Desde que trajeron a Alessia a la habitación, me he mantenido al pendiente de ella. Alejandro si bien se ha acercado a ella a hablarle y a observarla mientras duerme, extrañamente no lo he visto mirarme ni siquiera ha buscado entablar algún tipo de conversación. Solo en la mañana se acercó a dejarme unas bolsas con ropa que pidió para mí. En ese momento se le veía más atento, pero ahora el nivel de indiferencia es sorprendente. No sé si es por haberme acostumbrado a su abrumadora presencia. Me siento extraña. Tal vez sea el agotamiento ante tantas actividades que me han producido tensión. Sin querer la mirada se me va a los lugares donde ha permanecido conversando con cualquier persona o simplemente metido en su laptop o su móvil. Es de mañana, los médicos vinieron a revisar a Alessia.

