La ira que siento dentro de mí o me deja razonar, no puedo hacerlo. Escuchar lo que mis oídos percibieron y tener que verla envuelta en un abrazo cariñoso con el imbécil ese me tiene en revolución. No soy hombre de pelear. De hecho, no he tenido necesidad de caer en ello. Una vez más soy consciente de la grandez del sentimiento que esta mujer logró despertar en mí. Me siento confundido, sin saber qué hacer o por donde ir. Sentí la necesidad de distanciarme, de no seguir. ¿Para qué hacerlo si ella hace todo por demostrar que no soy nada en su vida? ¿Qué valor puede tener cualquier sacrificio que yo haga si igual ella no lo verá? Y si lo ve lo menospreciará. Tuve que hacerme a un lado y apretar mis manos para no dejar que la rabia y los celos me llevaran a dejar salir la brutalidad que

