Tifani se alejó un poco de ella, le decía que se estaba comportando de manera extraña, que lo que había pasado no era para tanto, también le decía que lo que pasó fue provocado por ella misma y exageraba las cosas, Vanesa se mantenía en silencio no queria que su amiga terminara por alejarse y ella se quedaría completamente sola.
Las semanas pasaron y un día en clases Vanesa quiso pasar al pizarrón para explicar un ejercicio de cálculo, pero no alcanzó a llegar, cayó al piso desmayada. Fue llevada a servicios médicos, dónde la enfermera le indicó visitar a su médico de confianza.
—Debe ser por qué estos días no he comido bien.
—Oye Vanesa, ¿cuándo fue tu última regla?
—No, no, se que lo que estás pensando, pero no eso no puede ser yo…—Hizo silencio.
—Si tienes relaciones con tu novio sin protección obvio que si puede pasar.
Vanesa negó con su cabeza y salió de allí, se fue directo a una farmacia, compró una prueba instantánea y se fue a su casa. Subió corriendo a la habitación y se encerró en el baño.
—No puedo estar… me tomé la píldora de emergencia así que no puede pasar.
Colocó la muestra de orina en el recipiente y al pasar un minuto estaban las dos rayitas rojas.
—No, no, no esto está equivocado no puede ser, debe haber algún error—exclamaba con lágrimas en los ojos.
A Vanesa no le quedó de otra que llamar a su amiga y pedirle otras pruebas, las cuales todas salieron positivo.
—Amiga no sé qué decirte, debiste cuidarte.
—Mierda Tifani, por qué me hablas como si nada… como si lo que pasó esa noche fue bajo mi consentimiento, abusaron de mi, alguien abusó de mí es que no lo entiendes, me drogaron y ese hombre se aprovecho de mi—grito Vanesa.
—No grites. Lo único que sé es que ahora estás embarazada.
—¿¡Qué!?
Un grito de furia lanzó Humberto quién había ingresado a la habitación.
—Eres la deshonra para esta familia, eres una mujer sucia e irresponsable, te vas de mi casa, ¡ya!
Vanesa no mostró ninguna reacción, tomó un bolso con algo de ropa y salió de allí rumbo al pequeño apartamento junto con Tifani.
—No quiero preocuparte amiga, pero quiero vender el departamento.
—Tifani, después hablamos de eso.
—Es que necesito el dinero, así que ya lo negocie.
Vanesa estaba harta de la actitud de Tifani, no la reconocía esa amiga dulce que siempre estuvo para ella, ahora se había convertido en alguien distante, sarcástica e indolente.
—Muy bien quieres vender, bueno yo te compro tu maldita parte, mañana mi abogado se pondrá en contacto contigo, listo¿ estás feliz Tifi?—los gritos retumbaron por todo el apartamento.
—No es necesario que grites. Y si está bien.
Las cosas parecían oscurecerse cada vez más para la pobre Vanesa que lo que hacía todo el día era llorar por qué no encontraba solución a tantos problemas.
Decidió llamar a Martina y preguntar cómo iba la solicitud de la herencia.
—Tu padre mete las manos en todo, envío a suspender por la deshonra familiar, ya no se que hacer Vanesa, ese hombre es… Lo único que se me ocurre es que llames al abogado y que sea él directamente quien te oriente.
Vanesa suspiró y asintió limpiándose las lágrimas, se había quedado sin dinero, por qué le pagó la otra parte del apartamento a su amiga. En la nevera le quedaba un trozo de pan, un tomate y una cebolla.
—¿Qué voy hacer? Mamá por favor ayúdame.
El timbre sonó y al abrir estaba el abogado.
—Dr Alfredo, adelante por favor.
El traía unas bolsas con comida y algunos víveres, Martina lo había llamado y le había pedido que le llevará esas cosas.
—Señorita Vanesa, quiero que sepas que estoy enterado de todo, la sra Martina me puso al día y déjeme decirle que cuenta con todo mi apoyo.
—Gracias, pero no tengo cómo pagarle.
—No se preocupe por eso, por ahora debemos solucionar este enredo, por qué Humberto quiere el dinero si o si, él quiere esa herencia.
—No se lo voy a permitir,eso me lo dejo mi madre—limpiando algunas lágrimas.
—Entonces preste mucha atención a lo que diré.
Alfredo sacó algunos documentos y comenzó a explicar a Vanesa todo sobre la herencia.
Ella no era la única que la estaba pasando mal, Anthuam había estado hospitalizado, las dosis de droga que colocaron en sus bebidas fueron muy altas, provocando casi una sobredosis.
Un video donde él estaba haciendo un striper en una de las mesas en la fiesta, ingiriendo licor como loco, peleando con los meseros, se coló por la internet, enfureciendo a su padre.
—Eres un completo inútil— gritaba el hombre aún en la habitación del hospital.
—Papá me drogaron—se defendió él sin ánimos.
—Si, y tú piensas que yo te voy a creer, si tú andas consumiendo esa porquería pues hazlo, pudrete la vida consumiendo eso, pero lejos de esta familia y sabes que olvídate de la herencia.
Antonio Lovaton salió de la habitación muy molesto, no se sentía orgulloso de su hijo.
Anthuam era un hombre muy inteligente y responsable, pero llevaba muy mala relación con su padre, trabajaban juntos él estaba optando para ser el CEO del corporativo Lovaton, pero estaba a punto de perder su puesto y su reputación por sus actuaciones y comportamientos pocos maduros e indecentes en público.
Al darlo de alta llegó a su apartamento, como siempre solo, colocó sus cosas en el sofá y se llevó las manos a la cabeza, recordaba lo que había pasado esa noche, pero no recordaba el rostro de la chica.
—Yo no lo quise hacer niñita, no era yo en ese momento— se sentó en el sofá y se recostó al espaldar con las manos en la cara—no quise hacerte daño.
Lo que pasó esa noche lo atormentaba cada día, se tomó unos días de descanso del corporativo para tratar de organizar sus ideas y sentimientos.
su teléfono suena, era Pandora.
—Hola guapo dime qué estás en el apartamento.
Anthuam se alegró y respondió con una enorme sonrisa.
—Si, estoy en mi apartamento.
¡Ring, ring! Sonó el timbre
—Abreme tonto
Anthuam abrió la puerta tan rápido, necesitaba ver a su chica. Ella lo esperaba con una enorme sonrisa y unos chocolates. La invitó a pasar y en seguida ella se le fue encima y lo besó.
— Te extrañe mucho cariño, supe lo de la fiesta.
—¿Y aún así viniste?
—Si, por qué no vendría,¿ pero en serio te drogaron?
—Si, lo hicieron, pero me las van a pagar ya verás.
—Bueno si ya te sientes mejor, podemos divertirnos nosotros, ¿te parece?
Aunque lo intentaron Anthuam no pudo concretar nada con Pandora. Los recuerdos de esa noche lo atormentaban de gran manera, podía escuchar las súplicas y los sollozos de la chica.
—Lo siento Pandi, creo que aún sigo débil por las sustancias en mi cuerpo,tal vez por eso mi amigo no reaccionó
—No te preocupes guapo, me conformo con sentir tu olor.
Esa noche Anthuam no durmió, aunque tenía a su mujerón a un lado y se sentía feliz, no lograba calmar sus pensamientos y recuerdos.