Toda historia debería comenzar con un “erase una vez” y terminar con un “y vivieron felices para siempre”. Pues, para Ana Marie, su historia y calvario apenas estaba comenzando. Poco después de haberse enterado de que su hermana se había ido de la casa se puso furiosa y muy decepcionada de ella. Lo único que más o menos la consolaba, era que su hermana al menos había esperado ser mayor de edad para irse y no antes; un sentimiento poco consolador si me lo preguntan. Ana Marie decidió quedarse una semana más en su pueblo para intentar hacer “recapacitar” a Ana Lucia. Aunque no sabía por dónde empezar.
–Ana Marie, hija deja de poner esa cara, te hace mal –dijo la madre de Ana Marie y Ana lucia.
– ¡No pienso calmarme, mamá! ¡Mi hermana se fue a vivir arrimada con un vago en la casa de sus padres y tú no estás haciendo nada para traerla de vuelta! –replicó Ana Marie, la chica culpaba de cierta forma a su madre pero sabía que Ana Lucia fue la que tomo la decisión solita, y no sabía con quién estar más molesta si con su madre, hermana o con ambas –. Va a arruinar su vida, no tiene trabajo y ese muchacho tampoco lo tiene y ni tiene el deseo de buscarlo. Es un vago. Si ambos trabajaran, no me importaría lo que estuvieran haciendo…
La madre de Ana Marie levanto la mano para callar a su hija mayor. Cuando su hija detuvo abruptamente sus quejas, le dio una mirada seria y molesta cruzo sus brazos, y con toda la seriedad que la situación ameritaba dijo:
–No me hables como si no he intentado hacer volver a Ana Lucia, en vez de estarme reclamando a mi, reclamale a tu hermana –su hija la miraba con el ceño fruncido y los labios apretados. Al no obtener respuesta continúo: –. He intentado hablar con ella, Ana Marie, pero la conoces es una terca y ese coñito le dice cosas y la muy pendeja le hace caso. Tu hermana es una conformista, se conformó con el primero que se le cruzó.
Pero Ryan no era el primer novio de Ana Lucía, la chiquilla tuvo una lista de al menos cinco viejos amores, no se quedaba sola mucho tiempo. Y eso Ana Marie lo tenía muy en claro, pero ninguno de esos “viejos amores” era tan malos como este muchachito, como le dice ella, algunos eran estudiosos y si no lo eran, eran trabajadores y eso le parecía aceptable.
–No, mamá, tú y mi hermana no hablan, más bien se gritan y tú le dice muchas cosas feas –le recordó con amargura –. No estoy aquí para criticar y señalar a mi hermana, yo no sé cómo actuare cuando este enamorada. No sé si seré igual o peor que Ana Lucía, mamá. Pero me niego a que viva con ese muchachito vago y sin futuro, ella merece más.
–Si no le gritaba, ¿cuándo se hubiera graduado la niña esa? –se señaló así misma con el dedo, como si sus acciones para con su hija menor fueron justificadas –. Se graduó a punta de brega, a punta de gritos y coñazos. A tu hermana no le gustaba estudiar, ni le gustan ahora menos que esta con su “marido”.
Con una mueca de hastío Ana Marie se sienta en uno de los muebles de la sala, la casa de su madre siempre fue del tamaño justo para ella, no le gustaba las casas chicas. Ya que siente que se ahoga en un espacio reducido. Con ambas manos cubre su rostro sin empañar sus lentes de montura gruesa de color n***o, hasta pensó en la opción de jalarse los cabellos para saciar toda la frustración que la situación le provocaba, pero no lo haría, si algo amaba Ana Marie más que los libros era su cabello, lo cuidaba con una admiración casi obsesiva.
Las relaciones madre e hija siempre suelen ser complicadas. Algunas veces no tienen problemas, otras tienen más peleas que sonrisas y complicidades, la relación de Melina con Ana Marie y Ana Lucía era sin duda una mezcla de ambas. Podían pelearse, abrazarse y besarse las mejillas todo al mismo tiempo. Hay días en los que son las mejores amigas y otros en los que son las peores enemigas.
– ¿No deberías estar ya en la ciudad? –Ana Marie quita las manos de su rostro y mira a su madre desorientada, Melina suspiró con cansancio por la falta de coordinación que su hija tiene de vez en cuando –. Según tengo entendido ya debes tener clases en la universidad, Ana Marie.
Y, como si un foco se hubiera encendido.
–Sí, debería pero…
– ¿Pero….?
–Hable con la coordinadora de la universidad y ella me ayudó a convencer a mis profesores de enviar todos los temas y trabajos por correo electrónico, así no me retrasaría en las clases ni en las notas –explicó.
– ¿Por cuánto tiempo?
–Una semana.
La sala se quedó en silencio. Melina sabía que no debía preocuparse por Ana Marie, ella siempre fue una chica responsable con sus estudios, lo que le preocupaba era el hecho de que su hija menor perjudicara a su hija mayor con sus estúpidas decisiones. Si bien, al principio aceptó al nuevo novio de su hija, todo iba bien al principio. Como me gustaría poder dar con detalles jugosos lo que salió mal en la relación de nuero y yerna, pero eso será más adelante. Melina sentía que perdía a Ana Lucia, y estaba molesta con ella hasta el punto de darle la espalda, quizá no era la mejor acción a tomar, pero su orgullo era más grande que cualquier otra cosa.
Ana Marie por el contrario de su madre pretende hacer a su hermana “entrar” en razón. Si bien, Ana Marie sabe que no será una tarea fácil deberá intentarlo, ya que de cierta forma se sentía responsable por su hermana.
–Apuesto a que es la comidilla del pueblo, ¿no?, Mamá –dijo Ana Marie con un nudo en la garganta.
– ¿Qué puedo decir? Pueblo pequeño, infierno grande.
Y vaya que es un gran infierno.