, subo por aquellos escalones divinamente cortados hasta la planta de arriba, cuando llego a la última planta pretendo volver a bajar pero algo llama mi atención desde una habitación ubicada en el fondo, así que lentamente me acerco hasta donde está un cuarto a oscuras con unas pequeñas luces que llegan desde un costado que no logro ver, mi primera impresión es salir corriendo de allí y no meterme dónde nadie me llama, pero la segunda es meterme precisamente por mi curiosidad que a veces me asusta a mí misma. Decido entrar y me sorprende ver a una persona adentro así que rápidamente me disculpo. - Lo siento, yo no quería interrumpir... - Tranquila. No interrumpes nada. - Su voz suena melodiosa, incluso yo diría que bastante atractiva, no logro ver su rostro ni su cuerpo, la pequeña luz sólo marca un poco su mandíbula y su perfil, mientras yo no alcanzo a verme ya que estoy alejada de la pequeña luz. - Ví una luz y quise saber que era, pero ya me voy. - Si, la fiesta parece estar mejor. - Acaba de sonar algo melancólico y eso me hace querer quedarme. - Si la fiesta está mejor ¿Que haces aquí? - Lo mismo podría preguntarte. - No me gustan las fiestas, a decir verdad, si no fuese por mi mejor amiga, estaría ahora estudiando matemáticas. - ¿Estudias con Fabián? - Se nota una persona agradable, incluso mas que todos los de la escuela. - No, soy un año menor que él. ¿Eres cercano a él? - Podemos decir que si. - ¿Cuál es tu nombre? ¿Vas en su curso? Quizá ya nos conocemos. - Lo dudo, en todo caso, no necesitamos nombres para conversar dos segundos. - Entonces ¿Que haces aquí? Misterioso amigo. - No tengo nada de misterioso, pero me agrada estar aquí, lejos de todo y de todos, en paz aunque sea un rato. - Suena lejano pero yo siento la necesidad de acercarme a él y no puedo entender por qué. - ¿Eso quiere decir que estorbo esa paz? - ¿Te quieres ir? - No, preferiría sentarme a observar esa bola de cristal. Tampoco tengo ánimo de estar allá abajo. - Siéntate. Puedes tomarla si quieres. - Me tiende la mano con la pequeña bola de cristal que emite una tenue luz azul que va cambiando de color a un rosa y luego a un verde y amarillo, es hermosa. - Me gustan mucho las bolas de cristal, incluso las colecciono pero jamás había visto una como esta. - Le digo animada. - Eso es porque me la trajeron especialmente de Canadá. Un juguetero me la hizo por pedido de mis padres. - Que relajante resulta mirarla... Podría pasar horas aquí. - Te aseguro que si la luz estuviese prendida ya no estarías aquí. - Y yo te aseguro que si la luz estuviese prendida tu jamás me habrías hablado. - ¿Tan mal piensas de ti misma? - No es eso, normalmente la gente me ve un poco rara y simplemente me ignoran, no es que me moleste, es que estoy acostumbrada. - Me río de mi misma y el se para a mi lado. De pronto siento su cercanía y se agacha hasta quedar cerca de mi, mientras mira mi rostro que no se puede ver muy bien ya que está todo en una oscuridad casi absoluta. - Créeme, si alguien se aleja de ti por como te ves, entonces simplemente no es digno de llamarse persona. Nadie se mide por su forma física, el cuerpo cambia, la belleza se hace, pero una buena conversación no se puede tener con cualquiera. Me acaba de emocionar lo que me dice, nunca nadie me había hablado así, ni mis padres me han dicho palabras tan lindas. - Gracias, no sé cómo decirte todo lo que me acabas de hacer sentir con esas palabras. Enserio. - Digo de forma bastante tímida. - Eres una chica agradable. Odio a las pretenciosas que sólo se miran al espejo. - Tu también me haz parecido muy agradable, nunca había tenido una conversación tan larga con un chico, que no fuese mi amigo Sam, claro. - Entonces podemos ser amigos también. - ¿De verdad? - Me emociona su comentario. - Si, por supuesto. No