Capítulo — La Culpa de Renata Salimos del apartamento de Alejandro en medio de la madrugada. Él me corrió con esas palabras que todavía me retumban en los oídos. Bueno… a mí me corrió, a mis padres no. Yo me quedé sin aire, sin defensa, como si alguien me hubiera arrancado de raíz. Mi madre me tomó de la mano con fuerza, mi padre cargó las maletas aunque ya estaba cansado, y juntos bajamos al hall como si huir fuera la única opción. El recepcionista nos vio pasar sin preguntas; quizás adivinaba que esa salida no era normal, que había un peso de más en cada paso. Llegamos al hotel como fantasmas. Mis padres trataron de cuidarme, de obligarme a comer algo, de que me abrigara, de que durmiera. Pero yo no podía. Esa noche, mientras ellos se acomodaban en una habitación sencilla, yo me quedé

