CAPÍTULO VIII

945 Words
Decisiones que pesan Las clases terminaron en la universidad. Los chicos se reunieron a la salida para irse a casa. Adrik se acercó a Sara por un momento para despedirse. —Hablamos más tarde… ¿te gustaría salir a hacer algo conmigo? —preguntó con una sonrisa suave. Sara asintió. —Sí, claro. Yo te aviso cuando tenga tiempo. Se besaron sutilmente, y luego ella subió al vehículo. Aron arrancó, mientras Marion ocupaba el asiento de copiloto. El ambiente era tranquilo, casi silencioso. Pero de pronto, Sara se soltó el cinturón y se inclinó hacia el centro, acercándose a ambos. —Chicos… les quiero contar algo. Marion se giró de inmediato, interesada. Aron la miró por el retrovisor. —Dime, te escuchamos. Sara suspiró profundamente. —¿No creen que Adrik… es una distracción para mí? Aron frunció ligeramente el ceño. —¿Por qué piensas eso? —No lo sé… —respondió ella—. Siempre quiere que salgamos, que vayamos a lugares, que nos alejemos de todo… y no me gusta eso. Hizo una pausa. —Ya le he explicado que tengo deberes importantes. Apenas tengo tiempo entre la universidad y mis funciones… y los fines de semana me gusta pasarlos con la familia. Marion asintió con suavidad. —¿Y por qué no lo invitas a integrarse más con nosotros? Sara negó con la cabeza. —Lo hago… pero siempre está ocupado. Miró a ambos con cierta frustración. —Ustedes dos tienen una relación funcional. Comparten tiempo en la universidad, pero cada uno cumple con sus responsabilidades… y los fines de semana estamos todos juntos. Eso me gusta. Aron y Marion intercambiaron una mirada. Aron fue el primero en responder. —Lo nuestro es distinto… ya lo sabes. El lazo que tenemos hace que nos necesitemos más. Sonrió levemente. —Pero tal vez él solo está muy enamorado… y quiere más tiempo contigo. Marion añadió con calma: —Y es tu primera relación, Sara. Hay cosas que ni nosotros entendemos todavía. La miró con seriedad. —Si sientes que quieres compartir más con él, hazlo… pero si no es así, es mejor que te alejes antes de que alguien salga herido. Sara se recostó en su asiento, pensativa. —Yo lo quiero… y me gusta —dijo finalmente—. Pero para mí mis funciones son importantes… y el tiempo con mi familia también. Guardó silencio unos segundos. —Si él no quiere hacer lo que ustedes hacen… aprovechar el tiempo juntos dentro de lo que tenemos… entonces no sé si quiero estar en una relación. Bajó la mirada. —Ni siquiera estaba en mis planes tener novio. Aunque… —sonrió levemente— sí me hacía ilusión encontrar mi destino, como les pasó a ustedes. Negó con suavidad. —Pero no lo sé… ni yo misma sé qué siento. Aron asintió. —Te entendemos. Solo recuerda que, decidas lo que decidas, siempre cuentas con nosotros. Sonrió con cariño. —Eres mi hermanita menor… y no quiero que sufras. Sara cruzó los brazos, mirándolo. —Tenemos la misma edad. Eres mayor por diez minutos. Aron soltó una risa. —Aun así, soy mayor. Salí primero. Los tres rieron. Luego Sara los miró con seriedad. —Esto queda entre nosotros. No le digan a mamá ni a Lilly. Marion y Aron intercambiaron una mirada cómplice. —Jamás lo haríamos —respondieron al mismo tiempo. El resto del camino transcurrió en silencio. Al llegar a la hacienda, el ambiente seguía tan activo como siempre. Mónica, Lilly y Diana continuaban con los preparativos de la boda, hablando entre ellas sin descanso. Neriam y Ángel estaban sentados cerca, observándolas, asintiendo de vez en cuando cuando eran incluidos en la conversación. Marco, con algunos bocadillos en la mano, sonreía divertido al verlos tan abrumados. Ronald sostenía al pequeño Gael en brazos, mientras Kael, con las piernas cruzadas, leía unos documentos acompañado de una taza de té. El ambiente era familiar. Cálido. Hermoso. Aunque ligeramente cargado por la tensión de los preparativos. De pronto, risas se escucharon en el pasillo. Voces conocidas. Sara, Aron y Marion aparecieron, entrando con energía. Marion corrió de inmediato hacia su padre. —¡Papi! Hola… pensé que hoy te quedarías hasta tarde en el trabajo. Kael dejó los documentos a un lado y la recibió con una sonrisa, acomodándola en sus piernas. —Traje algunas cosas para adelantar aquí —respondió—. Quería cenar con ustedes. Marion se acurrucó contra él sin preocuparse por nada más. Con él… siempre volvía a ser una niña. Lilly los observó con una sonrisa. —Te hace falta tu oficina, ¿cierto? Kael asintió ligeramente. —Un poco… pero creo que pronto volveremos a casa. Neriam lo miró, sorprendida. —¿Ya se quieren ir? Lilly suspiró con cierta tristeza. —La verdad… no. Pero ya llevamos más de tres meses aquí. No queremos incomodarlos. Marion bajó un poco la mirada. —Me harán mucha falta… Ángel miró a Neriam. Ella sostuvo su mirada. No hicieron falta palabras. Ambos pensaron lo mismo. Ángel habló primero. —¿Y si convierten esta residencia en su hogar permanente? Neriam asintió. —Así es. Podemos darles una de las alas de la hacienda. Este lugar es enorme… tendrían su propio espacio. Miró a Kael con una leve sonrisa. —Y seguiríamos siendo familia. Los ojos de Marion se iluminaron. Sara, aún de pie, llevó sus manos a la boca, emocionada. Aron, que se acercaba a sentarse, sonrió ampliamente. Porque, al final… había cosas que pesaban. Decisiones que no eran fáciles. Pero también había algo que siempre los mantenía unidos— el lugar al que todos querían regresar. Su hogar.
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