Barton recorre el cuerpo de Dalila con una delicadeza contradictoria, porque las embestidas son recias, con la desesperación de tener a la mujer que deseó tanto y que ahora tiene entre sus brazos para demostrarle que es valiosa para alguien. Sus ojos se encuentran con los de la chica, ella le acaricia el rostro mientras siente cómo Barton le está quitando con sudor y gemidos todo aquello que la atormenta y daña. El hombre se aferra a las caderas de Dalila para llevar más profundo, mientras su frente se une a la de ella y hasta que ambos sienten cómo lo inevitable los ataca. Cuando los dos llegan al clímax, Dalila cierra los ojos y trata de respirar con normalidad. Barton la besa y se sale de ella para recostarse a su lado y abrazarla, no quiere que se quede sin su calor como quien cumple

