Al día siguiente Ana Lucia tenía un dolor de cabeza insoportable, no debió beber esas estúpidas piña coladas, ni los chupitos ni los no sé qué más. Se levantó de la cama como el zombi que era con sus ojeras y la falta de agilidad a la hora de caminar, casi se tropieza con sus sandalias, maldijo como camionero por la palpitación de sus sienes. Lo único bueno de anoche fue la diversión que compartió con su hermana después de mucho tiempo. Y, pese a lo mucho que disfruto junto a ella, no hablaron de lo sucedido por obvias razones. Estúpido, alcohol, pensó mientras se dirigía a la cocina. Al pasar junto a la puerta de Edward esta estaba entreabierta, sabía que no debió mirar, pero nunca fue conocida por ser la más prudente de la familia sino por ser la más chismosa. Solo será una miradita

