Capítulo 29 – La Fiesta y la Sorpresa La mansión Varela se vestía de gala aquella noche. Los salones brillaban con luces cálidas, arreglos de flores frescas adornaban cada rincón, y en el aire flotaba ese perfume a celebración que Manuela había organizado con precisión quirúrgica. Había orquestado la velada como si fuera un evento de sociedad: invitados elegantes, copas de vino en bandejas de plata, música suave de cuerdas. Todo debía ser perfecto. Al menos, para ella. Pero lo que Manuela no calculó fue que su hijo Alejandro no llegaría solo. Las puertas se abrieron y él apareció, de traje impecable, con el porte seguro que lo caracterizaba y, del brazo, Elena. Ella vestía un vestido n***o de líneas simples, pero que abrazaba sus curvas con elegancia. La tela brillante hacía resaltar l

