Capítulo — La Reina de los Postres Elena despertó en la pequeña habitación que el cura le había ofrecido la noche anterior. No era un lugar lujoso, ni mucho menos, pero en ese rincón silencioso había encontrado el alivio que tanto necesitaba. La cama era sencilla: un colchón firme, una manta limpia y un crucifijo en la pared que parecía observarla con compasión. Después de tantas lágrimas, aquel espacio se había convertido en su refugio. Apenas había dormido unas pocas horas y, aun así, sentía el cuerpo tan pesado que parecía arrastrar el dolor del alma consigo. Se lamentó de no haber traído la medicación para la tiroides, olvidada en el cajón de su dormitorio, y ese descuido aumentó todavía más la sensación de desamparo. Se sentó al borde de la cama, abrazando sus rodillas con fu

