Por la mañana, cuando llega directo a sacar a la muchacha de la casa y ponerla a trabajar, se encuentra con la puerta abierta y no duda en correr al interior, pensando en que ha encontrado la manera de escaparse. Sin embargo, pronto nota la cadena y sigue el camino que ha dejado.
En la medida que se acerca, oye su melodiosa voz que le eriza la piel, cantando una canción que le parece conocida, pero no sabe muy bien de dónde.
—Para olvidarme de ti, voy a cultivar la tierra… en ella espero encontrar remedio para mi pena… Aquí plantaré un rosal con las espinas más gruesas… tendré lista la corona para cuando en mí te mueras… *
—¿Quién quieres que se muera? —La pregunta sobresalta a Daphne que deja caer toda la fruta que ha recolectado. Magnus se apresura a llegar a ella y toma uno de sus brazos con fuerza, lastimándola y provocándole un gesto de dolor—. ¡¿Quién te dijo que te puedes comer mi fruta?!
—No era para mí… —Le dice ella intentando zafarse y mostrándole sus ojos llorosos porque en verdad le duele la manera en que la está tomando—. Pensé… que querrías llevártela o esta fruta se perderá.
—Al menos no eres tan tonta como creí que eras —Le dice soltándola con violencia y Daphne debe sujetarse de un tronco para no caer al suelo—. Ya te traeré algo para que metas todo. Mientras tanto, tienes que ayudarme a traer las cosas que vas a necesitar para plantar aquí… y te aseguro que un rosal no será una de ellas.
Magnus camina hacia la parte delantera de la cabaña y Daphne lo sigue silenciosamente, a ratos peleando con la cadena que se enreda en cualquier cosa.
Se acerca al auto de Magnus y este le entrega una caja en donde hay varias semillas y otras cosas que va a necesitar para cultivar. Sin esperar ninguna orden más, ella se gira y camina con la caja hasta el huerto.
Magnus aprieta los dientes porque aquella chiquilla es tan resignada, no pelea, no le pide nada, ni siquiera le ha suplicado por comida o agua. Aunque se imagina que los ha estado obteniendo de los árboles y de la única llave que funciona la casa, la ducha.
Mientras ella gira por el costado de la cabaña para dirigirse al huerto, él se mete dentro y comienza a revisar todo. En la vieja cocina consigue un par de canastas que sacude un poco y lleva hasta afuera para que ella pueda llenarlas con fruta. Las lanza los pies de Daphne y aquel gesto le molesta tanto la chica que lo mira enojada y le dice.
—Sé que tienes odio por mí, aunque en realidad no entiendo por qué, pero no creí que eso te hiciera un pedante, un absoluto patán.
—¿Me estás diciendo Patán? —Le dice acercándose a ella, aunque Daphne retrocede un paso, se para en toda su altura que no es demasiada y no deja de mirar fijamente a los ojos a Magnus.
—Sí… No creí que el odio te volviera alguien tan grosero, del caballero que me enamoró no queda nada. No tenías necesidad de lanzar aquellos canastos, con que los pusieras a un lado y me dijeras que quieres que los llene con fruta sería más que suficiente.
—No te sientas valiente muchachita porque en cualquier momento puedo llevarte a otro lugar y ponerte a trabajar peor.
—Hazlo… ponme a hacer lo que tú quieras, pero no vas a mermar mi espíritu porque sé muy bien lo que soy.
—Debes estar muy orgullosa de ser una mentirosa —sisea con molestia y ella solo niega incrédula de que sea tan necio.
—No sé qué es peor, si ser mentirosa o ciega… Lo único que sé es que yo no soy ninguna de las dos —Aquella es una indirecta muy directa que va para él. Sin embargo, Magnus no está dispuesto a echar pie atrás.
Daphne se agacha para recoger las canastas y camina con ellas para tomar toda la fruta que había recolectado y sacar otro poco más para llenar la siguiente. Sin quejarse de lo que pesan, las toma una con cada mano y las lleva hasta Magnus y se las entrega en las manos antes de arrodillarse nuevamente en el huerto y comenzar a trabajar.
Por supuesto que eso le molesta porque lo está ignorando monumentalmente, pero además le sorprende que haya cargado con las canastas sin quejarse por el peso.
—Esta tarde volveré para ver cuánto has avanzado y más te vale que estés despierta cuando yo venga —Le dice con los dientes apretados antes de perderse por una de las esquinas.
—Entonces te sugiero que vengas temprano, porque termino cansada, como comprenderás no estoy en mi luna de miel…
Se miran retadoramente y cuando Magnus desaparece, al fin ella deja escapar el aire que mantuvo en todo momento.
—Estás loca, Daphne… Si sigues hablándole así en cualquier momento te irá mucho peor.
No debe preocuparse de estar moviendo el vestido, ya que el día está nublado. Para lo que parece ser el mediodía, una fina llovizna comienza a caer y Daphne comienza a sentir frío, pero aun así no se detiene.
Termina de colocar todas las semillas que Magnus le ha llevado, recoge un poco de fruta y deja todo ordenado antes de meterse en la casa. Se quita el uniforme de trabajo, que está sucio y mojado, la ropa interior y hace lo mismo del día anterior.
Lava su ropa interior y la deja colgada en un lugar donde sabe que se secará. Para luego meterse a la ducha y quitarse un poco de suciedad. Evita mojarse el pelo, aunque tampoco es que deba hacerlo, la llovizna lo ha dejado empapado.
Cuando sale, desearía tanto tener algo caliente que comer. Va hasta la sala en donde comienza a preparar la chimenea, se coloca el saco de Magnus, que es lo único que tiene a mano para poder cubrirse y acerca la ropa para que ésta se vaya secando poco a poco con el calor.
Va hasta la cocina para buscar algo que le pueda servir y toma una olla, la llena con un poco de agua y mete la fruta dentro. Probablemente no será la comida más deliciosa del mundo, pero es mejor que comer algo frío, por lo que una improvisada sopa de frutas vendrá bastante bien.
Cuando está lo suficientemente blanda, saca la olla con mucho cuidado y espera que se enfríe un poco. Observa el fuego crepitar y se imagina a su padre, tal vez preocupado por ella esperando a que regrese. Pensar en él la hace llorar y muy pronto decide que no es bueno que lo haga o Magnus cumplirá con su objetivo.
Se bebe la improvisada comida y aunque no es del todo deliciosa, al menos algo es algo. Con los dedos va deshaciendo una de las manzanas y se la come, no es para nada delicioso, pero sigue pensando en que es mejor que no tener nada en el estómago.
Se acerca a su uniforme de trabajo y siente que aún le falta un poco por secarse, lo voltea y se acomoda en el suelo. No piensa esperar a que Magnus llegue, faltan aún algunas horas para que oscurezca y él no llegará hasta esa hora.
Y en efecto, varias horas después, cuando ya está anocheciendo, Magnus se baja y va a buscarla al huerto, se da cuenta que ha dejado todo listo y se mete a la casa. Cuando la ve dormida al lado de la chimenea, se molesta y se acerca para despertarla tomándola del brazo, pero nota dos cosas, la primera es que está completamente desnuda, cubierta solo con el saco de su traje y la segunda... que está ardiendo en fiebre.
***
*La Jardinera de Violeta Parra.