La Propuesta

2098 Words
Me encuentro en la oficina de Samuel, en la expectativa de su propuesta. Por lo que puedo deducir, es algo personal, de lo contrario no entendería por qué no quiso que me asistiera Sebastián. Mientras lo espero me llegan a la mente los recuerdos de la noche anterior, eso fue algo totalmente nuevo. —Por Dios, ¿Por qué no puedo sacar esa chica de mí mete? – me pregunto en voz alta. Me llegan muchas preguntas en mi mente, una de ella es; ¿Qué pasará con mi boda?, por mi falta de arrepentimiento por lo que hice, entiendo que ya no veo a Chrystal como antes. Considero que a esto se refería mi madre cuando decía que pensara las cosas mejor antes de dar ese paso. He llevado una vida, si se puede decir casi perfecta, terminé antes de tiempo mis estudios, nunca les di a mis padres dolores de cabeza. Siempre estuve enfocado en lo que quería, creo que justo esa es la razón por la que sigo con ella, nunca me ha exigido más de lo que le puedo dar. —Disculpa por la demora – me dice samuel, sacándome de mi dilema. —No se preocupe acabo de llegar – asiente. —Bien, seré muy directo. Te he investigado, me parece que eres un muchacho de pocos rodeos, así que te necesito para que te cases con mi hija – lo dice si ningún tipo de titubeos, sin una pisca de burla. —¿Disculpe?, casarme con su hija. ¿Es una broma, señor Brown? – se levanta y va al bar de su oficina donde sirve dos tragos. —El contrato que te quiero proponer es casarte con ella. Te explico un poco: Hace dos años me detectaron un tumor, el cual no ha respondido a los tratamientos como pensábamos, mi última opción es; quimio terapia. Soy de la vieja escuela muchacho, soy de los que prefieren morir a hacer vito vulnerable. Igual con la quimio terapia, mis médicos no me aseguran su efectividad, ni siquiera un 40 %. No quiero luchar en contra de la muerte, cuando me vaya quiero irme bajo mis propios términos – me pregunto cuáles serían seros términos. —Entiendo esa parte, lo que no entiendo que tiene que ver conmigo, Samuel – tomo del líquido ámbar que él me ha servido. Lo veo sacar una risa. —Es lo que me gusta de ti, eres directo. Cuando muera mi heredera universal, será mi hija. La he mantenido alejada del mundo que me rodea tratando de cuidar de ella, no obstante, me di cuenta de que lo hice mal – me mira – La he encerrado en un internado, lejos de mis enemigos, incluso de su madre. Ella en dos meses cumplirá los 18, y saldrá de internado para ir a la universidad. No tiene idea de lo cruel que puede ser el mundo – se ve pálido. Estoy intentando procesar toda la información que me dice para poder entender la génesis de su propuesta, así como si subieras información a un software para que la filtre y te dé la solución a tu solicitud. —A ver si entiendo – lo interrumpo – ¿Usted me está proponiendo casarme con su hija de 17 años?, Samuel soy 13 años mayor que ella, ¿Cómo crees que resultara? —12 para ser exactos, no te pido que hagas más que casarte con ella, lo que quiero es que cuando yo muera, seas el albacea de su herencia hasta que cumpla los 21 años. Mi propuesta es, que me ayudes a cuidar de mi hija aun después de mi muerte – su mirada refleja atribulación. —¿Quieres a una niñera? – él se carcajea. Trato de relajar el ambiente cargado que se está tornando ahora mismo. —Quiero un hombre con carácter, que aleje a los buitres que tengo dentro de mi empresa, no quiero que su madre se aproveche de su inocencia, el tema de mi esposa es complicado – me falta mucha información. —¿Por qué confiar en mí?, en alguien que se cogió a una chica en el baño de un club mientras te decía que estaba comprometido – toma de su trago. —Eso fue lo