me gustan los juegos. - Suena algo triste y yo quiero indagar en el porqué de eso. - ¿Que te gusta entonces? - La paz, la tranquilidad, un buen libro, una canción con una letra que me diga algo, no la horrible música que escuchan ahora, incluso la soledad. - Me hace reír porque todo lo que acaba de decir es lo que yo también quiero en mi vida. - Si, tienes razón, parece una oda al sexo cada canción nueva que hacen. Pero ahora estoy aquí, no estás solo, prométeme que si quieres que me vaya me lo dirás. - ¿Y si quiero que te quedes? Y ahí está, ese sentimiento en mi estómago que perece como si tuviera mil mariposas dentro revoloteando, es extraño, no puedo ver quién es, no sé cómo se ve y él no sabe cómo me veo pero me está pidiendo que me quede y eso jamás me había pasado antes. - Entonces aquí estaré. Solo debes decírmelo. - Pues bien, quédate. No quiero la soledad esta noche. - Si, mi buen amigo, no te preocupes por eso, podemos seguir charlando hasta las 2 am. - Cabe destacar que ya son las 12 con 40 minutos. - ¿Porqué hasta esa hora? - Pregunta un tanto curioso. - Porque mi tío Rai viene por mi a esa hora, yo quería irme antes pero mi amiga no quiso. - ¿Y dónde está tu amiga ahora? - Diablos, él si me conoce y sabe de Mónica, por eso me está hablando, para saber de ella. Lo sabía. - Pues, si quieres saber algo de Mónica me puedes preguntar y así te ahorro mi presencia por más tiempo. - Trato de sonar natural pero juro que acaba de romper mi corazón, creí encontrar a alguien que quisiera ser mi amigo porque se trata de mi y no de ella, pero no era así. - ¿Quién es Mónica? - Su tono indiferente y hosco me dice que lo ofendí con mi comentario. - Lo siento, creí que querías saber algo de mi amiga y que por eso me estabas hablando. - ¿Realmente te di la impresión de hablarte para conseguir algo? - No, pero... - Si te estabas aburriendo y te querías ir, solo debiste hacerlo. Dios, si que lo ofendí enserio. - Lo siento, de verdad no quise ofenderte, es que muchas personas me hablan solo para saber de ella, y las que no me hablan por eso, lo hacen para que les ayude con las materias. Discúlpame. - Realmente lo siento, el no es como todos los demás. - No te preocupes y lamento bastante que nadie se de el tiempo de conocerte. Podrían ver a la niña especial que estoy viendo yo, aún sin poder verla. - Eso es precisamente porque no me ves. - Me río de forma horrorosa, tengo una risa con sonidos de cerdito, pero él se está riendo así que al menos es una buena señal. - Eso es porque tú no te haz podido ver de la forma en que te veo yo. - ¿Cómo es eso? - A través de una conversación, de escucharte hablar, de saber que clase de chica eres. Nadie necesita el exterior si el interior es hermoso. - ¿De dónde saliste tu? Hasta ahora nadie me había dicho que soy agradable, salvo mis padres y el tío Rai. - Sonrío por lo genial que es cuando alguien te dice eso. - Eso es porque en mi caso, todos ven el exterior pero nadie se preocupa por el interior. Puedo estar muriendo pero nadie lo sabrá, en tu caso, es todo lo contrario. - Tu melancolía me dice que mucha gente te ha hecho daño. - No daño, pues no permito que nadie llegue a eso, pero si lo han intentado. - ¿Ves? Somos parecidos, pero en lados opuestos. - Yo digo que quizá nos importan cosas que no deberían importarnos y eso nos hace sentir solos. - Tienes razón. Entonces me tendrás que prometer que siempre que te sientas triste mirarás la luna y pensarás en mi, yo haré lo mismo, así tú y yo estaremos conectados y ya no nos sentiremos solos nunca más. - ¿De verdad? Pues bien... Te lo prometo. Sonreímos y algo cálido se forma en mi corazón. Él se parece mucho a mi en todo sentido, es lindo como puedes conocer a alguien que se adhiera a tu alma tan pronto, podríamos ser amigos para toda la