Preparativos de boda
Diana y Lilly también tomaron asiento.
Sara se sentó en un lugar estratégico… donde pudiera ver perfectamente las caras de Neriam y Ángel.
Y entonces—
comenzó el verdadero caos.
Preguntas.
Telas.
Colores.
Diseños.
Opciones interminables.
—¿Este tono o este?
—¿Encaje o seda?
—¿Más elegante o más clásico?
Sara, completamente divertida desde su asiento, observaba la escena con una sonrisa amplia, haciéndole señas burlonas a ambos cada vez que podía.
Neriam y Ángel estaban atrapados.
Y lo sabían.
De pronto, Ronald, Marco y Aron llegaron a la hacienda. Uno de los guardias les indicó dónde estaban todos, y cuando entraron al salón…
se quedaron en silencio.
Observando el desastre.
Marco silbó, impresionado.
—¿Qué es todo esto? ¿Se casan el rey y la reina?
Diana lo miró con total naturalidad.
—Prácticamente es así.
Lilly y Mónica asintieron sin dudarlo.
Mientras tanto, Neriam y Ángel simplemente se encogieron de hombros… resignados.
Marco soltó una risa y caminó hasta donde estaba Sara. Se dejó caer a su lado y pasó un brazo por encima de sus hombros.
—Creo que deberíamos compartir esta diversión… no la acapares para ti sola.
Sara apoyó su mano sobre la pierna de Marco, señalando el caos frente a ellos.
—No te preocupes… aquí hay diversión para ambos.
Y los dos rieron.
Ronald se sentó cerca, observando todo con una mezcla de diversión y curiosidad. Aron lo siguió, mirando alrededor con incredulidad.
—Si esto es así… yo no quiero casarme.
Ángel no tardó en responder, con total calma:
—Está bien. Se lo diré a Marion cuando la vea… a ver qué opina ella.
Aron abrió los ojos de golpe y negó rápidamente con las manos.
—¡Ni se te ocurra! Me mata.
Lilly, que no perdía detalle, intervino de inmediato:
—Y yo también.
Kael, que acababa de entrar, añadió con firmeza:
—Eres el futuro esposo de mi única princesa. Tu boda tiene que ser inolvidable… igual que la de Neriam.
Aron levantó las manos en rendición.
—Solo bromeaba, suegro… claro que le daré a su hija la mejor boda.
Diana asintió lentamente, mirándolo con una leve amenaza en los ojos.
—Eso espero.
Y, una vez más—
las risas llenaron el salón.
Ronald intervino entonces, curioso:
—¿A cuántas personas piensan invitar?
Neriam abrió la boca para responder, pero Mónica la interrumpió sin dudar:
—A todos los líderes principales del Norte y del Oeste… y a nuestros amigos más cercanos.
Neriam frunció ligeramente el ceño.
—Sí… pero que no se les pase la mano.
Diana la miró con calma.
—No serán más de los necesarios.
—Así es —añadió Lilly—. Serán los que deban ser.
Hizo una pausa, mirándolos a ambos con firmeza.
—Ya se los dije… esto no es cualquier cosa. Es la boda de ustedes dos.
Sonrió levemente.
—Y la celebración…
—Debe ser a la altura —dijeron Neriam y Ángel al mismo tiempo, interrumpiéndola.
El silencio duró apenas un segundo…
y luego—
todos estallaron en carcajadas.
El ambiente era ligero.
Familiar.
Vivo.
—Con todo lo que tenemos que hacer… se me había olvidado el almuerzo por completo —dijo Diana de pronto.
Lilly y Mónica asintieron de inmediato.
Mónica se puso de pie, tomando el control como siempre.
—Está bien, vamos a almorzar… pero en la tarde mínimo deben darnos una hora para continuar —añadió, señalando a Neriam y Ángel—. ¿Nos parece justo?
Marco y Sara rieron al mismo tiempo.
—Claro, claro… nos avisan a qué hora para hacer espacio en nuestra agenda y venir a presenciar el espectáculo —dijo Marco con diversión.
Las risas no tardaron en seguirlo.
Todos comenzaron a caminar hacia el comedor.
Al llegar, Mónica observó a Sara y a Marco unos pasos más atrás. Caminaban juntos, riendo, él con el brazo alrededor de su cuello, hablando como si nada más existiera a su alrededor.
Mónica sonrió con picardía.
—Ustedes dos son tal para cual… —comentó—. Creo que harían muy buena pareja.
Sara y Marco se detuvieron en seco.
Aún abrazados, se separaron de inmediato, haciendo una mueca de completa desaprobación.
—¡No! —dijo Sara, estremeciéndose—. Solo somos amigos. Además, recuerda que yo ya tengo novio.
Marco frunció el ceño, mirándola de lado.
—No sé si debo apoyar ese comentario… o sentirme ofendido.
Todos rieron.
Mónica no se rindió.
—Lo digo en serio. No es broma. Tienen el mismo sentido del humor retorcido… sueñan con una gran familia, una pareja… y ninguno de los dos ha encontrado su destino.
Ya sentados en la mesa, intercambiaron miradas.
Ángel fue el primero en reaccionar.
—No me imagino a Marco de cuñado… qué horror.
—¡Auch! —respondió Marco llevándose una mano al pecho—. Esos comentarios duelen. Además… Sara es muy joven.
—Así es —añadió Sara de inmediato—. Yo no pienso casarme con un ancianito.
Las carcajadas no se hicieron esperar.