que me convenció – enarco unas cejas - No busco el típico hombre perfecto amante de su casa, quiero a alguien que tome lo que desee cuando lo desee. No creo en el romanticismo, además algo me dice que mi pequeña no es tan inocente como quiero pensar, es muy curiosa. ¿Qué dices? —Me faltan muchos detalles. Usted sabe que soy programador, dirijo una empresa de tecnología, no de inversiones – le digo. —Aprenderás del negocio, eres un joven inteligente. Y sobre los detalles, prontos sabrás de ellos. ¿Es un sí? – a la mierda todo, por una vez haré las cosas de otra manera. —Es un sí – se levanta y nos estrechamos la mano. Samuel me dice que me mandara los detalles del contrato, solo me queda esperar. Se supone que volvería a casa hoy, pero quiero disfrutar de esta ciudad un poco más, ¿Qué tendrá New York que saca una parte de mí que no suelo sacar? —Y yo que creía que las vegas, es donde sacas ese lado pervertido - sonrió - Ya que me voy mañana, ¿Por qué no disfrutar un poco? Así que decido ir al club nuevamente esperando coincidir con morena de anoche. No entiendo que tiene esa chica que me cuesta sacarla de mi cabeza desde anoche. Todavía tengo en la mente la forma tan majestuosa en la que rebotaban sus pechos, como si estuvieran danzando para mi placer s****l. Diez de la noche, es la hora en la que acabo de entrar al club. Muchas chicas llegan a mi lado, por cierto, muy hermosas, sin embargo, ellas no son a la que busco. Dudo de si sería prudente preguntar por la chica, no se me sé nombre. Me siento en la barra hasta que: —Hola, guapo, volviste – ella me sonríe. Trae un uniforme parecido al de anoche; falda diminuta a cuadro al estilo escocés, y camisa blanca con dos botones desabrochados, tiene unas puestas unas medias negras transparentes hasta las rodillas y unos zapatos negros altos. Su pelo n***o rizado le llegan hasta los hombros. Noche no me fije en esos detalles, ¡Maldita sea! Es muy sexi. —Quería divertirme antes de irme de la ciudad – le digo —¿Quieres que te mande a una chica?, anoche, acepte hacerlo porque me pareces muy guapo – muerde sus labios - Pero no me acuesto con los clientes – me dice con timidez. Entonces, es la razón por la cual la sentí tan estrecha, cada vez me gusta más esto. —Lástima, porque me hubiese encantado volver a estar contigo. Debería irme – le digo fingiendo tristeza. Termino de beber mi trago, me levanto para irme hasta que ella me toma del brazo. —Sí, sí quiero – me dice. Yo sonrío por mi victoria. —¿No tendrás problema en el trabajo? – niega. Me conduce a un cubículo con poca luz, decorado de rojo con n***o, en el centro hay un tubo rodeado de sillones rojos. Terminamos de entrar y de inmediato ataco sus carnosos labios, parece que estaba comiendo alguna golosina porque su boca sabe dulce. Ella me toma por el cuello, yo le masajeo su trasero, ¡Dios, que firme!, soy mucho más alto que ella, y, aun así, mis manos no cubren del todo su parte trasera. La empujó contra mí rozándola, contra mi virilidad. Dejo de besarla para que podamos tomar aire. Ella toma esta vez la iniciativa y me lleva hasta uno de los sillones. Con exasperación baja mi pantalón junto con mi ropa interior, traga saliva cuando mi virilidad que da expuesta ante sus grandes ojos negros. La morena me mira para luego tocar mi punta con su lengua. —¡Ah! ¡Oh si nena! – jadeo. Veo cómo deja de utilizar la punta de su lengua contra la punta de mi pene para luego meterlo todo en su boca como si fuera su dulce favorito, esta chica me quiere matar. Mientas baja y sube por mi pene, con su mano masajea mis bolas. —¡Por Dios nena, tú sabes lo que haces! – le digo. Sin perder concentración continua, sus