Nos encontramos en la sala de juntas esperando al señor Brown, quien podría ser o no ser nuestro inversionista. Volteo a ver a mi amigo quien está muy relajado como siempre, no es de extrañarme, yo soy el que vive estresado. El estrés es parte de mi debido a que soy perfeccionista, y al no poder dejar todo al azar, más si el futuro de mi empresa depende de ello.
—¿Tienes tu Pepto-Bismol? - me pregunta Sebastián de manera burlona, yo solo lo ignoro.
Durante la universidad pasé por algunos inconvenientes estomacales, debido al nivel de estrés que manejaba por mis clases y el trabajo, eso hizo que en mi dormitorio no faltara una de esas botellas. A lo largo de nuestras vidas, siempre tendremos eso que nos marca, y más si tienes amigos como el mío, que no dudarán en recordártelo.
—¡Cállate! Por tu bien, espero que todos los documentos estén sin ni un error - él pone cara de fastidio.
—Marcus, ¿Tú por quién me tomas?, los documentos están bien - me dice - Debes practicar los ejercicios de respiración que te mande.
Sebastián y yo, nos conocemos desde niños, fuimos a las mismas escuelas, incluso a la misma universidad, aunque estudiamos diferentes carreras; yo estudie programación, y él fue a la facultad de leyes. Cuando tuve la idea de crear este proyecto, él se lanzó conmigo sin ningún cuestionamiento. No siempre estamos de acuerdo, pero me alegra contar con su apoyo, él la única razón por la cual soporto sus comentarios bromistas.
—¿Algún día madurarás? - yo lo dudo. Él solo ríe.
Brown acaba de llegar. Es un hombre de unos 50 años, con muchas experiencias en los negocios, no por nada tiene un gran imperio. Su vida es un misterio, hasta donde sé solo tiene una hija adolescente, así que puedo calcular que pasarían muchos años antes de que ella pueda entrar a la empresa, y cambiar lo que se decidirá hoy en esta sala.
Nos levantamos para saludarlo, lo observo y me parece que está de muy buen animado, eso juega a nuestro favor.
—Señor Torres, Señor Lagos, un gusto conocerlos, por fin – lo dice carente de emoción en su rostro, eso me hace entender que vino directo a negociar sin muchos rodeos, me gusta, porque no vine a jugar.
—Igual para nosotros - le respondo de la misma forma. Que empiece el juego.
Nos sentamos en la enorme mesa de cristal; llena de papeles y laptops, con más de 10 personas, asistiendo un contrato. Y no cualquier contrato, es el que me abrirá aún más las puertas en todo el mundo. Cuando cree Torres Systems, veía este momento, sabía que algún día estaría en el último piso, de un alto edificio en Manhattan, no es arrogancia, es que nunca dude de mí.
—Entonces, señor Torres, ¿Los documentos que tengo en la mano, es su última propuesta?, que, dicho sea de paso, noto que el monto de la inversión aumento, pero los beneficios bajaron, eso es interesante - dice con intriga.
—Esto se debe al aumento de nuestras acciones al mercado de valores. Cuando enviamos la propuesta pasada, no contábamos con un 20 % por encima de nuestro valor - le respondo, sin una pisca de dudas.
Lo veo reír, al parecer le gusto mi respuesta. Pero veo que uno de sus abogados le susurra en los oídos, seguro está tratando de persuadirlo, sé que no lo hará, un hombre como Brown no se deja manipular por nadie, si ya tomo su decisión.
—Bien, entonces firmemos - eso me sorprende, más, no dejo que se me note. Sebastián me da una mirada de sorpresa, y los abogados de mi nuevo socio replican su decisión.
—Señor Brown, creo que debemos evaluar nuevamente esta propuesta, no saldríamos beneficiados - le dice el abogado, que minutos atrás intentaba persuadirlo.
—Señor Miller, yo no estoy pidiendo su opinión, solo haga su trabajo, yo are el mío - él hace silencio.
Se revisa que todos los documentos estén en orden. Si logras firmar un contrato como el que estamos haciendo ahora, tienes que tomar todo el tiempo para asegurarte que cada una de las partes entiendan cuáles serán sus responsabilidades; por esa razón es, que a pesar de que empezamos en la tarde, y aun las 9 de la noche, no se ha firmado del todo. Así son los negocios. Cansado y podría decir hambriento, pero por fin ya se firmó.
—Señor Brown, fue un honor hacer negocios con usted - le extiendo las manos para sellar este trato, él hace lo mismo.
—Señor Brown, les haré llegar a sus abogados todos los reportes de la empresa - le dice Sebastián.
—Muy bien, pero ya firmamos ese contrato, y llámenme solo Samuel, dejemos los formalismos, ya somos socios - ambos asentimos.
