Capítulo — Cena y Sombras Esa noche, el auto de Alejandro cruzó las rejas de la mansión con una calma fingida. Sabía lo que lo esperaba: tensiones veladas, miradas inquisidoras y silencios incómodos. Aun así, también sabía que debía jugar bien sus cartas. Se había prometido a sí mismo no hablar de Elena, ni de su matrimonio, ni de nada que pudiera encender el veneno de su madre. Fingiría ser el hijo obediente, el empresario ocupado, aunque por dentro esa máscara le pesara como una cadena. Manuela lo recibió en el vestíbulo con la misma sonrisa dura de siempre. El abrazo fue breve, casi protocolar, y en cuanto lo soltó dio la orden a los sirvientes de que sirvieran la cena. El eco de los tacones de su madre en los mármoles fríos retumbaba como una sentencia, recordándole que esa casa nunc

