Algunos se preguntarán las razones por las que la joven Ana Lucía decidió irse de casa. Si bien es una historia algo larga, pero en resumen, fue por problemas con su madre, Melina; las constantes peleas, insultos y comparaciones con su hermana colmaron la paciencia de Ana Lucia. Sí, no es una estudiante aplicada pero eso no le daba a su madre el derecho de compararla con Ana Marie. Para la joven su hermana no era la chica perfecta que proyectaba en el mundo. Su hermana mayor es callada, y ya saben lo que dicen, que a los callados hay que tenerles más miedo que a los que hacen mucho ruido.
Ana Lucía recordaba perfectamente cuando su hermana hacía una travesura, nunca la atrapaban, su rostro angelical junto con una actitud sumisa la exceptuaban de toda sospecha.
"Y cuando la descubrían a ella nunca la regañaban", recordó Ana Lucia con poca gracia.
Pero no por eso dejo de querer a su hermana. Ana Marie siempre le había aconsejado usar su cabeza y ser cautelosa para conseguir lo que quería, pero para ella no le era fácil, siempre fue una revoltosa. La decisión de irse fue apresurada. Muy apresurada. Pero por ahora, no se arrepentía de la decisión que había tomado.
Solo esperaba no equivocarse y volver a casa con el rabo entre las patas. Además, ver el rostro de suficiencia de su hermana y el famoso “te lo dije” no es algo que Ana Lucia quisiera presenciar en un futuro cercano. Si bien, Ana Lucia aun no hablaba con su hermana sabía de antemano que ella no estará contenta con su decisión, hasta podría jurar que está hablando con su madre ahora mismo. La chica aprieta el dobladillo de su falda verde, nerviosa, mientras esperaba ansiosa la llamada de su hermana.
Sabía que llamaría pero no sabía cuándo ni a qué hora además; no se atrevía a llamarla.
– ¿Por qué tan nerviosa, mi amor? –Ryan preguntó al ver el estado de su novia.
–Mi hermana me llamara –dijo a modo de explicación.
Las cejas de Ryan se fruncen al no comprender los nervios de Ana Lucía, el chico no había convivido mucho con la hermana mayor de su novia, pero sabía que no le agradaba del todo o al menos lo sospechaba. Ana Marie siempre fue cortés con él, pero los ojos de ella nunca mostraron aprecio o aprobación, es más, hasta podría apostar que Ana Marie simplemente no lo consideraba importante para tener su aprecio o desprecio.
–No te entiendo, ¿por qué estás tan nerviosa? es solo tu hermana.
Una risa entre sarcástica y amarga salió de los labios de Ana Lucia como si no pudiera creer lo que escuchaba, y es que por favor ¡era Ana Marie! Los argumentos de ella siempre lograban hacer sentir a la pobre como una tonta cuando se lo proponía, y más cuando pensaba que Ana Lucía estaba equivocada.
– ¿Solo mi hermana? ¡¿Solo mi hermana?! –Repitió aún con las carcajadas de por medio, al callarse por fin decidió “ponerse seria” –. Ella no estará contenta con la decisión que tome. De seguro debe estar furiosa conmigo justo ahora, nunca la has visto molesta. Solo viste sus sonrisas y saludos cordiales, nada más.
Aun así Ryan creía que exageraba.
–No puede ser tan malo.
Ana Lucía no dijo nada, sabía que sería una pérdida de tiempo. Así que siguió con lo que estaba haciendo, apretar su dobladillo antes de morder sus uñas.
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Regresando al pueblo Sierra Cayena. Ana Marie tenía una charla con su abuela Dorothea y su tía Doris, las tres estaban hablando de Ana Lucia pero, ¿no debía estar también Melina? El tema de conversación es su hija, entonces ¿Por qué no está presente? Bueno, mis queridos espectadores, Melina había optado por estar en su casa todo el día sin decirle a su hija mayor sus planes.
–Yo digo que no nos involucremos –acotó severamente Doris, una mujer en sus treinta tantos con mechas rubias en su cabello, su madre Dorothea asiente de acuerdo –. Tu madre y hermana tienen una relación tóxica, un día se pelean y al otro son corazoncitos en el aire. Es mejor no involucrarse.
