Capítulo 22

2906 Words
–Te lo aseguro, Sisi, el innombrable me escribió. ¡Ha! Como si fuese a caer otra vez –decía Ana Lucía mientras aplicaba una tintura a una señora mayor que quería cubrir sus canas, pese a que Ana Lucia le aconsejo que las canas son la nueva moda –. Es que es increíble, primero él me dice que no lo llame y que ni se me ocurra buscarlo, pero ahora él es quien me busca. ¿Quién lo entiende? Había pasado casi dos semanas desde su rompimiento; decir que lo había superado era una mentira, pero de algo estaba segura, no volvería con él. Ana Lucia dedico todo su tiempo y concentración en su empleo y familia. Por lo que ya no tenía tiempo para llorar y pensar en quien no lo mereciera, la mujer que estaba atendiendo hizo una mueca de desagrado. –Hombres. No puedes vivir con ellos, pero tampoco sin ellos –masculló la mujer, mientras leía una revista de modelos europeos –. Les das todo de ti y ni eso les importa. Por eso digo: mejor sola que mal acompañada. Ana Lucia asintió de acuerdo a su comentario, Sisi por el contrario alzo la ceja en dirección a la mujer mientras anotaba su comentario en el teléfono, para luego seguir atendiendo a su clienta. –Muy cierto –Ana Lucia coincidió –. Si bien aún lo amo, pero hasta yo sé que sería una pérdida de tiempo volver –sospesó sus palabras por unos segundos y un escalofrió le recorrió todo el cuerpo –. No puedo creerlo. Me estoy oyendo como mi hermana. Ay, que alguien me pellizque. ¡AY!, ¿qué te pasa, Sisi? –Tú dijiste que alguien te pellizcara –respondió encogiéndose de hombros, como si eso la justificase. La mujer mayor hizo un ruido afirmativo y Ana lucia la fulmino con la mirada, pero debía de segur atendiéndola como una profesional, pese a ser una traidora. Al terminar, le seco el cabello y luego le aplicó un aceite para que su cabellera tuviera más brillo, la mujer contemplo complacida el resultado; el corte por los hombros y el tinte castaño le hizo parecer más joven, justo lo que buscaba. Le agradeció a Ana Lucia y se fue con la confianza renovada. La chica suspiró. Amaba ver el brillo de sus clientas cuando recuperan su confianza y autoestima, sintiéndose hermosas tanto por fuera como por dentro, siendo las reinas del mundo. – ¿No deberías ir a practicar aplicación de maquillaje? –pregunto Sisi, confundida –. Llevas varios días sin practicar. La chica de cabello purpura negó con la cabeza. Sisi entrecerró los ojos en su dirección. – ¿Por qué? Tengo entendido que eres muy buena. –Tu sabes quién es la maquilladora principal –farfulló con un gesto de desagrado, antes de indicarle a la siguiente clienta que tomara asiento y centrar su atención a ella –. Hola, buenas tardes. ¿Qué le gustaría que le hiciera? ¿Un corte, tintura o un tratamiento a base de ingredientes naturales? La chica cuyo cabello le recordaba a su hermana, poso su mano en su barbilla durante unos segundos. –Un tratamiento de hidratación y un corte en las puntas. Ana Lucía asintió y fue a preparar la mascarilla antes de continuar su conversación con Sisi: –No importa lo que haga o diga. Belle siempre busca la manera para que fracase. –No me sorprende –comento Sisi con un dejo de desaprobación –, si le hizo lo mismo a Perla. – ¿Perla? –repitió –. ¿La chica que renuncio? Sisi asintió, al cabo que terminaba con su clienta. –Sí, pero algunas chicas piensan que no renuncio. –No entiendo. Su amiga rodó los ojos. –Las malas lenguas dicen que Belle le dijo a perla que Priscila la había despedido –explicó –, pero nunca se comprobó. Además, Belle a pesar de ser un asco de persona en una gran maquilladora y empleada –dijo, costándole decir esto último. Ana Lucia asintió distraídamente, mientras se acercaba a su clienta con la mascarilla lista en un tazón. Mojo su cabello con un rociador para luego aplicar la mascarilla y dejarla actuar por treinta minutos. Aprovechando el tiempo para hablar con su hermana. Su relación con Ana Marie iba viento en popa. Se estaba reconectando con ella y había descubierto o intuido que su hermana estaba enamorada, o al menos, eso concluyó por su felicidad y sus ojos brillosos (ya que estos se mantienen opacos) y sospechaba que el afortunado era Edward o Álvaro. No tenía ninguna prueba, pero tampoco dudas. Una parte de ella se sentía realmente feliz por ella pero; su parte envidiosa, le decía que no era justo que su hermana volviera a brillar por sobre ella. Sintió un trago amargo pasarle por la garganta y se odio por tener tales sentimientos. Amaba a su hermana y le deseaba lo mejor, así como ella le deseaba lo mejor pero, aunque lo quisiera ignorar, siempre sintió algo de celos por su hermana mayor. Pese a saber que no era la chica perfecta, pero siempre parecía enorgullecer a todos con sus pequeñas acciones. Su teléfono sonó. Sacándola de todos esos pensamientos poco amistosos. Vio que era un mensaje de su hermana. –Ahora hablamos, Ana Lucia. Recuerda que hoy es sábado –decía el mensaje. Ana Lucia arrugo las cejas e hizo un gesto pensativo, ¿qué cosa hacia su hermana además de las clases universitarias? ¡Ah, sí! ya lo recordaba, tiene sus preciados cursos de idiomas. Recordó vagamente cuando su hermana presumió ser la mejor alumna de su clase con el Profesor Clarke, gracias a sus clases extraacadémicas. Sí que repetía mucho el nombre de ese profesor. –Está bien. Avísame cuando estés libre –le escribió de vuelta. Bloqueo su celular y se concentró en sacar sus tijeras. –Espera –la voz de su clienta la detuvo –, ¿sabes en qué fase de luna estamos? – ¿Disculpe? ¿Cómo dice? –preguntó aturdida. –La fase lunar, ya sabes, para cortar el cabello –dijo con naturalidad, pero su rostro se puso algo nervioso –. Si lo sabes, ¿cierto? Decir que no sabía de lo que su clienta hablaba sería una mentira, su hermana se había encargado no solo de enseñarle a hacer mascarillas faciales y capilares, sino también a entender las fases lunares para cortarse el cabello o depilarse y, dependiendo de dicho ciclo, el cabello puede crecer más rápido y fuerte. –Por supuesto –confirmó con su mejor sonrisa de comerciante –, si no me equivoco estamos en menguante. En esa fase, la energía lunar influye para que la cabellera crezca muy brillante, saludable y espectacular –repitió la explicación de su hermana como si de una mantra se tratara. Su clienta sonrió satisfecha y le permitió continuar. Sisi la miraba como si le hubiese salido una segunda cabeza, pero no dijo nada y siguió con su trabajo. Cortó las puntas como le había explicado Priscila, y al terminar le pregunto a su clienta si quería que le secara el cabello a lo que negó. – ¿Esa fue la última clienta del día? –preguntó a Sisi orando a que así fuera. Por suerte sus plegarias habían sido escuchadas. Sisi le asintió y junto a las otras chicas empezaron a limpiar sus respectivos espacios de trabajo, Ana Lucia al terminar de organizar su área fue en busca de la escoba y empezó a barrer todo el lugar. Había sido una larga jornada. Si no era un corte, era una tintura y si no era eso, era un tratamiento capilar. Al terminar boto el cabello y apago las luces, Sisi la esperaba en la entrada del salón. Al acercarse se encontró con Belle quien le dirigió su clásica mirada de pocos amigos, no le falto ganas de correspondérsela gustosa. –Faltaste a tu sección, otra vez –le hizo saber irritada –. Le diré a Priscila que no estas tomando esto en serio. Ya verás que te despedirá al instante. –Haz lo que quieras, Belle –replicó sin inmutarse ante su tono y su mirada. Hizo ademán de pasar, pero Belle la tomó bruscamente del brazo, lastimandola. Ana Lucía se zafó con violencia, mientras que Sisi se posiciono a su lado como apoyo. – ¿Qué es lo que te pasa, Belle? –Sisi