Los días de Daphne comienzan a pasar tristes y lentos. Tras aquellas palabras tan agudas, le pidió a Serafina un uniforme más grande para no dejar que Magnus la humille más por su apariencia. Como peinado solo una trenza y su sonrisa se perdió para todo el mundo. Las humillaciones de Tania la llevaron a comer sola escondida en el establo y las de Magnus a buscar hacer el trabajo lo más oculta posible. Abre los ojos con pesadez, las lágrimas se le escapan como cada día al iniciarlo y se levanta, con el pie aún resentido, pero sin detenerse para no dar paso a más palabras crueles de parte de su esposo. Al salir, Tania la está esperando y con dos baldes de madera, le dice. —Hoy te toca ordeñar a las vacas y luego debes seguir con las cabras —en completo silencio Daphne toma los baldes con