–No estoy diciendo lo contrario, tía, pero está arruinando su vida –Ana Marie no quería dejar a su hermana a su suerte, pero ¿y si lo dejaba estar? Era ella quien se perjudicaba no ella. Pero se negaba a ser egoísta y dejarla a merced de este estúpido –. Es la comidilla del pueblo, una burla, un hazmerreír. Debe ir a la universidad y si no es eso debe trabajar, ser alguien suficiente, valerse por sí misma y no ser una mantenida.
Ryan ni siquiera le recarga el celular a su hermana, lo hace actualmente el padre de la aludida y eso la molestaba aún más, si Ana Lucía no trabajaba debía pedirle a su maridito que le recargará el celular pero como no lo hace, le pide a su padre la recarga del celular. Si va a ser una mantenida, pues al menos que le saque dinero a su maridito, pero como el bello no trabaja ni se gana la voluntad no le hace nada.
–Además, ese muchachito tiene la ideología de que los padres deben mantener a los hijos –su tía y abuela hacen una mueca de desagrado –. Una cosa es educarlos, alentarlos en la vida y otra muy diferente es hacerlos unos sinvergüenzas. Y eso es lo que es ese estúpido.
–Ana Marie, por mucho que nos desagrade y duela la situación no podemos hacer nada, esto es cosa de tu hermana y madre, nosotras no podemos meternos en ese circo –argumentó Dorothea cabizbaja, la vieja mujer ya no estaba para escándalos, al menos, no estar en medio de ellos –. Hija, te recomiendo volver a la ciudad y a tus estudios. Es lo mejor por ahora, al menos hasta que las cosas se calmen.
Ana Marie procesaba las palabras de su abuela rápidamente pero aun así, no podía creer lo que sus oídos escuchaban, no ayudarán a Ana Lucia y, de cierta manera lo comprendía. Su abuela y tía son mujeres tranquilas que no les gusta protagonizar escándalos. Muy diferente a su madre y hermana quienes son las ovejas negras de la familia, pero aun así todos se amaban con sus defectos incluidos.
–Aún no la he llamado –acotó.
–Pues llámala si así lo deseas, pero será tu decisión si quieres mortificarte por algo que no te afecta en nada –advirtió Doris, antes de levantarse e irse a ver a su hija.
Abuela y nieta una vez solas, la señora Dorothea de sesenta y seis años. Miró a su nieta mayor con preocupación, sabía que ella no se rendiría y buscaría la manera de ayudar a Ana Lucía, aunque ella no pidiera tal ayuda.
– ¿Por qué te interesa tanto lo que haga o no haga tu hermana? Hace unos años ni te importaba lo que hacía o dejaba de hacer.
Ana Marie se estremeció ante la pregunta de su abuela, bien es cierto que antes no se preocupaba por su hermana, ósea si la quería, pero no le prestaba la atención que una hermana mayor le dedicaría a su hermana menor como debería.
–Porque es mi hermana, solo por eso –respondió borde, su abuela arrugó su rostro disgustaba por la respuesta y la actitud defensiva de su nieta. Cuando Ana Marie no pudo soportar el gesto de su abuela, decidió ir por el camino sano, decir la verdad –. Porque siento que esto es mi culpa, ella no se habría ido si yo hubiera sido más cercana a ella. Hubiera hablado con ella, la hubiera aconsejado y nada de esto estaría pasando.
Dorothea negó varias veces.
–Sabes cómo es tu hermana, así que no te sientas culpable, hija –tomó la mano de su nieta dándole un leve apretón, reconfortándola–. Ana Lucia es muy terca y tú aún más, no tienes por qué sentir culpa cuando tú no fuiste la que le dijo que se fuera. Se fue ella sola.
Las lágrimas picaban en los ojos de la joven pero se negaba a soltarlas. Odiaba llorar, además, empañaría sus lentes y eso lo odiaba aún más.
Es sorprendente cómo las culpas nos hacen asumir que las malas decisiones que eligen aquellas personas cercanas a nosotros son por nuestra causa. Que sus desgracias o desventuras fueron causadas por nosotros ya sea de forma directa o indirecta. Y eso es lo que sentía Ana Marie, que la decisión de su hermana había sido culpa suya, es un error que debía y quería emendar.
–Debo llamarla –anunció con fervor.
Soltando la mano de su abuela y dándole un beso antes de abandonar la sala fue a buscar su teléfono, llamaría a su hermana y hablaría con ella muy seriamente.
"Contrólate, Ana Marie, si le empiezas a gritar menos te escuchara", se dijo mientras marcaba a su hermana.
Tres timbrazos y contesta:
–Hola, Ana Marie.
–Hola, Ana Lucia.