atacó. –Vuelves a tocarme y veras de lo que soy capaz de hacer –amenazó Ana Lucia furiosa, su hermana era testigo de lo fuerte que son sus golpes–. Deja de molestarme, que yo no te he hecho nada malo. Belle se rió con ironía ante la amenaza de Ana. Sin contar que Priscila lo observaba todo en silencio, sin que ninguna de las tres se percatara de su presencia, quería comprobar si los comentarios de sus otras empleadas eran ciertos. Por lo que aguardo un poco más antes de intervenir. – ¿Crees que puedes venir aquí como si nada a truncar todo mi esfuerzo? Dime, ¿venir aquí a robarte el trabajo de otra persona? Yo me he esforzado en ser reconocida, así que aléjate o sino… –O sino, ¿qué? –cuestionó Priscila seriamente, haciendo sobresaltar a las tres mujeres. Alzo las cejas esperando una respuesta de Belle, quien no sabía a dónde mirar –. ¿Y bien? Estoy esperando, Belle. ¿Qué ibas a decir? El rostro de Belle perdió todo rastro de color, sus ojos se abrieron con horror y su boca se abría y cerraba como un pez. Ana Lucia estaba incomoda, pero muy satisfecha con la situación, sabía que belle diría o haría algo que la pusiera en la mira de Priscila y, por fin, se diese cuenta de la clase de persona que es Belle Black. Sisi por otro lado; estaba feliz porque el karma por fin le estaba cobrando a Belle todo lo malo. Las tres mujeres tenían pensamientos y reacciones distintas, pero Ana Lucia y Sisi disfrutaban de cierta forma ver como el karma actuaba en frente de sus ojos, un espectáculo que muy pocos podían presenciar. –Chicas, les sugiero que se vayan –índico Priscila, mirando seriamente a Belle –. Menos tú, Belle. Tenemos algo muy importante de que hablar. –Pero… –Ahora –cortó Priscila su voz se oía furiosa y decepcionada. Dirigió de nuevo su mirada en Ana y Sisi –. Nos vemos mañana, chicas, buen trabajo. Ambas chicas querían quedarse a ver que sucedía, pero no querían molestar aún más a su jefa, que de por si se podía sentir la furia contenida en su voz. Por lo que se despidieron y salieron a pasos lentos, por si escuchaban algo de casualidad, lo cual no sirvió de nada. Pero al menos lo intentaron. Al salir del salón el teléfono de Ana Lucia vibró, era un mensaje de su hermana, sonrió ante el mensaje y le respondió que la llamaría cuando llegara a casa. – ¿Qué crees que le diga Priscila a Belle? Se veía muy furiosa –Sisi comentó en un murmullo. Ana Lucia apretó los labios. –Quizás la despida o que se yo –dijo. Ambas se detuvieron en un restaurante de comida rápida antes de volver a su apartamento. ……………………………………………………… Al día siguiente. Ana Lucía tenía el cabello como un nido de ratas mal teñido, sus raíces cada día se hacían más notorias, aunque le gustaba como se estaba viendo el castaño de su cabello natural contrastando con el purpura. Le gustaba como le estaba quedando. Después de cepillarse y tomar una ducha, fue a la cocina donde Sisi cocinaba unos panqueques con miel y fresas, por un minuto su estómago se revolvió pero lo ignoro. No iba a dejar de comer su desayuno favorito por su ruptura, comenzó a poner la mesa y luego ambas se dispusieron a comer. – ¿Qué harás el día de hoy? –pregunto Sisi mientras cortaba un pedazo de panqueque, para luego meterlo a su boca. Hoy es domingo. Por lo tanto, tienen el día libre. –No lo sé, normalmente saldría al cine o algo así –su gesto se oscureció un poco, siempre salía al cine con Ryan o iban al parque –. Creo que me quedare en casa todo el día comiendo helado, ¿y tú? ¿Qué planes tienes, Sisi? Las cejas de Sisi se juntan. –Pensaba ir a la plaza por la actividad de bandera blanca –musitó, antes de beber su jugo de naranja. – ¿Tienen bandera blanca aquí? – ¿Sabes lo que es? – ¡Por supuesto que lo sé! –exclama –. En Sierra Cayena hacen lo mismo, es una actividad donde bailas, bebes y te reúnes con amigos. Ah, hace tiempo que no voy, me divertía muchísimo en esos eventos –concluyó en un suspiro nostálgico. Ana lucia pasaba sus fines de semana en dichos eventos ya sea con su madre, primos o amigos. Sino bailaba escuchaba la buena música, y no escuchaba música bailaba. Su hermana solo fue a un evento de bandera blanca, y al parecer el universo no lo soporto, ya que llovió esa misma noche de manera repentina. Ella y su madre bromearon con Ana Marie por varios días sobre eso. Sisi al ver su melancolía decidió proponerle una solución: – ¿Por qué no vas esta noche? así conoces a mis amigos y tendrás más conocidos en el pueblo –sugirió –. Además, sería divertido ver una batalla de baile entre una chica de Villa Olive y otra de Sierra Cayena. La susodicha sonrió ante tal propuesta. Vencer a alguien en su propio terreno alzaría en lo alto el nombre de su pueblo, y como bono extra de vivir nuevas experiencias y divertirse un rato. Hace mucho que no salía a divertirse y lo necesitaba con urgencia. –Harás que humille a tu pueblo –dice al cabo que muerde una fresa, al tragar continúa: –. Me pregunto quién será el cordero de sacrificio. –Hablas mucho –aconsejo –, por lo que te recomiendo guardar tus palabras hasta que ganes, del resto, no digas nada. Ana Lucia bufo. –Sonaste como mi hermana. –Pues suena muy sabia –acotó –. ¿Cuándo le dirás que terminaste con Ryan? –Esta noche o mañana –hizo una mueca –. Aunque ya se lo dije a mi madre esta mañana por mensaje, puede que ella se lo diga. Aunque lo dudo mucho. –Ah, ¿sí? ¿Por qué? –Mi hermana no habla mucho con mama. Le envía de vez en cuando, pero no se comunican mucho. Cuando Ana Marie vuelve a Sierra Cayena en las fiestas y en uno que otro fin de semana, aprovecha para estar junto a mama. –Suena a que es algo fría. –Sí, así parece –coincidió –. Pero es amorosa cuando a su manera. De una manera extraña, pero amorosa, sonrió internamente. La conversación quedo ahí y terminaron sus desayunos en silencio. ………………………………………………………….. Ya era de noche. Ana Lucia se miraba al espejo y se arreglaba las arrugas inexistentes de su blusa, nerviosa. Sisi la contemplaba por el rabillo del ojo, mientras se aplicaba labial rojo pasión, al terminar vio que Ana seguía con su tarea. Frunció el ceño y pregunto: – ¿Todo bien? –Sí, sí, todo bien –se obligó a decir, pero los nervios comenzaron a hacer que sus manos temblasen un poco –. No, no lo estoy. ¿Qué pasa si me reencuentro con Ryan? ¿Qué hare cuando lo vea? ¿Lo ignoro o le hablo? – ¿Para qué querrías hablarle? –farfulla Sisi –. Tú misma dijiste que es un idiota. –Lo sé, lo sé, pero no es como a mis otros ex. Con Ryan las cosas terminaron muy mal, ¿pero con los otros? Uf, aun hablo con ellos y son mis amigos. –Se supone, que nadie se vuelve amigo de su ex. –No es obligatorio –replica –. ¿Lo dices porque no volviste a hablar con tus ex? –Ah, con uno que otro, pero de ahí a hacerme su amiga. No, por supuesto que no –vio el rostro consternado de Ana Lucia, suspiro –. Escucha, ¿recuerdas lo que te dijo Priscila? –Ana asiente –. Bien, usa eso como motivación, si lo vuelves a ver, ¿Qué importa? Ya no es parte de tu vida, por lo que no debe afectarte. Tú eres un diamante, que él por tonto perdió. Ana Lucía asintió, agradeciendo enormemente el haber conocido a Priscila y a Sisi. Gracias a la primera por abrirle los ojos y encender su deseo de ser una mujer independiente y poderosa; y gracias a la segunda por ser una amiga comprensiva y caritativa que cuando la necesito estuvo allí para ella. Antes de irse, le envió un mensaje a su familia y hermana deseándoles unas buenas noches, y una promesa de visita a cada uno. – ¿Lista para perder en el baile? – ¿Lista para tragarte tus palabras? –Rebatió Sisi. La ojimiel sonrió con suficiencia. –Vaya que disfrutare esta noche.
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