movimientos son tan precisos, que por más que intente resistirme a eyacular, no puedo, seguro se está cobrando lo del baño. —¡Nena! Baja el ritmo – y como si no me escuchara, aumenta, suelto una risa, definitivamente, si se está vengando, cuando no aguanto más me corro - ¡Grrrr! – gruño como un animal. Ella levanta la cabeza, traga el líquido que tiene en su boca. Qué vengativa es. Se para delante de mí con una sonrisa malvada. Me despojo de mis zapatos, saco, antes de tirar el pantalón tomo un condón. Voy donde está para quitarle la camisa, la beso saboreando mi esencia. La dejo sin la parte de arriba, veo sus pechos; ellos no son tan firmes, de hecho, tienen una ligera caída, pero ¡Maldición! Me da tanto morbo. Los tomo entre mis manos. —¡Me encantan! – la veo reaccionar como si no me creyera. La llevo al mueble con estilo sofá-cama, allí la acuesto, tomo entre mis manos mi m*****o, comienzo a estimularlo – Nena, déjame verte, separa tus piernas para mí. Ella lo hace. Ya estoy firme, así que me pongo el condón, y voy hacia ella. Tomo sus brazos, los llevo por encima de su cabeza, y con tan solo una mano la sujeto, con mi antebrazo sostengo una de sus piernas, y de esa forma entro en ella, sin ninguna consideración. —¡UUUUMMM! ¡Qué rico, señor! – dice. Presiona sus labios cuando supongo recuerda que no puede gritar, eso me hace reír con malicia. Mi parte favorita de ella se mueven cuando entro y salgo. Suelto su pierna para sostener sus brazos con ambas manos. Está tan húmeda que en la habitación solo se puede escuchar el sonido de nuestras partes más íntimas al tener contacto, todo el lugar se impregna del olor de nuestro sexo. Tiene sus labios separados, así que bajo para besarla sin dejar de moverme. En una acción la posiciono arriba de mí. —¡Nena galopéame! – asiente y me regala una sonrisa traviesa. Empieza a amover su cintura como si estuviera bailando una canción con mucho ritmo. Levanto su diminuta falta para ver mejor nuestra unión, es exquisito. La ayudo con sus movimientos hasta que tiene su orgasmo. Está a punto de desplomarse sobre mí, así que la sostengo, y la vuelvo a poner debajo de mí. —Aún no llego, voy a seguir si ¿Sí? – ella asiente, lleva sus manos a mis hombros. —¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! – grita ella arqueando la espalda – ¡Sí! Hacerlo con usted, están rico – dice gritando. Su último comentario me hace reír. Empieza a desesperarse, quita sus manos de mis hombros y lo lleva a mi parte trasera. Cuando no puedo más me corro nuevamente. Caigo sobre ella, ambos estamos exaltados, como si hubiésemos corrido todo un maratón. —¡Oh nena!, es tú viste perfecta – ella sonríe. —Usted también – me dice cansada. Me gustaría seguir, pero es tiempo de irme. Me levanto, voy al pequeño baño que tiene el lugar, mi acompañante hace lo mismo. Ya arreglados dentro de lo que se pudo, saco mi chequera y un bolígrafo. —Nena, dime tu nombre – se sorprende por mi pregunta, y duda al decírmelo. —Petra Rosales – suelto una carcajada, porque sé que no es su nombre. Arqueo unas cejas – Larimar Rosales – ahora sí. Escribo su nombre en el cheque, con una cantidad importante. —Tu nombre es muy bonito – le doy un beso – Toma. —Señor, en serio no me acuesto por dinero, ayer lo hice por… — la callo con un beso. —Es para que te compres lo que quieras - respira profundo, y asiente. —Gracias – me dice muy contenta. Antes de salir le doy un último beso. Con pesar salgo del club. Por suerte ya mañana me voy del país, más tiempo aquí y esa morena me tuviera a sus pies. —Con que Larimar, me gusta su nombre, ¿Será que la volveré a ver?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD