Capítulo — La Búsqueda Desesperada Alejandro salió del tribunal con el corazón en un puño. Las palabras del juez todavía le retumbaban en la cabeza como un eco imposible de acallar: “Sin la señora Elena Duarte presente, no puedo cerrar este juicio.” Se llevó la mano a la nuca, apretando con tanta fuerza que sintió el calor de la piel bajo sus dedos. Era como si ese dolor físico lo ayudara a pensar, a no quebrarse por completo. Miró el reloj: el tiempo se le escurría como arena entre los dedos. A las dos de la tarde debía volver con Elena o corría el riesgo de perder a Dylan. Y eso, para Alejandro, no era una opción. El aire de la calle lo golpeó apenas cruzó las puertas del juzgado. El ruido de los autos, los vendedores ambulantes y las conversaciones de la gente lo atravesaban como si