Pasado de las 9 pm, vamos camino a celebrar la firma, fuimos invitados por el señor Brown. Pierdo mi vista por la ciudad de New York; es un lugar místico y codiciado por muchos, siento que este es mi sitio, algo me dice que pronto estaré aquí, es interesante, porque nunca he pensado en establecerme en otro país. Tomo el teléfono para revisar el mensaje, que me envió Chrystal
Hola, mi cerebrito.
¿Cómo vas con la negociación?
Me encantaría estar allí contigo.
Llámame.
Te amo.
Cerebrito, es el apodo estrafalario que ella me ha dado, no me encanta, pero es parte de las relaciones amorosas, ¿No? Le respondo y gualdo el celular. Estamos comprometidos desde hace un año, se supone que debería estar preparando una boda, sin embargo, tengo muchas dudas de querer casarme con ella.
Ingresamos a un restaurante muy poco inusual, creo que la palabra correcta sería un striptease club que sirve comida y algo más; Estados Unidos lo tiene todo, dicen. Todos los días uno aprende algo diferente. Mezclar placer y comida.
—Samuel tiene un buen gusto - dice Sebastián, muy impresionado por el lugar.
—Claro, es tu tipo de sitio – se supone que estoy comprometido, no debería de estar aquí.
—Vamos Marcus, disfruta. No tienes que hacer nada, al menos que… — lo miro muy severo.
—Bromeo - él ríe.
Nos llevan a una mesa, y de forma inmediata unas chicas se acercan a nosotros. Sebastián feliz, plática con unas de ellas, él está soltero, es aceptable. Samuel me ve desde su asiento, se levanta para luego sentarse a mi lado.
—Muchacho veo que no acerté a tu tipo de diversión - dice mientras toma su trago.
—En realidad, no Samuel, no es mi estilo, además estoy comprometido - lo veo llamar a una mesera muy poco vestida, a quien le pide más tragos.
No soy un robot, como lo pensaría Sebas. Puedo apreciar la anatomía de una mujer, por ejemplo: la chica que en este momento nos trae los tragos; tiene una falda diminuta, donde se puede apreciar su ropa íntima, sus pechos están presionados debajo de una blusa muy ajustada que da la impresión de querer reventar. Es una mujer de color con una voluptuosa figura. Claro que daría ganas de hundir mi virilidad en su interior, no obstante, no está en mis planes engañar a mi prometida.
—Y yo estoy casado, pero a veces podemos pasar por pecadores. Saludo - levanta su vaso de whisky y lo choca conmigo.
—Salud - digo
Sebastián se va con una pelirroja de grandes pechos a otro salón. Samuel recibe las atenciones de una joven con no más de 20 años, tailandesa, quien soy yo para juzgar los gustos. Por lo que veo hay para todas las preferencias. También observo como en unas dos mesas enfrente de la nuestra hay una mujer succionándole los pechos a unas de las chicas del club, lo veo bien, creo que todos tienen la libertad de explorar los placeres de la vida. Verlas me está excitando bastante, así que me levanto para ir al baño a refrescarme un poco.
Pongo mi saco en un lado, abro la llave del lavado con mis manos, mojo mi rostro. Me miro en el espejo, y me digo si sería capaz de hacerlo. Nunca he sido infiel, aunque considero que ha sido por tiempo, no porque no desee hacerlo, si soy honesto.
Escucho cómo abren la puerta, volteo y es la morena mencionada anteriormente, toma una toalla de papel y me la pasa. No entendiendo qué hace aquí, sí que le digo:
—Supongo que se confundió de baño señorita - ella se para muy cerca de mí.
—Se le olvida que trabajo aquí, no me confundí - sus ojos oscuros se desvía a mí entre pierna.
—Entonces, ¿Qué quieres? - toma mi mano y la lleva a su intimidad.
—Darle placer - dice muy provocativa.
Empiezo a mover mis dedos en medio de su abertura, ella comienza a gemir. Comienzo a hacer presión a su botón, la escucho queja de dolor, pero no quita mis manos. La morena apoya sus manos del muro cuando siente que pierde estabilidad.
—Te gusta la rudeza, ¿No es así? – asiente – Quiero que te voltees te inclines, ahora – le ordeno.
La morena me obedece. Bajo su ropa interior hasta sus pies, separo sus piernas, no muevo su falda, ya que la maldita está corta que me da acceso a todo. Busco un condón en mi cartera, cuando lo encuentro dejo que mi pantalón caiga hasta el piso, me pongo la protección. Ella desde el espejo ve todo lo que hago.
—¿Estás lista nena? – le digo mientras paso mi dedo anular nuevamente por su abertura para saber que tan húmeda está - ¡SSSSSH! – siseo cuando compruebo que está empapada.
—¡Sí, señor, estoy lista! – me dice excitada.
