Poder incalculable.

1016 Words
La reina Oscura. Antonieta Stuardo. Después de aquel enfrentamiento me encontraba con emociones que no me permitían, estar tranquila. Mi reino fue tomado por mi tío Henry, el rey de Smut acompañado de vampiros y demonios que aprovecharon la noche para hacer estragos con mi pueblo. Jamás creí que iba a poder con todos ellos, que sería más fuerte y capaz de derrotarlos sin piedad. Me estaba convirtiendo en alguien que solo veía poder y fuerza ante dolor y tristeza. Lo único que me dolía era mi pueblo, del resto, matar a mi tío Henry habría sido magnífico. Deseaba hacerlo, necesitaba acabar con esto y rápido, pero sabía que él no me la pondría fácil, reconocía su poder y la fuerza de sus Smuters, pero estaba dispuesta a todo si mi pueblo estaba involucrado. Tenía el control de mi reino nuevamente pero no todo podía ser perfecto. Mi tío, el rey de Smut, había matado sin contemplación 400 habitantes en Neverest y ahora ellos estaban pidiendo venganza y odiando el motivo de esta destrucción. El motivo era yo. Ahora, sin embargo, mi expresión era sombría. Ya era muy tarde, la medianoche había quedado muy atrás, y la fatiga actuaba como una cadena que me impedía marcharme. Como no podía conciliar el sueño, había decidido salir a pasear por los jardines para escuchar los sonidos de la noche, para estar a solas con mis pensamientos e intentar conseguir un poco de paz, pero la paz era huidiza; mis pensamientos, pequeños demonios que me atormentaban y se mofaban de mí; y la noche, una nube negra, inmensa y hambrienta, que esperaba pacientemente el momento en que todo acabara por extinguirse. Fuego, una vez más. Fuego para dar vida y fuego para quitarla. La imagen susurraba insidiosamente en mi mente. Me giré con brusquedad y empecé a pasear por los jardines. Eskel me siguió; una figura invisible y silenciosa. Si me hubiese preocupado por buscarlo no lo habría encontrado. Era un hombre alto y fuerte, dotado de una agilidad y fuerza increíbles, m*****o de la Guardia Real y la confianza que necesitaba para salir de esto. Los componentes de éste grupo tenían la misión de proteger a los gobernantes de Neverest, de defenderlos con sus armas, de sacrificar sus vidas para preservar las de ellos. Eskel era mi sombra y, si éste no estaba, Dorothea se ocupaba de protegerme. Uno u otro estaban siempre muy cerca, velando por mi seguridad. Mientras recorría el sendero, mis pensamientos se sucedían con rapidez. Sentía la aspereza del terreno a través de las delgadas suelas de sus chinelas. Neverest, la ciudad de la magia y la paz, su hogar, arrancada de la Tierra del Oeste hacía más de cien años para asentarla allí. — Esos espectros, ¿Eran lo que creí? ¿Eran vampiros? — — Así es, se hacen llamar Smuters, son poderosos — mencionó. Lo miré de mala gana. — No más que usted evidentemente Princesa — — No lo soy Eskel, mi padre lo era — y un atisbo de tristeza me invadió. — Y aunque mi tío tiene poder, sé que reconoce que no es suficiente y siento que busca algo que puede derrotarme— — Lo que hizo princesa, fue único y sin igual. Mis respetos siempre estarán con usted. Sabía que usted salvaría nuestra tierra pero los aldeanos están dolidos, sienten una sed de venganza y quieren protección — — Así va a ser. Gracias Eskel — y acaricié su rostro. Él de inmediato se sintió agradado pero Dorothea se acercaba, su olor podía percibirlo a kilómetros. Él se asombró cuando la tuvo cerca. — ¿Cómo te sientes Dorothea? — pregunté. Ella miró hacia el castillo y vio a los sirvientes arreglando. Mi ejército estaba casi intacto y el bastón descansaba en mi mano. — Me siento mareada, pero se me quitará supongo — — Así es Dorothea — y sonreí. — Podrás transformarte cada vez que lo requiera y que tú lo desees. No puedes usar este poder nunca contra mí y menos en mi reino — — Jamás princesa — e hizo la reverencia habitual. — Permaneceré a su lado tanto que usted lo quiera — — Adelantar su coronación sin importar lo que desee El rey de Smut creo que sería lo mejor princesa — dijo Eskel con firmeza. — Creo que eso no es conveniente, usted no puede ser como él — Eskel comentó. — No voy a romper las reglas impuestas por mi padre, lo haré como los estipula las leyes de Neverest, pero mañana recibiré una visita importante — — Princesa, pero la bruja no dijo cuando vendría — mencionó Dorothea. La bruja la encontró y le dijo que nos veríamos, que estaba encantada por saber de mí y yo estaba ansiosa por saber todo lo que soy capaz de hacer. — Vendrá mañana, lo sé — y sonreí a medias. — Quiero la habitación oscura preparada para cuando ella venga al castillo y los sirvientes fuera de él. ¿He sido clara? — Ambos asintieron. — ¿Y nosotros? — — Dorothea irá a la tierra de Smut a darle un mensaje de mi parte al rey y tú prepararás a nuestro ejército — volvieron a asentir. — Eskel, quiero que los alimentes, que los orientes a la victoria con la ayuda de mi bastón — — Princesa, pero lo puedo hacer sin esto — — No lo harás solo, te necesito vivo, así que harás estrictamente lo que te ordene — — Así será princesa — — Dorothea en compañía de los sirvientes llevara agua y comida al pueblo — — ¿Y si hay más Smuters? — preguntó Dorothea. — No podrán atravesar nada, yo me encargaré de ello — Ambos se marcharon para arreglar todo. En dos horas vendría el amanecer y está lista para recibir a aquella mujer que sus poderes me transfirió. Elevé mis manos al cielo y comencé a crear un muro mágico que solo sería atravesado por ella. Nadie más podría hacerlo. Cubrí todo Neverest, creando frío después de tanto calor.
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