vida. De pronto mi teléfono suena, es Mónica estoy segura, lo saco y veo su nombre en la pantalla, lo apago y me paro. - Amigo, debo irme, mi amiga me esta buscando. Lo siento pararse frente a mi y me toma la mano. - Toma, llévate mi esfera, así tienes algo para recordarme. - Pero no tengo nada que darte para que me recuerdes, no me diste ni tu nombre. - Puedes darme un beso, si quieres. Ok, mi corazón acaba de saltarse 10 latidos, ¿me acaba de pedir un beso? ¿escuché mal? ¿Un hombre al que no conozco ni puedo ver me está pidiendo un beso? - Pero yo nunca he dado un beso antes. - Quizá deberías guardar tu primer beso para alguien especial entonces. - Tu eres especial. - Es la verdad. - Pero no sabes quién soy. - Lo dijiste recién, me basta con conocer tu alma. - Entonces, tendrá aún más significado. Lo siento tomar mi rostro con sus dos manos y acercarse lentamente a mí, su olor embriagante a menta mezclado con after shave me hace querer acercarme aún más. Es bastante alto, lo siento agacharse para quedar a mi altura. Tiernamente me acaricia los labios con los suyos, siento una electricidad que me mueve todo el vello corporal, mi corazón late a mil por hora mientras mi respiración se agita y él comienza a mover sus labios de forma suave pero sugerente. No sabía que un beso podría llevarme al cielo en un par de segundos, abro mi boca para que el pueda tomar mis labios a su antojo y es justo eso lo que hace, me corresponde muy bien, yo tomo su rostro con mi mano vacía mientras que la que tiene la esfera la coloco en su cintura, el toma mi cintura y yo quiero apartarme, pues él se acaba de dar cuenta de lo rellenito de mi cuerpo, pero en vez de alejarse de mi, el se acerca más y me abraza aún más fuerte, mi respiración se agita y siento como la de él hace lo propio, Dios, esto es demasiado estimulante para todos mis sentidos. Por un segundo abro los ojos y con la esfera cerca de su rostro logro ver algo de la hermosa cara de este hombre que me besa con los ojos cerrados, nada como para reconocerlo pero si para darme cuenta de que es bello, aunque es más bello por dentro. Vuelvo a cerrar los ojos y sigo besándolo con todo lo que llevo dentro. Ni él ni yo nos damos cuenta de que estamos en la cama besándonos ahora. Lamentablemente mi teléfono vuelve a sonar y él se separa. - Deberías contestar. - Si, tienes razón, me tengo que ir. - Yo dije contestar, no irte. - Pero enserio que me tengo que ir. No es que quiera. - Tranquila, nos volveremos a ver. Te lo prometo. Él se para y me tiende la mano para que yo me pare también, se acerca y junta nuevamente nuestros labios pero ahora es sólo un toque a modo de despedida. - Guardaré este preciado regalo con mi vida. - Me dice con su mano en la mía. - Y yo guardaré el tuyo hasta que nos volvamos a ver. - Si la vida nos quiere juntar, lo hará, sea ahora o en 10 años, pero nos veremos de nuevo, de eso estoy seguro. - Tienes razón, tiempo al tiempo. Me suelto de su mano y abro la puerta para salir corriendo a través de las escaleras. Dios, no puedo creerlo. Acabo de dar mi primer beso, esto se siente tan surrealista, nadie me lo va a creer, pero no le voy a contar a nadie tampoco. ¡Quiero gritar! Pero de emoción. Fue una persona buena y no un aprovechado, él sólo me besó, no me intentó tocar ni nada por el estilo, fue caballero y respetuoso, eso es justo lo que siempre soñé para mi primer beso. ¡Dios, estoy en la luna! Al cabo de un rato, llego al primer piso y me encuentro con Mónica quién me mira molesta. - ¿Dónde estabas? Te estaba buscando por todas partes. - Conocí a un chico. - Digo animada. - Entonces ahora yo también quiero conocer al mío. Ven, busquemos a Fabián. Es verdad, para eso vinimos, para que Mónica pueda conocer a Fabián.
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