Capítulo 21

1344 Words
Tiempo actual. Villa Olive. Ana Lucia había dejado la fase de depresión para caer en otra, la fase de la ira y aceptación, pese a que fue ella quien decidió terminar la relación o ¿fueron ambos? No lo quiso pensar mucho; por lo que busco distraerse con lo que mejor sabía hacer, limpiar mientras escucha música y cantar a todo pulmón. Tenía unos días libres del trabajo ya que Priscila considero que su estabilidad emocional no está al cien por ciento estable, y no la culpaba por pensar eso. Sisi había sido muy amable al permitirle quedarse en su apartamento, argumentando que podía quedarse el tiempo que quisiese. Ana Lucia estaba completamente agradecida, y considero que pagar la mitad del alquiler y limpiar el apartamento mientras Sisi trabajará, sería su muestra de agradecimiento. Pese a ser un apartamento de dos habitaciones, un baño, cocina y sala a Ana Lucia le recordó nostálgicamente al apartamento donde su madre se había mudado inicialmente (antes de comprar su casa), compartía la habitación con su hermana mayor y, pese a que su hermana tenia mal dormir y la aplastaba contra la pared le gustaba su pequeño hogar. Cuando termino de limpiar; fue a ducharse para luego ir a la cocina a hacer panecillos de chocolate, sus favoritos, para así ver una maratón de The walking dead. Necesitaba ver masacre en lugar de romance. Cuando termino los panecillos, decidió enviarle una foto a su hermana (quien ama el chóclate) demostrando así su interés por volver a tener una buena relación con ella. Sonrió maliciosamente imaginado la reacción de su hermana ante la foto, una vez Ana Marie compro un pastel de chocolate relleno de fresas y le envió una foto mientras le daba una cucharada, esa era una de las pocas veces que no se veía seria ni antipática. Los dejo en el refrigerador por cinco minutos para que se enfriasen un poco y así no derretir el glaseado. Diez minutos después estaba sentada en el sofá viendo la serie, para cuando Sisi llego del trabajo encontró a Ana Lucia frente al televisor con una gran bandeja llena de panecillos de chocolate y gritando extasiada cuando asesinaban a un zombi, abrió los ojos aún más si eso era posible. Se estaba preocupando. Por lo que decidió hablar con su último recurso. Priscila. …………………………………. Priscila no era conocida por ser una mujer dulce ni delicada, pese a que su negocio se trataba de la belleza en general, pero eso era diferente ya que según ella la belleza es un arte que debe ser echo con delicadeza, paciencia y técnica. Pero cuando se trataba de sus empleados la cosa era diferente, era una jefa dura cuando la situación lo ameritaba y también era comprensiva hasta el punto de considerarla una amiga. Cuando Sisi (su empleada de hace más de cuatro años), la llamo preocupada por Ana Lucia y le dijo tal vez era mejor que se mantuviese ocupada en el trabajo. Al principio, Priscila objeto pero cuando Sisi le envió una foto de Ana Lucia, cambio de parecer. –Voy a hablar con ella. Puedes retirarte, Sisi. Sisi le agradeció y salió de la oficina de su oficina. Un suspiro nostálgico salió de los labios de Priscila. Los rompimientos, no importa de qué tipo sea, siempre tiene sus fases de duelo y todos lo sobrellevan de diferentes maneras. –Ay, esta niña sí que me recuerda a mí –murmuró, mientras empezaba a marcar su número. By. By. By. – ¿Hola? –contestó una voz un poco ronca. Priscila arqueo las cejas, de seguro estaba llorando. –Hola, Ana Lucia –saludo –, ¿cómo has estado? – ¡Priscila! Digo, jefa. Estoy bien, muy bien. –Ah, ¿sí? pues eso es bueno. Mira, necesito que mañana mismo vuelvas al trabajo. – ¿Mañana? –preguntó confundida –. Pero, usted me dio unos días libres por considerar mi estabilidad mental inestable. Si, pues ahora está peor, pensó. –Pues