Pongo mi punta en su entrada, y comienzo a empujar. Ella se muerde los labios cuando siente mi invasión a su v****a. Ya todo está adentro, comienzo a salir y entrar en ella, aprieto sus caderas con mis manos para tener más fuerza y rapidez. Por la velocidad de los movimientos que ejerzo, ella se pone a gritar, eso me hace darle una nalgada en su enorme y firme trasero:
—No tienes permitido gritar, ¿Bien? - asiente - Mírame - levanta su rostro y me ve a través del espejo - ¿Te duele? – mueve la afirmando - ¿Quieres que pare? - niega - ¿Quieres que siga traviesa?
—¡Sí, por favor! – dice con la voz temblorosa por mis movimientos.
—Saca unos de tus pechos nena, quiero verlo – le ordeno.
Con dificultad la morena saca unas de sus tetas. Veo cómo rebota por el espejo, ¡Maldición! Eso me enciende más. Mi idea no es maltratarla, pero esta chica es muy sensual. Tengo los ojos cerrados, concentrado en mis estocadas, cuando ella dice:
—¿Me dejas gritar? – pregunta.
Sin decir nada le respondo con otra nalgada un poco más fuerte que la primera. La veo morderse los labios.
—Nena, debes de aprender a obedecer – con voz jadeante.
Cambio de posición, la siento encima del muro y vuelvo a entrar en ella. Sé que mis estocadas están siendo fuertes, aun así, no escucho una resistencia por parte de ella. Saco su otro pecho y me la llevo a la boca. Para trabajar en un lugar como este, me parece que un poco estrecha, no me quejo, al contrario, me excita.
—¡Es-toy lle-gan-do, señor! – me dice con dificultad.
Ella apoya sus manos de mi hombro cuando le doy más, y más duro hasta que se corre. Salgo de ella, veo cómo sus fluidos salen, eso me gusta solo que, yo aún no llego. Veo como sus tetas que están libres bajan y suben, aún sigue sentada en el mudo con sus piernas abiertas y su botón con dirección a mí, necesito volver a entrar en esa morena, me le acerco, tiene los ojos cerrados y los labios separados. La tomo fuerte del cabello y la beso con furor.
—Nena, ¿Qué hacemos?, aún estoy en el juego – muerde los labios cuando me ve erecto. Esta chica es sensual.
—¡Dios! ¿Todo eso tuvo dentro de mí? – la escucho hablar y noto que es muy joven. ¡Maldición! ¿Cómo me dejé llevar?, debí verificar.
—¿Cuántos años tienes? – le pregunto.
—19, lo acabo de cumplir – ¡mierda! Sí, es mayor de edad, pero nunca he estado con alguien tan joven – Si quiere puede volver a entrar en mí – ella separa sus piernas. Quiero resistir, sin embargo, la tentación es más fuerte.
Y vuelvo a entrar en ella, con más rabia que antes. Le quito la maldita blusa, quiero acceso total a sus hermosos pechos. Escucho pequeños gemidos, se está controlando, es obediente. Minutos después por fin llego a mi clímax. Espero a que terminen mis espasmos para salir de ella.
Tomo el condón, lo arrojo a la basura. Voy al lavado para limpiarme, veo que recoge su ropa interior de piso e intenta ponérselo.
—No nena, antes debes lavarte, ven te ayudo - me paro detrás, mojo mi mano, luego la llevo hacia su v****a, la veo cerrar los ojos mientras lo hago – Ves así – le beso el cuello y con mi otra mano acaricio un pecho. ¡Maldita obsesión!
Jamás pensaría en que llegaría el día en que falte a un compromiso, y el hecho que no me importe, me deja mucho que analizar de mi relación con Chrystal. Ya por último, por el espejo me llevo esta última imagen; unas de mis manos entre sus piernas, la otra en sus pechos y mi nariz en su cuello.
Después de mi excitante noche veo mi reloj, casi la una de la mañana, sonrió. Mi celular tiene llamadas perdidas de mi prometida, luego la llamo. No veo a Sebastián por ningún lado. Seguro sigue con la pelirroja.
—¿Señor Torres? – me preguntan.
—Sí, soy yo – el señor Brown le dejo esto. Me pasa un papel con las letras de Samuel diciendo:
Querido muchacho
Espero que hayas disfrutado de la jovencita, te vi mirarla con deseos, no te sientas mal, digamos que es tu regalo por adelantado de tu boda. Mañana, quiero verte en mi oficina, ven solo, tengo una propuesta para ti.
Debí darme cuenta de que él tenía algo que ver. Me resulta curioso saber de qué tratará ese contrato.
—¡Dios hermano!, esa pelirroja estaba exquisita, lástima que tú no quisiste probar.
—No estés tan seguro – me mira curioso – Luego te cuento, vámonos, es tarde.