peor se pondrá sino sales y haces algo para salir adelante –Priscila comento autoritariamente –. Te veré mañana, Buenaventura. No quiero excusas, ¿entendido? –Entendido, jefa. Que tenga un lindo día. Al colgar Priscila masajeo sus sienes; cuestionándose si debía aconsejar a la chica o dejarla para que se superase por sí sola, después de todo, la muchacha ha demostrado ser lo suficientemente creativa tanto en el hábito laboral como en lo social. Pero al parecer, su reciente rompimiento la ha dejado muy dolida, por lo que le preocupaba de sobremanera. Como jefa y como mujer se preocupada por todas y cada una de sus empeladas; sí, es una mujer dura y estricta pero también compresiva y siempre estaría ahí para ellas. Unos toques a su puerta, la sacaron de su ensimismamiento parpadeó un par de veces antes de decir: –Adelante. Belle entro casi con timidez a su oficina, Priscila arqueo las cejas en su dirección. ¿Qué hacía belle buscándola? A esta hora tiene clientas. – ¿Puedo saber qué haces aquí en vez de trabajar? –no estaba de ánimos para chismes, porque si, conocía lo chismosa que podía ser Belle pero lo compensaba siendo una buena trabajadora. –Jefa, no pude evitar notar la falta de Ana Lucia. ¿Puedo saber el motivo de su falta? –preguntó, conteniendo su satisfacción por la ausencia de la susodicha. Priscila no es ninguna tonta. Sabía que Belle detestaba a Ana Lucia por su creatividad a la hora de maquillar, quitándole una que otra clienta que prefería que Ana Lucia la maquillase. –Eso no es asunto tuyo, Belle, y te recomiendo que vuelvas a tu trabajo –dijo tajante, no le gustaba la hipocresía y adulación de su empleada –. Estas desperdiciando tiempo y eso no me gusta, Belle. –Lo siento, jefa –se obligó a decir –. No volverá a ocurrir. –Pues eso espero. Belle se obligó a sonreír antes de retirase. Al salir se encontró con Sisi, quien la miraba con claro desagrado, una mirada que le devolvió gustosa. ………………………………………………….. Ana Lucia se sentía como el primer día. Si bien solo estuvo casi setenta y dos horas sin trabajar se sintió abrumada, pero lo atribuyo a su reciente rompimiento. Suspiro. Aun dolía, la herida en su corazón seguía fresca y se preguntó cuánto tiempo duraría aquel dolor, esperaba que poco tiempo no le gustaba estar llorando todo el tiempo ni enojarse por cosas absurdas que le recordaran a su ex. Debía concentrarse, ya que ese día iba a aprender a teñir cabello con nada más y menos que con Priscila, su jefa. Estaba nerviosa después de todo era su jefa, la mujer que le dio una oportunidad pese a su primera negativa, no dudo en darle el empleo varios días después de su ofrecimiento y, desde entonces, cada día se esforzaba para demostrarle no solo a su jefa sino a si misma que podía ser una mujer autosuficiente y profesional. Tomaría todo su dolor, ira y frustración para ser mejor en su empleo. Su rompimiento por mucho que duela no la destruiría, la haría más fuerte y segura. Al entrar a la sección de peluquería, su jefa ya estaba ahí preparando el tinte con unos guantes en sus manos, ya que el químico podría ser dañino para estas. Su jefa, la noto por el rabillo del ojo y una leve sonrisa adorno sus labios. – ¿Lista, Ana Lucia? –preguntó sin dejar de preparar el tinta. ¿Estaba lista para este nuevo capítulo de su vida? ¿Demostrarle a Ryan que había perdido un diamante? ¿Resurgir más fuerte y hermosa que nunca? Sí, si lo estaba. Ana Lucia enguantaba sus manos mientras se acercaba a su jefa con pasos seguros, transformando su dolor y melancolía en determinación. –Muy lista, Jefa –confirmó con una sonrisa. Lo que no nos mata, nos hace más fuertes. A veces en la oscuridad puedes encontrar la luz, si se tiene la fortaleza necesaria para hallarla.
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